Por qué las aulas necesitan experiencias, no solo pantallas
En España, el 69% del profesorado considera el pensamiento crítico como la habilidad más importante que se debe desarrollar para desenvolverse en un futuro mercado laboral dominado por la IA. © Arthur Krijgsman / Pexels
Si hablamos con cualquier docente en España, una preocupación cobra cada vez mayor relevancia: ¿estamos realmente dotando a los y las estudiantes de las habilidades necesarias para un futuro con IA? Más de un tercio (32%) del profesorado en España cree que no.
Es una preocupación que ya tiene sus raíces en la realidad. Hoy en día, más del 90% de los empleos ya exigen cierto nivel de competencia digital[1], y no solo una familiaridad superficial con los dispositivos, sino también la capacidad de usar la tecnología de forma útil y crítica. Las empresas están ya preparadas para exigir más de la fuerza laboral del futuro, con habilidades como la alfabetización tecnológica, el pensamiento analítico, la resiliencia y la flexibilidad entre las diez principales competencias esenciales para el empleo del futuro[2].
Juntas, estas habilidades definen la base de lo que los y las estudiantes necesitarán para prosperar en un entorno laboral transformado por la IA. Sin embargo, el profesorado teme que el sistema actual no esté ni cerca de proporcionarlas. Un nuevo estudio realizado en toda Europa, encargado por Epson, destaca cómo el 62% del profesorado en España coincide en que el sistema educativo no sabe cómo preparar a sus estudiantes para un mercado laboral que será diferente al de generaciones anteriores.
Entonces, la pregunta que todos se hacen es: ¿cómo pueden las escuelas dotar actualmente a sus estudiantes con la fluidez digital y las habilidades que necesitarán para tener éxito mañana?
Las empresas tienen cada vez más claro el conjunto de habilidades que esperan de la fuerza laboral del futuro. Sin embargo, no basta con asumir que estas habilidades se desarrollarán de forma natural a medida que los y las estudiantes progresan en el sistema. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha argumentado desde hace tiempo que los sistemas educativos deben enseñar y evaluar intencionalmente la creatividad y el pensamiento crítico, en lugar de tratarlos como subproductos del aprendizaje tradicional[3]. Porque sin ese enfoque deliberado, el riesgo es que estas habilidades, tan esenciales para desenvolverse en el futuro mercado laboral, permanezcan subdesarrolladas o distribuidas de forma desigual entre la población estudiantil.
La brecha ya es visible. En España, el 69% del profesorado considera el pensamiento crítico como la habilidad más importante que se debe desarrollar para desenvolverse en un futuro mercado laboral dominado por la IA. Sin embargo, el 84% del profesorado no ha observado ningún aumento en este aspecto. De hecho, el 60% incluso ha experimentado una disminución. Se observan patrones similares en otros ámbitos: el 55% informa de una disminución del pensamiento analítico y el 50% de la inteligencia emocional. Estas son precisamente las habilidades que más valoran las empresas.
Por supuesto, los equipos directivos de los centros educativos españoles son conscientes del problema; si bien carecen de las herramientas para abordarlo. Casi un tercio (28%) del profesorado coincide en que se necesita una mayor inversión en tecnología que ayude a preparar a los y las estudiantes para un futuro marcado por la IA. Sin embargo, la continua presión financiera implilca que muchos simplemente no sepan por dónde empezar. En toda Europa, el gasto público en educación ha disminuido significativamente, lo que obliga a educadores y educadoras a tomar decisiones difíciles sobre la asignación de fondos[4].
Pero para que el alumnado desarrolle habilidades digitales, inevitablemente se requiere del uso de la tecnología. El desafío es encontrar el equilibrio: cuando las herramientas digitales se aplican de forma pasiva, ya sea mediante un uso excesivo de pantallas en casa o desorganizado en la escuela, se corre el riesgo de ampliar las brechas que se supone que deben cerrar. Un análisis más amplio de NESET en Europa también destaca que el uso pasivo o excesivo de pantallas puede minar la alfabetización, la atención y el bienestar, especialmente entre estudiantes más jóvenes[5].
La docencia en España se encuentra ante una situación difícil: observan ciertas competencias en franco declive, comprenden qué se necesita, pero el camino hacia la implementación es complicado. Por lo tanto, se necesita un enfoque más decidido.
Si queremos que los jóvenes estén preparados para el mundo laboral, no podemos depender únicamente del tiempo que pasan frente a la pantalla ni dar por sentado que la exposición digital por sí sola desarrolla las habilidades necesarias para los empleos que la IA aún no ha creado[6]. En cambio, necesitan una enseñanza diseñada para cultivar estas habilidades de forma directa, mediante enfoques que les brinden espacios en los que practicar y reflexionar en contextos reales o simulados.
