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DUA, por decreto

En educación estamos acostumbrados a que cada cierto tiempo aparezcan nuevas siglas, métodos presuntamente novedosos o innovadores planteamientos pedagógicos que prometen transformar la escuela, al tiempo que se hace una enmienda a la totalidad a todo lo que hasta entonces se hacía.
Miguel Ángel Tirado Ramos 2 de noviembre de 2022
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© Pict Rider

En esta ocasión, hay un hecho diferencial relevante que me ha impulsado a escribir esta breve reflexión: por primera vez el modelo prometedor viene por decreto. Es paradójico que el Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA) se prescriba en los reales decretos de enseñanzas mínimas de la educación básica que despliegan la LOMLOE justamente en el artículo que aborda la autonomía pedagógica. Es decir, se concede a las escuelas e institutos autonomía para lograr que todos los alumnos aprendan y progresen, pero se limita dicha autonomía a un modelo específico. Es pertinente, por tanto, preguntarse qué evidencias empíricas avalan que las políticas educativas hayan adoptado el DUA como la solución incuestionable a la inclusión educativa.

Vayamos al origen. El DUA es un marco creado por CAST (Center for Applied Special Technology), un centro de tecnologías aplicadas estadounidense ubicado cerca de Boston dedicado en sus inicios a diseñar herramientas y entornos informáticos flexibles para estudiantes con discapacidades. CAST presenta el DUA organizándolo en treinta y una directrices (checkpoints) categorizadas en nueve pautas que, a su vez, se agrupan en tres principios (https://udlguidelines.cast.org/). Lo que no aclara es qué combinación de todos estos elementos es necesaria y suficiente para que una práctica educativa sea DUA. Esta cuestión ni tan siquiera se especifica en los criterios establecidos en 2018 por un grupo de trabajo sobre la implementación e investigación del DUA, lo que, lógicamente, dificulta no solo su aplicación, sino la investigación sobre sus efectos. De hecho, es fácil confundir el DUA con otras prácticas educativas, puesto que gran parte de sus directrices coinciden con técnicas y estrategias que los docentes han utilizado (y utilizan) en una amplia variedad de metodologías (activar conocimientos previos, hacer correcciones de calidad, promover altas expectativas, etcétera). ¿Acaso estos docentes hacían DUA sin saberlo? En todo caso, ¿qué hace diferente al DUA respecto al resto de planteamientos? O dicho de otro modo, ¿qué hace que el DUA sea DUA (y no otra cosa)?

En primer lugar, con la aplicación de cada uno de sus tres principios, el DUA afirma activar unas redes neuronales concretas: de reconocimiento, estratégicas o afectivas, aunque no se aporte evidencia empírica alguna de dicha interconexión. Lo que sí que está demostrado es que el aprendizaje implica muchas regiones del cerebro conectadas entre ellas. Ciertamente, la neurociencia, de momento, nos puede indicar qué regiones cerebrales se activan cuando, por ejemplo, tocamos un instrumento musical, o qué cambios suceden en el cerebro tras esa práctica sostenida, pero de ahí no se puede inferir cuál es el método más eficaz para aprender a tocarlo. Está comprobado que una idea educativa sustentada en áreas cerebrales siempre goza de mayor credibilidad, ¿será esta la razón por la que asumimos el DUA sin cuestionarlo?

Está comprobado que una idea educativa sustentada en áreas cerebrales siempre goza de mayor credibilidad, ¿será esta la razón por la que asumimos el DUA sin cuestionarlo?

En segundo lugar, según el DUA, como cada alumno tiene una forma particular y única de aprender, el docente debe diseñar experiencias multimodales de implicación, de representación y de acción y expresión (los tres principios del DUA) para que cada estudiante escoja el modo que mejor se ajusta a sus preferencias, intereses, limitaciones o potencialidades. Se hace aquí evidente la similitud entre el DUA y la teoría de los estilos de aprendizaje, basada en la idea de que los estudiantes maximizan lo que aprenden cuando lo hacen utilizando su canal preferente. La hipótesis de que aprendemos mejor cuando la información que recibimos a través de nuestros sentidos es acorde con nuestro estilo de aprendizaje preferido (visual, auditivo, de lectura-escritura o cinestésico) ha sido ampliamente descartada por la investigación, aunque sigue siendo un neuromito de gran influencia. Aun cuando cada estudiante pueda tener sus preferencias, existe una diferencia relevante entre la forma en la que preferimos aprender y la que es más efectiva. Para el DUA, no se trata tanto de usar simultáneamente medios diversos para presentar la misma información (apoyar la exposición del docente con imágenes, por ejemplo), sino de tener disponible la misma información en múltiples formatos y medios para permitir que los alumnos elijan. No obstante, antes de prescribirse el DUA por decreto, ¿no debería demostrarse la suposición de que los alumnos aprenden más y mejor cuando son ellos los que escogen cómo acceder a la información, cómo procesarla y cómo expresar el resultado de su aprendizaje, de acuerdo con sus preferencias?

En tercer lugar, y llegados a este punto, ¿cómo puede el docente lograr tal diversificación de alternativas en el aula? Para conseguirlo, el DUA hace una apuesta clara y necesaria por el uso de las TIC como medio de aprendizaje, sin matices de edad, de etapa educativa o de objetivo. Este uso masivo de la tecnología como medio de aprendizaje ignora que el medio (pantalla o papel) condiciona el proceso de cognición, comprensión y retención, por lo que el intercambio indiscriminado de materiales impresos por las tecnologías digitales no solo no es indiferente, sino que puede retrasar el desarrollo de la comprensión lectora y de las habilidades de pensamiento crítico, especialmente en educación primaria. En todo caso, ¿no debería ser el docente quien decida cuándo, cómo y (sobre todo) para qué utiliza la tecnología en el aula, más que encontrarse condicionado a usar los medios digitales para hacer viable el DUA?

Para finalizar, pongamos de relieve dos certezas ampliamente contrastadas y aceptadas: (1) que somos más semejantes que diferentes en la forma de aprender, contrariamente a lo que plantea el DUA, y (2) que aprendemos a partir de lo que ya sabemos. En consecuencia, si tanto los intereses como los conocimientos previos de cada estudiante vienen marcados por su contexto social, económico y cultural, un aprendizaje personalizado como pretende el DUA ¿no podría incrementar (en contra de su propósito) las desigualdades iniciales y los retrasos de partida de los alumnos más vulnerables? Es evidente que no son los mismos intereses, conocimientos previos y vocabulario los de una niña de un entorno rico (al menos culturalmente) que los de un niño de un entorno pobre. La verdadera inclusión consiste justamente en dar oportunidades de conocimiento relevante y, por tanto, de progreso y de cultura para todos, con independencia de ese entorno. ¿No es este el fin más importante de la escuela? ¿Se debe restringir por decreto el camino para alcanzarlo?

Miguel Ángel Tirado Ramos es inspector de Educación de Baleares

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Comentarios
  1. Xavier Massó Aguadé
    3 de noviembre de 2022 06:58

    ¡Enhorabuena por el artículo!

  2. Joan J. Roig
    3 de noviembre de 2022 21:11

    Veritats com a punys. Enhorabona per l’article.

  3. GMA
    5 de noviembre de 2022 08:05

    Justo en la diana.
    Enhorabuena!

  4. Roberto
    14 de noviembre de 2022 15:07

    Siempre brillante en tus reflexiones. Enhorabuena