Sara Ortega: “Los niños con TDAH son supervivientes con un optimismo natural fascinante”

Sara Ortega, directora técnica de la Fundación CADAH, analiza en el pódcast La charleta educativa las claves del TDAH, su diagnóstico, tratamiento y el papel esencial de los docentes y las familias.
José Mª de MoyaMiércoles, 28 de enero de 2026
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La directora técnica de la Fundación CADAH, Sara Ortega, repasó en una entrevista para el pódcast La charleta educativa las complejidades del trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), sus síntomas, los errores más frecuentes en el diagnóstico y las estrategias de acompañamiento educativo y familiar. “No desaparece, te va a acompañar toda la vida”, explicó. “Pero la condición se puede estabilizar y una persona puede recuperar un nivel de funcionalidad pleno”.

Según Ortega, el TDAH es un patrón más complejo de lo que tradicionalmente se ha descrito. “Solemos reducirlo a hiperactividad, déficit de atención e impulsividad, pero también incluye la dificultad para regular las emociones”. A este cuarto síntoma lo denomina “disregulación emocional”, una afectación “orgánica y neurológica” que explica por qué muchos niños presentan problemas de autoestima o de relación con su entorno.

El diagnóstico: ningún test lo resuelve solo

Para la directora técnica de CADAH, el diagnóstico del TDAH requiere una mirada amplia: “No existe una prueba infalible”. Subrayó que “la evaluación debe ser muy exhaustiva” e incluir una valoración neuropsicológica, el análisis del entorno familiar y escolar, así como la historia del desarrollo y el estado emocional del niño. “El comportamiento observable es la combinación de múltiples factores, y el TDAH es solo uno de ellos”.

Ortega insistió en la importancia de realizar un diagnóstico diferencial, capaz de distinguir el TDAH de otras condiciones que pueden coexistir, como la dislexia. “Hay que poner todas las hipótesis sobre la mesa y descartarlas una a una”, apuntó. En su experiencia, las incoherencias entre los cuestionarios de casa y del colegio son frecuentes “porque el mismo niño no se comporta igual en el aula que en casa”.

Recomendaciones a las familias

Cuando ya existe un diagnóstico, los padres deben aplicar estrategias que equilibren apoyo y autonomía. “Hay que intervenir sobre lo anímico si hay un problema, supervisar, pero siempre fomentando la autonomía”. Ortega aboga por “despejarles el camino” para que se centren en sus objetivos y aprendan a gestionar tiempo, espacio y responsabilidades. “No se puede ser excesivamente intervencionista; de lo contrario, se fomenta la dependencia ejecutiva y emocional”.

Asegura que el papel de las familias es decisivo para que el menor con TDAH encuentre su lugar: “La motivación es muy importante; aquello a lo que se dediquen debe conectar con sus intereses”. También advierte que los daños a nivel de autoestima e identidad suelen requerir abordaje terapéutico profesional, dado que “durante años el TDAH ha sido anímicamente lesivo”.

El TDAH es crónico, pero no condena

Ortega recuerda que se nace con una predisposición neurológica, pero que el trastorno solo se diagnostica “cuando esa condición tiene un impacto clínicamente significativo”. Destaca el papel de los factores protectores: inteligencia, habilidades sociales o capacidad de adaptación. “Un niño muy inteligente puede compensar su desorganización gracias a su sociabilidad, pero cuando llega a secundaria y aumenta la exigencia, ya no puede compensar y aparece el estrés”.

El fracaso escolar y el rechazo social son, para la experta, señales de alerta contundentes. “Ahí ya no se puede esperar; hay que intervenir”. Aun así, considera que quienes viven con TDAH desarrollan una resiliencia notable: “Son supervivientes. Han sufrido y aguantado tanto que a mí me resulta fascinante su optimismo natural”.

El debate sobre la medicación

Preguntada por el uso de fármacos, Ortega fue tajante: “Sí, estamos sobremedicando”. A su juicio, “la medicación suple la falta de intervención no farmacológica”. Reconoce que, con una atención ideal —que combinase psicología, psicopedagogía y padres bien formados—, muchos casos podrían tratarse con menos fármacos o con dosis más bajas. “El tiempo apremia, el currículum sigue corriendo y no se puede perder tiempo, por eso se recurre tanto a la medicación”.

Sobre la aparente mayor incidencia del TDAH, matiza: “No hay más TDAH que antes, pero sí más sensibilidad para detectarlo”. Considera que “las personas normativas cada vez se parecen más a las personas con TDAH”, debido a la sobreestimulación generada por las pantallas y el ritmo de vida actual. “Estamos entrenando al cerebro para que esté siempre activo. De repente, la calma nos resulta extraña”.

Formación docente, clave del cambio

Ortega defiende la educación y la formación del profesorado como vía para transformar la comprensión del TDAH. “En consulta te das cuenta de que cambiar casos uno a uno se queda corto. La única forma expansiva de cambiar las cosas es la formación a docentes”. En su programa de la Fundación CADAH inciden “en la vivencia interna del TDAH, en cómo se siente un alumno que quiere hacer las cosas bien, pero no puede”.

Su mirada humanista reivindica la empatía del profesorado ante estos estudiantes. “Es muy frustrante sentir que algo pilota tu mente en contra de tu voluntad”, subrayó. Por eso, insiste en que el docente necesita comprender los aspectos identitarios y emocionales del TDAH para acompañar a su alumnado con verdadero impacto.

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