Una forma importante de enseñar estas habilidades es mediante el aprendizaje inmersivo. En su forma más simple, el aprendizaje inmersivo utiliza la tecnología para crear entornos interactivos que simulan situaciones del mundo real. A diferencia del tiempo pasivo frente a una pantalla, este método invita al alumnado a cocrear experiencias donde pueden aplicar conocimientos, probar ideas y aprender de sus errores en un entorno seguro. Imagina una clase de historia donde tus estudiantes no solo leen sobre la antigua Roma, sino que recorren sus calles, escuchan el mercado y se sienten parte de ese mundo. O una clase de ciencias donde exploran el corazón humano o simulan el cambio climático. Se trata de hacer tangibles los conceptos abstractos a la vez que se fomenta la colaboración, la cocreación y la curiosidad.
Las investigaciones indican que el profesorado también reconoce el valor del aprendizaje inmersivo. El 63% del profesorado en España coincide en que le gustaría que su centro educativo introdujera o aumentara su uso. Muchos lo consideran una forma de ayudar al alumnado a adaptarse rápidamente a nuevos retos, desarrollando la resolución de problemas y el pensamiento crítico a lo largo del proceso. Actualmente existen diversas tecnologías que respaldan este enfoque, como la realidad aumentada (RA) y la realidad virtual (RV).
Es cierto que las gafas de realidad virtual pueden aislar, pero no ocurre lo mismo con otras tecnologías: en lugar de estar «solo» con unas gafas, los proyectores permiten crear un espacio colaborativo donde varias personas se sumergen juntas. Quizás por eso más de la mitad del profesorado (75%) está de acuerdo en que las escuelas deberían invertir en proyectores para fomentar el aprendizaje inmersivo. Son estas proyecciones de 360° a gran escala o las paredes interactivas las que integran clases enteras en un entorno colaborativo simultáneo, reduciendo la carga de los dispositivos individuales y facilitando la organización de las clases para el profesorado, a la vez que fomentan las habilidades y competencias adecuadas.
Para que el aprendizaje inmersivo sea exitoso, se necesita más que comprar hardware. Los verdaderos beneficios se obtienen cuando la tecnología se integra en el diseño curricular y se apoya en el desarrollo profesional docente. Si se implementan correctamente, las clases inmersivas no solo captan la atención del alumnado, sino que les brindan un espacio seguro para practicar el pensamiento analítico, la creatividad y la adaptabilidad, preparándolos para un futuro en constante transformación gracias a la IA.
Preparar al conjunto de estudiantes para un futuro con IA no consiste en enseñarles a impulsar la IA ni a utilizar las herramientas específicamente. Estas son habilidades transitorias, vinculadas a tecnologías que evolucionarán y cambiarán más rápido que cualquier currículo.
De ahí la importancia crucial del aprendizaje inmersivo. Este enriquece la realidad en lugar de reemplazarla, ayudando a los y las estudiantes a aprender mientras hacen. Los proyectores y los entornos interactivos lo hacen posible, permitiendo que clases enteras experimenten juntas, fomentando la colaboración, la resolución de problemas y el pensamiento crítico.
El verdadero desafío, por supuesto, es recordar que no se trata de enseñar al alumnado cómo utilizar la IA tal como existe hoy, sino de prepararlos para el futuro.
El viejo proverbio lo dice mejor: «Dale un pescado a un hombre y lo alimentarás por un día; enséñale a pescar y lo alimentarás toda la vida». Se trata de brindar a nuestros y nuestras estudiantes la mentalidad y las habilidades para adaptarse, cuestionar y crear en el panorama digital del futuro.
Raúl Sanahuja, responsable de Comunicación en Epson Ibérica.
[1] https://www.coursera.org/skills-reports/global/pdf/gsr-2024
[2] https://www.weforum.org/publications/the-future-of-jobs-report-2025/in-full/3-skills-outlook/
[3] https://www.oecd.org/en/publications/fostering-students-creativity-and-critical-thinking_62212c37-en.html
[4] https://education.ec.europa.eu/news/public-investment-in-education-sees-largest-drop-across-the-eu-according-to-latest-comparative-report
[5] https://school-education.ec.europa.eu/en/discover/publications/neset-report-screen-time-and-educational-outcomes
[6] https://www.uel.ac.uk/about-uel/news/2024/october/preparing-graduates-jobs-ai-has-yet-create
