Montserrat Gomendio: "La educación española sufre por falta de exigencia y exceso de ideología"

La rectora de la Universidad Nebrija y exsecretaria de Estado de Educación defiende en el podcast La charleta educativa la necesidad de basar las reformas en evidencias y no en ideologías, y alerta sobre la desigualdad y el abandono escolar.
José Mª de MoyaMiércoles, 21 de enero de 2026
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Montserrat Gomendio visitó la redacción de Magisterio como invitada del podcast La charleta educativa y lo hizo con el tono sereno y reflexivo que la caracteriza. La actual rectora de la Universidad Nebrija y exsecretaria de Estado de Educación (2012-2015) repasó la política educativa española, los desafíos de las universidades y la necesidad de un debate menos ideologizado y más sustentado en la evidencia empírica.

“Por el bien de todos, la ministra debería mirar la evidencia, sobre todo la procedente de las comparativas internacionales, donde España queda en una posición bastante mala”, apuntó Gomendio en relación al reciente nombramiento de Milagros Tolón como ministra de Educación. Su intervención arrancó con una llamada a un diagnóstico objetivo de los problemas del sistema: “Nos va mucho en ello”.

“No entré en política, entré en educación”

Gomendio reivindicó su perfil técnico y su paso temporal por la política. “Nunca me interesó hacer carrera política”, explicó, recordando que su entrada en el Ministerio fue “por compromiso con la mejora del sistema educativo”. Subrayó que su experiencia le permitió comprobar “la distancia entre los debates políticos y la realidad del aula”.

Esa distancia, según afirma, también se refleja en la regulación actual del sistema universitario. Sobre el real decreto impulsado por el Gobierno para establecer nuevos criterios de calidad, Gomendio fue tajante: “Es un decreto que no tiene prácticamente medidas de mejora de la calidad; lo que hace es poner barreras a las universidades privadas para que no sigan creciendo”. Lamentó expresiones “tan desafortunadas” como la de los “chiringuitos universitarios”, pronunciada por el presidente Sánchez en una rueda de prensa.

“No todas las universidades deben hacer investigación”

Desde su experiencia en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Gomendio defendió diferenciar universidades según su misión: “No creo que todas las universidades deban hacer investigación. Es mejor concentrar los recursos en aquellas con suficiente masa crítica y calidad, y dejar que otras se centren en la docencia”. Esa estructura, explicó, es habitual “en el modelo anglosajón y en muchos países europeos”.

Sobre el crecimiento de las universidades privadas, la rectora de Nebrija fue clara: “No me parece un problema que el Gobierno deba tratar de controlar. Es una consecuencia de que las familias no encuentran lo que buscan en la universidad pública”. Añadió que el auge de la privada “evidencia un fallo del sistema público que debería resolverse desde dentro”.

Formación profesional y equidad

Durante su etapa en el Ministerio, Gomendio impulsó la modernización de la Formación Profesional, objetivo que fue duramente criticado. “Nos acusaron de desviar a los estudiantes desfavorecidos fuera de la universidad, pero los hechos demostraron lo contrario”, recordó. “El abandono educativo temprano era del 30% y el desempleo juvenil del 50%. Hoy el abandono ronda el 10%, aunque sigue siendo demasiado alto”.

Para Gomendio, ese dato desmonta la idea de que la educación española sea un modelo de equidad. “No se puede definir como equitativo un sistema que dejaba al 30% de los alumnos sin los conocimientos mínimos para insertarse en la sociedad”, subrayó. Además, alertó del “engaño” que supone la inflación de notas: “Tenemos los peores resultados de la historia en PISA y las notas escolares más altas; eso crea una falsa sensación de éxito”.

La lucha entre ideología y evidencia

Gomendio lamentó que “el debate educativo en España sigue siendo profundamente ideológico”. En su opinión, “la izquierda considera la educación su territorio” y esa visión impide el consenso: “Desde la Transición, casi todas las leyes educativas las ha aprobado el Partido Socialista. Cuando entramos al Ministerio, el mensaje fue claro: ‘Si tocáis la ley, ni agua’”.

Ante esta polarización, reclamó una política educativa sustentada en datos: “Para llegar a acuerdos, primero hay que poner por encima de todo los intereses de los alumnos, no los de los actores del sistema educativo”. En esa línea defendió las políticas basadas en evidencia: “No basta con decirlo; hay que hacerlo de verdad, analizar los datos y ver qué ha funcionado en otros países”.

Pisa, la evidencia y el papel de la OCDE

Tras su paso por la OCDE, donde dirigió el área de educación, Gomendio se mostró crítica con el rumbo del organismo. “PISA genera datos de enorme valor, pero algunas de las conclusiones que se derivan no son sólidas”, advirtió. Considera que el programa internacional “ha dado prioridad al impacto mediático sobre el impacto real en la mejora de los sistemas educativos”.

Aun así, defendió la importancia de los datos objetivos: “Prefiero un dato imperfecto a ninguno. Los resultados de PISA siguen siendo una referencia indispensable, aunque hay que interpretarlos con rigor”.

“Invertimos más, pero no mejoramos”

Gomendio situó a España en una paradoja: “Tenemos una de las tasas de acceso a la universidad más altas de Europa, pero los egresados muestran conocimientos similares a los estudiantes de secundaria de países como Japón u Holanda”. En su opinión, el país ha “invertido mucho en inputs, pero poco en resultados”.

Esta disonancia, explicó, se traduce en un “mercado laboral sobrecualificado en títulos, pero no en competencias”. “Tenemos muchos universitarios en trabajos que no requieren título, pero sus niveles de conocimiento se ajustan exactamente a lo que esos empleos exigen”, señaló.

El reto pendiente del pacto educativo

Pese a su experiencia, no se mostró optimista respecto a un pacto de Estado: “Ojalá fuese posible, pero mientras no se prioricen los intereses de los alumnos y la evidencia, será inviable”. Gomendio concluyó con una idea que resume su pensamiento: “España necesita políticas educativas basadas en evidencia, no en dogmas. Solo así podremos aspirar a mejorar”.

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