¿Y si pasamos de la era de la información y la tecnología a la era de la armonía y la paz mental?
Pensar es una de las múltiples funciones que realiza el ser humano, pero en la sociedad de la información y la tecnología la hemos elevado a la primera y única función. De hecho, nos hemos identificado con ella. Esto no es una enfermedad, es una consecuencia lógica de nuestra capacidad de decidir. De hecho, es tanta la identificación con el pensamiento y la información (no conocimiento) que creemos que somos lo que pensamos de nosotros, y que otros son lo que pensamos de ellos. Y no. Somos más allá de nuestra capacidad de pensamiento. Somos vida con otras muchas cualidades y funciones, cada vez más desconocida, abducidnos por el pensamiento automático.
El genuino respeto a lo vivo, a la vida, se pierde entre tanta frenética actividad mental. La vida da vida y lo que estamos dando no parece vida sino una forma de desvivirnos sin saberlo al saturar todos nuestros sentidos en exceso, y los del resto.
Hace semanas vi que el tenis estaba cambiando. Uno de los pilares del deporte elegante, respetuoso y silencioso, cambiaba. Ahora, alguien ha inventado que debe adaptarse a los tiempos con un DJ, pantallas gigantes que emiten imágenes parpadeantes, colores, marcadores como si estuvieras dentro de un videojuego. Entre el público, caras exaltadas gritando victoriosos frente al contrincante, saltos en grupo, casi tribales, personas comiendo comida rápida… Se divertían, parece. A mí me pareció un circo romano. ¿Es esto evolución o involución? Era incómodo e irrespetuoso para los sentidos (luces, imágenes centelleantes, ruido…). Si te gusta el tenis, y quieres ver ese partido, tienes que pagar el precio de tu desacomodo sensorial. Nos estamos acostumbrando a soportar demasiada sobreestimulación. Nos estamos acostumbrando a un maltrato continuado de forma diaria.
El genuino respeto a lo vivo, a la vida, se pierde entre tanta frenética actividad mental. La vida da vida y lo que estamos dando no parece vida sino una forma de desvivirnos sin saberlo al saturar todos nuestros sentidos en exceso, y los del resto
Podríamos decir que es correcto que haya espacio para todo, pero ¿y si con estas concesiones estamos normalizando la incomodidad hasta el punto de entenderlo como normal y aunque sea incómodo ya no lo notamos y, así, lo que era cómodo ya nos parece falto de interés y vida? ¿Y si estamos normalizando lo enfermizo? ¿Es acertado tanto show de hiperestimulación cuando ya se sabe que perjudica a nuestro organismo?
Es sabido que nuestro cerebro cree lo que le decimos, no realiza ningún filtro ético y se enfoca en lo que cree, así pues, me pregunto, ¿qué pasaría si nos dijéramos que superamos la fase de la sociedad de la información y la tecnología para entrar en la era del respeto de la vida, la paz y la armonía? Nuestro cerebro lo creería y se enfocaría en ello. Al igual que hemos llegado a crear la IA podríamos crear un bienestar hasta ahora desconocido. Si nos orientaron y «comieron la cabeza», ¿no sería fantástico que nos orientáramos hacia la armonía y la paz mental? Desde luego que la incomodidad de la sociedad que hemos inventado lo requiere, si vemos el aumento de problemas mentales y relacionales. Supongo que para muchos no resulta rentable aún. ¿Cuánto más tendremos que esperar hasta desconectarnos de esta artificialidad? Cada cual es libre de hacerlo en su tiempo, y de abrirse a una nueva era. Pero, si dicen que debemos ir con los tiempos, desde luego, en estos tiempos, hay que ser selectivos con el tiempo en que nos exponemos a ciertos entornos, pantallas, informaciones y ruido.
Alicia Muñoz Maroto, asesora y editora educativa.
