Luz Rello y la dislexia: pautas clave para docentes y familias

La investigadora Luz Rello, referente internacional en el estudio de la dislexia, ofrece en el pódcast 'La charleta educativa' claves para detectar y apoyar mejor a los estudiantes con esta dificultad de aprendizaje, desmontando mitos y resaltando la importancia de la intervención temprana y del apoyo emocional.
José Mª de MoyaJueves, 5 de febrero de 2026
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Luz Rello, fundadora de Change Dyslexia, quiso comenzar la conversación subrayando la urgencia de superar viejos mitos a la hora de identificar la dislexia y animando a docentes y familias a fijarse en signos específicos y persistentes, como dificultades y lentitud en la lectura, tendencia a descomponer palabras en sílabas o errores frecuentes en la lectura y escritura. «Es fundamental que los profesores y los padres sepan qué señales observar, porque muchas veces lo que parece despiste es una pista de dislexia», indicó.

Estas señales pueden pasar desapercibidas en un primer momento o confundirse con falta de interés, por lo que la observación continuada y la formación de los educadores es básica. La especialista puso el foco en la colaboración activa entre escuela y familia, ya que muchas veces las primeras sospechas surgen en el hogar o, en el caso contrario, en el aula por la comparación con el grupo.

Advirtió, sin embargo, de la necesidad de evitar conclusiones precipitadas o etiquetados informales, pues es imprescindible una evaluación profesional y descartar otras causas de bajo rendimiento como problemas emocionales, de atención o falta de oportunidades educativas. «No hay que etiquetar a nadie a la ligera, hay que asegurarse con pruebas sólidas», recalcó Rello. La dislexia no siempre aparece de forma aislada y puede convivir con otros retos, como trastornos de atención o ansiedad, de ahí la importancia de considerar el contexto global en cada caso.

Identificar la dificultad precozmente evita años de frustración y permite diseñar una respuesta educativa más eficaz. También resaltó la importancia de la conciencia colectiva: «La información tiene que llegar también a los equipos directivos y a las familias para evitar el aislamiento del alumno». Rello defendió que la actitud del profesorado puede marcar una diferencia enorme: «Una mirada comprensiva y unas expectativas ajustadas ayudan a que el estudiante se atreva a pedir ayuda sin miedo».

Diagnóstico profesional y cribado digital

En cuanto al diagnóstico, Rello recalcó que debe ser realizado por psicólogos o equipos especializados, diferenciando la labor profesional de los instrumentos de cribado temprano como Dytective, plataforma liderada por su equipo. «Los test digitales pueden ser una puerta, pero nunca sustituyen un diagnóstico clínico», enfatizó. Estas herramientas detectan indicios de riesgo y ayudan a iniciar los protocolos de atención, pero nunca deben sustituir una evaluación clínica.

El uso de plataformas digitales basadas en inteligencia artificial ha crecido en los últimos años y, según la investigadora, «facilitan mucho la detección precoz, especialmente en colegios donde no hay tantos recursos».

Para Rello, el acceso a cribados digitales democratiza el primer paso de intervención y permite identificar alumnos que de otro modo podrían pasar inadvertidos hasta cursos superiores. Sin embargo, subrayó: «El resultado de estas pruebas es solo orientativo, siempre tiene que verlo un especialista después». El proceso ideal integra un cribado inicial, seguido por una evaluación profunda que analice historia académica, desarrollo y entorno emocional.

El uso responsable de estos recursos contribuye a agilizar la respuesta educativa y derivar al alumno a los servicios adecuados desde las primeras edades. Pero Rello advierte del riesgo de convertir los instrumentos digitales en etiquetas fijas: «No debemos asumir que un test online sustituye el análisis humano y personalizado que requiere cada caso». Insistió en la importancia de la formación docente para interpretar correctamente los resultados y fomentar la comunicación entre familias, orientadores y equipos clínicos: «El diálogo entre todos los implicados es fundamental para no dejar a nadie atrás».

Coordinación escolar y adaptación

Una vez detectado el riesgo, la coordinación interna en el centro es fundamental para el éxito académico y emocional del alumno. El trabajo conjunto entre tutor, orientador y especialistas crea un ambiente inclusivo que favorece tanto el aprendizaje como la autoestima. «Lo principal es que el niño no sienta que está solo ni que es el único que necesita ayuda», comentó Rello.

En la práctica, es frecuente que los niños con dislexia necesiten ajustes individuales en su día a día escolar, como indicaciones adicionales, más tiempo para completar tareas o apoyos visuales. «Un simple cambio en el formato de los exámenes ya puede marcar la diferencia», añadió. Estos pequeños gestos pueden prevenir la aparición de ansiedad o baja autoestima derivada de la frustración reiterada.

