Lo que una niña ve, lo que una niña sueña
El Día Internacional de la Niña y la Ciencia nos brinda una oportunidad para reflexionar sobre el impacto de nuestras acciones como sociedad y, especialmente, como comunidad educativa. © MART PRODUCTION / PEXELS
La curiosidad no es lo que falta. Desde pequeñas, las niñas muestran curiosidad por entender el mundo y hallar respuestas. Sin embargo, esa curiosidad necesita un ecosistema que la acompañe y la refuerce. Cuando no encuentran referentes femeninos en la ciencia y la tecnología, o cuando estos ámbitos se presentan de forma lejana o estereotipada, sus posibilidades empiezan a estrecharse sin que apenas se den cuenta.
En el ámbito científico y tecnológico, esta ausencia sigue siendo evidente. Este relato ha calado en la sociedad y, en consecuencia, en las aulas. No es una cuestión de intereses o habilidades, sino de percepción. Si una niña no observa a mujeres programando, investigando, innovando y liderando proyectos tecnológicos, puede asimilar, incluso de forma inconsciente, que esos caminos no son para ella.
Es aquí donde la educación juega un rol crucial. Los centros educativos no solo transmiten conocimientos, también moldean expectativas, despiertan vocaciones y amplían horizontes. Educar significa brindar oportunidades, abrir puertas y guiar a cada estudiante en la búsqueda de su talento sin prejuicios ni restricciones.
La formación práctica es especialmente valiosa en este sentido. Cuando las niñas tienen la posibilidad de experimentar la ciencia y la tecnología de forma activa, en talleres, laboratorios o proyectos aplicados, descubren que no son disciplinas abstractas
La formación práctica es especialmente valiosa en este sentido. Cuando las niñas tienen la posibilidad de experimentar la ciencia y la tecnología de forma activa, en talleres, laboratorios o proyectos aplicados, descubren que no son disciplinas abstractas, sino herramientas reales para crear, resolver problemas y transformar la sociedad. En estos espacios, muchas jóvenes se dan cuenta de que pueden formar parte de ese mundo y aportar su propia mirada.
Igualmente importante es visibilizar a mujeres que ya están desarrollando su carrera en ámbitos STEM: profesoras, investigadoras, ingenieras, técnicas, profesionales y exalumnas. No como casos excepcionales, sino como referentes cotidianos. Normalizar su presencia contribuye a derribar estereotipos y a generar confianza en las nuevas generaciones.
El Día Internacional de la Niña y la Ciencia nos brinda una oportunidad para reflexionar sobre el impacto de nuestras acciones como sociedad y, especialmente, como comunidad educativa. Las vocaciones no se imponen, pero sí se cultivan. Y la manera en que enseñamos, acompañamos y mostramos el mundo influye directamente en las decisiones que tomarán las futuras generaciones.
Si queremos más mujeres en la ciencia y la tecnología, debemos empezar por garantizar que las niñas crezcan en entornos donde puedan imaginarse en estos campos. Porque para elegir un camino, primero hay que saber que existe. Y esa tarea empieza, en gran medida, en la educación.
Virginia Argelèt, directora general, cofundadora de ILERNA e ingeniera informática.
