El abandono escolar temprano baja hasta el 12,8% en 2025, según la EPA
El abandono educativo temprano descendió el pasado año al 12,8%, 0,2 puntos porcentuales menos que en 2024, lo que supone la confirmación de la tendencia a la baja y el dato anual más bajo de la serie histórica. Además, si se comparan los datos con los de 2015, cuando el abandono se situó en el 20%, se ha producido una bajada de 7,2 puntos, según se desprende de los datos de la Encuesta de Población Activa, publicados este martes. Con estos datos, se reduce a 3,4 puntos la distancia respecto a la media de la Unión Europea (9,4% en 2024). En 2015, era de 9 puntos.
El abandono temprano es el porcentaje de personas de 18 a 24 años que no ha completado la educación secundaria de segunda etapa (FP de Grado Medio, Básica o Bachillerato) y que no seguía ningún tipo de formación en las cuatro semanas anteriores a la recogida de los datos. El pasado año, esta tasa se situó en el 13%.
Por sexos, en 2025 la diferencia entre el abandono de los hombres (15,9%) y el de las mujeres (9,5%) fue muy significativa: 6,4 puntos porcentuales. En el caso de los varones, aumentó en 0,2 puntos respecto a 2024, y en el de las mujeres continuó su descenso, esta vez en -0,5 puntos. Hace 10 años, en 2015, la diferencia entre ambos sexos era de 8,2 puntos.
La población entre 20 y 24 años que alcanzó al menos el nivel de segunda etapa de la educación secundaria se situó en 2025 en el 80,4%, lo que supone 11,9 puntos más que en 2015 (68,5%) y 0,5 puntos más que en 2024. Comparado con la media europea, en 2015 el dato de España se situaba 11,9 puntos por debajo, mientras que en 2025 se ha reducido a 4,7, teniendo en cuenta el último dato de media europea disponible, del 85,1% en 2024.
Como sucede con el indicador de abandono, la diferencia entre sexos en este caso es muy significativa, siendo en 2025 el porcentaje de mujeres de 20 a 24 años que completaron al menos la segunda etapa de educación secundaria del 85,1%, 9,1 puntos porcentuales más que los hombres (76,0%).
Además, el 52,5% de la población de 25-34 años alcanzó el nivel de educación superior, -0,1 puntos porcentuales respecto a 2024, situándose por encima de la media europea de 2024 (44,1%). Destaca el porcentaje de las mujeres, 58,7%, que supera claramente al de los hombres, 46,6%, siendo 12,1 puntos superior.
En los últimos años, el Ministerio ha llevado a cabo distintas iniciativas para reducir la tasa de abandono temprano de la educación, uno de los objetivos del Gobierno. Además de la puesta en marcha de programas para la atención del alumnado con más dificultades como PROA+, en el que se han invertido 360 millones de euros, la transformación de la Formación Profesional ha supuesto una nueva ventana para los jóvenes hacia empleos de calidad y bien remunerados, lo que fomenta su permanencia en el sistema educativo.
Según el investigador de Funcas Ismael Sanz, «el abandono escolar continúa siendo un fenómeno profundamente desigual desde el punto de vista social». La probabilidad de abandono es «mucho mayor cuando la madre solo ha completado la primaria frente a aquellos jóvenes cuyas madres cuentan con estudios superiores». Asimismo, «los varones y los jóvenes de origen inmigrante presentan tasas de abandono significativamente más elevadas, lo que refleja la persistencia de brechas educativas asociadas al origen socioeconómico y al género».
«Las consecuencias del abandono escolar –dice Sanz– trascienden el ámbito educativo y tienen un impacto económico y social relevante. Los jóvenes que no completan la secundaria superior presentan mayores tasas de desempleo, menor estabilidad laboral, menores ingresos a lo largo de su vida y un mayor riesgo de exclusión social». A nivel agregado, el abandono educativo temprano «se asocia con menor crecimiento económico, menor recaudación fiscal y mayor gasto social, además de peores resultados en salud y participación social», añade el investigador.
Según Sanz, «la dificultad para reducir la tasa de abandono por debajo del umbral del 12% sugiere que las políticas aplicadas hasta ahora, aunque efectivas, resultan insuficientes para abordar los factores más persistentes del fenómeno». Por ello, Funcas subraya la necesidad de una «estrategia integral, que combine medidas educativas, sociales y laborales». «El esfuerzo coordinado entre centros educativos, familias y administraciones públicas será clave para consolidar la tendencia descendente observada en los últimos años y acercar a España al objetivo europeo», añade.





