La educación atraviesa fronteras étnicas: los programas que están cambiando el futuro del alumnado gitano
La equidad educativa no depende únicamente del esfuerzo individual o del acompañamiento puntual, sino de políticas públicas amplias, sostenidas y dirigidas a eliminar barreras desde edades tempranas.
La Fundación Secretariado Gitano (FSG) ha presentado los resultados de sus programas educativos correspondientes al curso 2024–2025 con una doble lectura: por un lado, miles de estudiantes gitanos mejoran su rendimiento, titulan y continúan estudios; por otro, la brecha estructural sigue siendo profunda y exige políticas públicas más ambiciosas y sostenidas.
Durante el último curso, los programas Promociona, PromocionaT y Promociona+ acompañaron a 5.840 estudiantes en 65 localidades.
Las cifras no son menores. Pero más allá del volumen, lo relevante es lo que indican: cuando existen medidas específicas, seguimiento individualizado y coordinación con los centros, el éxito educativo deja de ser una excepción.
Del refuerzo al título: el efecto ‘Promociona’
El programa Promociona, centrado en la titulación en ESO del alumnado gitano, atendió a 1.854 estudiantes en 51 localidades, coordinándose con 612 centros educativos y desarrollando más de 100 Aulas Promociona.
Los resultados son contundentes: en Primaria, el 97% del alumnado supera el curso y el 58% lo hace con todas las asignaturas aprobadas; en ESO y FP Básica, el 78% promociona y el 48% aprueba todo. Pero el dato clave es la titulación: el 84% del alumnado logra el título de ESO y el 91% continúa estudios postobligatorios.
Desde 2008 a 2009, más de 2.400 jóvenes han obtenido el título de ESO gracias al programa. En un contexto en el que la titulación sigue siendo el principal filtro de acceso a oportunidades formativas y laborales, este dato adquiere una dimensión estructural.
Prevenir antes que reparar
Si Promociona actúa sobre la meta —titular—, PromocionaT interviene antes de que el sistema expulse. En el último curso acompañó a más de 3.300 estudiantes en 60 localidades, organizó 278 grupos de refuerzo y llegó a una de cada tres familias mediante orientación individual.
En Primaria, el 94% del alumnado supera el curso y el 93% del estudiantado de sexto pasa a la ESO. En Secundaria, el 72% promociona. Aunque no es su objetivo principal, 74 estudiantes lograron titular en ESO.
Más allá de las cifras, el programa introduce un elemento estratégico: la capacitación en competencias digitales como parte prioritaria de la intervención. En un sistema educativo cada vez más digitalizado, la brecha tecnológica puede convertirse en una nueva forma de exclusión si no se aborda de manera temprana.
Llegar a la universidad para permanecer
El tercer escalón es Promociona+, centrado en la continuidad en estudios postobligatorios mediante becas, orientación y acompañamiento académico. En el curso 2024–2025 apoyó a 652 estudiantes en 54 localidades.
El perfil formativo es diverso: 41% en Grado Medio, 20% en Bachillerato, 17% en Grado Superior, 19% en estudios universitarios y un 2% en posgrado o doctorado. La tasa de titulación alcanza el 75% en estudios postobligatorios y el abandono se sitúa en un 5%.
Estas cifras contrastan con los datos estructurales que la propia fundación recuerda: la esperanza de vida escolar del alumnado gitano es de 12,2 años frente a los 18,7 del conjunto del alumnado. La tasa de titulación en ESO apenas alcanza el 37,6% frente al 96% general, y el abandono escolar temprano llega al 86% frente al 13,3%.
El contraste es evidente: cuando hay intervención específica, los resultados se disparan; cuando no, la desigualdad se perpetúa.
La historia detrás de los porcentajes
Las estadísticas cobran sentido en trayectorias concretas. Luisa García, 16 años, de Jerez de la Frontera, es alumna de 1º de Bachillerato. Participa en Promociona desde 5º de Primaria y el pasado curso obtuvo el título de ESO.
Desde su centro le sugerían un Ciclo Formativo de Grado Medio, pero ella aspiraba a Bachillerato, aunque dudaba de su capacidad. El trabajo de orientación —con ella y con su familia— fue determinante.
“Lo que hablaba con mi orientadora educativa, Nazaret, me ayudó a organizarme, a estar tranquila, a creer en mí misma y no conformarme”, explica Luisa. Su testimonio sintetiza el núcleo del programa: elevar expectativas, sostenerlas y convertirlas en itinerarios reales.
Más allá del programa: el reto de las políticas públicas
La fundación subraya que, pese a los avances, uno de cada tres estudiantes gitanos está escolarizado en centros segregados y el 28,3% cursa Formación Profesional Básica, frente al 8% del alumnado general.
La lectura es clara: los programas funcionan, pero no pueden suplir por sí solos déficits estructurales. La equidad educativa no depende únicamente del esfuerzo individual o del acompañamiento puntual, sino de políticas públicas amplias, sostenidas y dirigidas a eliminar barreras desde edades tempranas.
La educación se presenta, así como un espacio de disputa: entre la reproducción de la desigualdad y la posibilidad real de transformación. Los datos de la FSG muestran que el cambio es posible. La pregunta es si el sistema educativo en su conjunto está dispuesto a asumir ese reto como propio.




