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Lo que esconde el cese de Tiana

Diego Francesch
Redactor jefe de Magisterio
31 de mayo de 2022
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El cese de Alejandro Tiana como secretario de Estado de Educación, aunque largamente anunciado, no ha dejado de sorprender a algunos. Desde hace tiempo sabíamos que Tiana no podía sobrevivir políticamente al relevo de Isabel Celaá ni a su ley educativa. La Lomloe, elaborada bajo el mandato de esta ministra, no gustaba a casi nadie, o quizá solo a ella. Su redacción respondía más a un compromiso de derogación de la Lomce que a la necesidad de aprobar una ley que, al final, obedecía al revanchismo propio de la izquierda y no aportaba grandes novedades a las leyes anteriores. Sánchez había prometido derogarla y ese compromiso había que cumplirlo. Para esa tarea qué mejor que contar con un técnico y un gestor experimentado como Tiana.

A lo largo de la tramitación de la Lomloe se sucedieron comparecencias parlamentarias, se contó con la opinión de todas cuantas organizaciones tenían algo que decir en Educación, sin que a la postre todas esas aportaciones, de uno y otro lado, quedasen satisfactoriamente plasmadas en la ley. Al intentar contentar a todos se consiguió lo contrario: no contentar a nadie.

Finalmente se alumbró una ley ideológica que no gustó ni al propio Tiana ni a su equipo, ni tampoco a la comunidad educativa, si se puede generalizar de ese modo. Del borrador inicial de la ley a lo que se publicó en el BOE hubo un gran salto y sus autores intelectuales no la reconocieron como propia. Nadie se quería responsabilizar de ese engendro. Ni la izquierda educativa (seguimos con las generalizaciones) ni por supuesto la educación conservadora quedaron satisfechas. Unos, porque la ley no era suficientemente radical en sus planteamientos reformistas; otros, porque la consideraron un agravio contra la libertad de Educación, por intervencionista y adoctrinadora.

Y a todo esto se produce el relevo de Celaá (agotada en una batalla que le produce un desgaste personal enorme) y la nueva ministra –Pilar Alegría– hereda un equipo y una ley que tampoco le gustan

Y a todo esto se produce el relevo de Celaá (agotada en una batalla que le produce un desgaste personal enorme) y la nueva ministra –Pilar Alegría– hereda un equipo y una ley que tampoco le gustan. Lo primero que se plantea, pues, es cesar al secretario de Estado (o lograr que este dimita), pero la decisión se demora por diferentes compromisos previos, la redacción de los currículos y decretos derivados de la Lomloe, etc. Entre tanto, el equipo de Tiana va sufriendo bajas. Ceses y sustituciones que no consiguen sino agravar el problema. El propio Tiana se plantea dimitir, pero le animan a seguir, no es el momento oportuno. No se encuentra un sustituto claro y su dimisión enviaría un mensaje contrario a los intereses de la reforma educativa socialista. Mientras, el retraso en el desarrollo de la ley y en su aplicación hace temer por la supervivencia de la propia reforma.

En este contexto, la ministra está incómoda intentando defender una ley que no comparte en sus fundamentos básicos ni en sus postulados más extremos. Además, ve que Tiana le hace sombra y ocupa un lugar preeminente en foros y encuentros internacionales. En la Cumbre Mundial de la Profesión Docente celebrada en Valencia, por ejemplo, la ministra apenas aparece, es Tiana quien preside las sesiones junto con los demás ministros. Además, la ley Celaá le causa problemas en el tú a tú con la comunidad educativa y crispa las sesiones parlamentarias y los debates políticos. Algunas comunidades objetan de facto a la ley y aprueban decretos contrarios a las decisiones más polémicas (repetición y promoción de curso, lagunas curriculares, elección de centro, adoctrinamiento, etc).

Por eso, el cese de Tiana no resuelve el problema, su sucesor deberá afrontar los mismos obstáculos que él o quizá mayores. Veremos cómo los afronta.

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Comentarios
  1. Jesús
    8 de julio de 2022 09:46

    Hace tres años tuve la suerte de escuchar a Alejandro Tiana durante un curso de verano que organizó la Universidad de Valencia en la ciudad de Gandía. A los asistentes nos causó muy buena impresión, por su predisposición al diálogo sosegado. Eso sí, afirmó que hoy en día es imposible un pacto educativo, pues las posiciones políticas e ideológicas están demasiado alejadas.