En cuanto a la evaluación, Rello defiendió mantener la exigencia curricular, pero adaptando los formatos: «Hay que cambiar la forma en que medimos los conocimientos, no bajar el listón». Recomendó el uso de exámenes orales o presentaciones, no convertir la lectura y escritura en barreras insalvables. Adaptar los formatos es especialmente importante en etapas de exámenes oficiales, donde los estudiantes con dislexia pueden ver perjudicada su capacidad real para demostrar conocimientos. Se trata, «de dar oportunidades justas, no de bajar el nivel».

La coordinación debe extenderse más allá del aula; implicar a equipos directivos, orientadores y personal de apoyo resulta vital para asegurar una respuesta global y coherente: «Cuando todo el colegio tiene un protocolo claro, ningún alumno se queda atrás aunque cambie de tutor o de etapa». Esta red de trabajo facilita la transición entre diferentes cursos y reduce el riesgo de abandono o fracaso escolar.

Medidas prácticas y palabras con impacto

Entre las medidas en el aula, recomendó aumentar el tamaño de la letra, marcar conceptos clave, usar textos con buen espaciado y presentar la información clara y ordenada. Estas pequeñas modificaciones, respaldadas por investigación, mejoran notablemente comprensión y atención. Además, la selección de materiales didácticos adecuados –con tipografías legibles y colores neutros– y la fragmentación de tareas en pasos tiene un impacto positivo en la motivación: «Adaptar la presentación de la información no cuesta mucho y cambia mucho la experiencia del alumno».

Rello recalcó que prácticas como aislar o expulsar al alumno resultan muy dañinas, pues generan peores resultados y deterioran la autoestima y motivación: «Las etiquetas negativas, el aislamiento o la sobreprotección repercuten directamente en la percepción que el alumno tiene de sí mismo». Hizo hincapié en que el profesor, con pequeños gestos y actitudes, puede ser un agente clave para que el estudiante con dislexia se sienta incluido.

El lenguaje cotidiano también importa. Recomendó evitar expresiones como «céntrate» o «estás despistado» y reconocer el esfuerzo extra que hacen estos estudiantes: «El esfuerzo de leer una página puede ser diez veces mayor que el de sus compañeros». Insistió en que no es falta de voluntad y pidió a las familias que eviten la sobrepresión: «Ayuda muchísimo que los padres les quieran «a tope», porque ya tienen presión por todos lados». Para la especialista, combinar expectativas realistas con afecto y reconocimiento es el camino para favorecer la resiliencia y la autoconfianza.

Desmitificando la dislexia

La dislexia es un trastorno específico del neurodesarrollo, con clara base neurobiológica, y no un problema visual ni un simple error de inversiones de letras: «Vemos perfectamente», dijo entre bromas. Según Rello, «las inversiones de letras son solo un 1,5% de los errores. Es un mito pensar que confundirse con las letras es dislexia». Es vital diferenciar la dislexia de problemas visuales, pues el abordaje y la intervención requieren estrategias específicas de lectura y comprensión.

Además, subrayó que no está relacionada con la inteligencia general y que, para diagnosticarla, precisamente se descarta la discapacidad intelectual: «El problema afecta a la decodificación y el procesamiento del lenguaje, no al potencial intelectual. Hay chicos con dislexia brillantes en otras áreas, artistas, deportistas, líderes sociales».

Entre un 7 y un 10% de la población hispanohablante tiene dislexia, lo que pone en primer plano la urgencia de preparar a los docentes para afrontar la diversidad de ritmos y estilos de aprendizaje.

Tecnología y equidad en la intervención

Frente al reto de la dislexia, Dytective ofrece herramientas de cribado y ejercicios personalizados avalados por mejoras en pruebas estandarizadas. Este tipo de herramientas permiten una detección e intervención justa y sistemática. Además, actualmente y gracias al apoyo recibido por Fundación La Caixa, está disponible de forma gratuita para todos los centros. Rello insistó en adelantarse: «Cuanto antes se actúe, mejores serán las oportunidades educativas y emocionales de los alumnos con dislexia. No podemos quedarnos de brazos cruzados».

Adoptar una actitud pasiva, esperando a que la dificultad desaparezca sola, sólo retrasa la intervención eficaz y aumenta el riesgo de frustración y abandono escolar. Luz Rello invita tanto a profesionales como a responsables educativos a revisar periódicamente los recursos y protocolos de atención para que se adapten a los nuevos avances y se mantengan centrados en el bienestar integral del estudiante.

A nivel social, promover el debate público sobre la dislexia y sus soluciones ayuda a combatir el estigma y a impulsar el compromiso institucional con la diversidad educativa. «Hablar de dislexia sin miedo y con rigor es el primer paso para la inclusión». Y con esto terminó la charla.

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