Incluir la asignatura de negocios en un proyecto educativo

Rosana García
Profesora de Economía, Empresa y Emprendimiento del Colegio Europeo de Madrid
19 de enero de 2026
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Es evidente que, dentro de un proyecto educativo, pensar en la preparación de los alumnos para el futuro real y práctico que les espera es esencial, y más en una sociedad como la actual, donde el mercado laboral es cada vez más competitivo. Los sistemas educativos ya no pueden ofrecer solo conocimientos teóricos, sino que es primordial que ofrezcan también herramientas para comprender el entorno económico, social y profesional en el que se desarrollará la vida adulta de los estudiantes.

Por ello, además de la formación en idiomas, que juega un papel fundamental en la demanda laboral, apostar por asignaturas basadas en emprendimiento, empresas y negocios, es realmente importante. Incorporar este tipo de asignaturas en un modelo educativo no tiene como único objetivo formar a futuros emprendedores, sino que permitirá a los propios estudiantes desarrollar su pensamiento crítico y competencias transversales, y convertirse en ciudadanos responsables, a corto y largo plazo.

Estas asignaturas, que normalmente se cursan en la etapa de bachillerato y se ofrecen como optativas, suelen abordarse desde metodologías activas basadas en proyectos de aprendizaje autónomo, autorregulados, colaborativos y de duración anual. De este modo, los alumnos trabajan en equipos estables durante todo el curso, lo que favorece el compañerismo, el compromiso y la responsabilidad compartida. Además, cada uno de ellos tiene la oportunidad de reflexionar sobre su propio desempeño, analizando aspectos como la aportación de ideas, el compromiso adquirido, la empatía o la escucha. Ahora bien, ¿cuáles son realmente sus principales beneficios?

Sin duda, con este tipo de apuestas educativas se potencia el pensamiento crítico y la mejora de toma de decisiones, así como la ejecución de resolución de problemas reales. Gracias a ellas, también se pone en valor el trabajo en equipo y se puede experimentar, de forma real, el liderazgo, construyendo así un aprendizaje mucho más completo y significativo. Asimismo, estas asignaturas permiten a los alumnos coordinarse entre ellos, aprender a negociar, consensuar decisiones y asumir distintos roles dentro de un grupo, potenciando sus habilidades sociales, clave en cualquier ámbito profesional.

Para desarrollar estas propuestas educativas, en muchos colegios se plantea a los estudiantes trabajar sus propias ideas a través de miniempresas (en las que el producto es real y gestionan dinero físico), y/o en un simulador empresarial, es decir, una plataforma externa a partir de la cual los alumnos han de desarrollar, simuladamente, un plan de negocio. En uno y otro caso, se abren espacios durante el curso para abordar algunos temas macroeconómicos que permiten entender mejor los contextos en los que se mueven las empresas, cubriendo así distintos aspectos curriculares. De este modo, basar el aprendizaje en proyectos prácticos no solo motiva a los alumnos, sino que, además, les ofrece la oportunidad de establecer una conexión directa entre lo que se aprende y su práctica, consiguiendo una mayor implicación y un mayor sentido del aprendizaje.

Por otro lado, al apostar por una educación empresarial temprana, también se apuesta por el conocimiento y gestión de las finanzas personales (presupuestos, ahorro, inversión y riesgos), lo que permite evitar una relación pasiva o confusa con la economía, fomentando así la responsabilidad sobre la misma.

Por supuesto, y más allá de la visión empresarial, con proyectos educativos como éste se brinda a los estudiantes la oportunidad de desarrollar una mentalidad emprendedora, ampliando la capacidad de desarrollar ideas, confiar en uno mismo y asumir responsabilidades.

Por tanto, es más que evidente que este tipo de iniciativas en el sistema educativo están llenas de ventajas para los estudiantes, que serán los trabajadores y emprendedores del futuro. La flexibilidad, adaptabilidad y mentalidad de aprendizaje continuo que aportan, los prepararán para el mercado laboral cambiante al que nos enfrentamos actualmente. No estamos hablando únicamente de una asignatura, sino de una inversión educativa que beneficia a los alumnos actuales y construye profesionales y ciudadanos mucho más capacitados y preparados de cara al mañana.

En conclusión, la educación empresarial en la etapa escolar no solo forma a futuros empresarios, pues seguramente muchos de los alumnos que la vivan no vayan a serlo: sobre todo, forma a personas capaces de comprender mucho mejor su entorno y de mejorar el mundo en el que viven.

Rosana García, profesora de Economía, Empresa y Emprendimiento del Colegio Europeo de Madrid.

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