Cuidar a la infancia y la adolescencia a través de una convivencia digital responsable
Aunque los medios digitales pueden convertirse en un portal de divulgación que enriquezca los conocimientos de los más jóvenes, la realidad es que también existe contenido inadecuado que, incluso, puede afectar a su salud mental © ADOBE STOCK.
El acceso a los dispositivos digitales se produce cada vez más temprano, un hecho preocupante para muchos progenitores. La falta de madurez por parte de los menores genera riesgos en un ámbito tan amplio como es internet, donde existe casi total libertad para publicar y acceder a todo tipo de información.
Por ello, para concienciar a las familias y, consecuentemente, ofrecer criterios aplicables en el día a día, Aldeas Infantiles SOS ha publicado la guía Enredados en las pantallas. Guía práctica para acompañar a la infancia y la adolescencia en una convivencia digital responsable. Además de ofrecer recursos prácticos con el fin de promover una relación saludable y equilibrada con las pantallas, la organización ha incluido una investigación científica a través de estadísticas, entrevistas con especialistas y testimonios de adolescentes.
La guía fue presentada el pasado 10 de marzo en el marco de los desayunos informativos de la Plataforma Control Z con la participación del presidente de Aldeas Infantiles SOS, Pedro Puig; la directora de la Plataforma Control Z, Mar España; el secretario general del Consejo General de la Psicología de España, José Tenorio; la periodista científica y autora del informe, Laura G. de Rivera; y la psicóloga experta en infancia y adolescencia, Mercedes Bermejo.
La adicción en los más jóvenes
La guía atestigua efectivamente que el acceso a la tecnología es cada vez más prematuro. Más del 70% de los menores entre los 10 y los 15 años ya cuentan con teléfono móvil propio. De hecho, a la edad de 15 el porcentaje alcanza casi un 95%.
En el paradigma socio-tecnológico actual (donde el 96% de los hogares poseen conexión a internet), a partir de la preadolescencia el ámbito digital acaba ocupando una posición imprescindible en su ocio, socialización y construcción de la identidad. Gracias al diseño y la forma de uso que ofrece, el usuario permanece más tiempo conectado y enganchado al contenido.
En suma, los algoritmos priorizan temas llamativos y ajustados a los gustos e interacciones del internauta, lo que origina cierta adicción. “La repetición de mensajes, el pensamiento crítico aún en desarrollo y los algoritmos que priorizan lo más llamativo facilitan que muchos adolescentes asuman ciertos bulos, narrativas simplificadas o discursos polarizados. Esto no solo condiciona su comprensión del mundo, sino también su manera de relacionarse y de interpretar los conflictos”, explican los representantes asistentes de Aldeas Infantiles.
La cara B de internet
Aunque los medios digitales pueden convertirse en un portal de divulgación que enriquezca los conocimientos de los más jóvenes, la realidad es que también existe contenido inadecuado que, incluso, puede afectar a su salud mental.
Una de las principales problemáticas planteada en la guía de Aldeas es la exposición prematura a la pornografía; antes de los 16 años casi el 100% de los adolescentes varones ya han realizado una búsqueda sobre ello, mientras que en las chicas se sitúa en un 78%. Sin embargo, la mayor parte de las prácticas sexuales que se muestran en internet suelen ser violentas, degradantes y sin consentimiento, lo cual es contrario a una educación sexual sana y responsable.
Del mismo modo, han aumentado el número de suscripciones a plataformas con contenido sexual, como OnlyFans, a pesar de sus restricciones de acceso para menores de edad. En muchas ocasiones los perfiles de chicas imitan patrones propios de la prostitución dejándolas en una posición vulnerable ante los consumidores, con riesgo de sufrir sextorsión, dependencia económica o explotación sexual.
Asimismo, el ciberacoso es otra cuestión a la orden del día. Uno de cada cinco adolescentes se ha visto afectado por violencia a través de la red, donde la persecución por el agresor puede volverse constante; el entorno digital no depende de un espacio-tiempo concreto para comunicarse.
En suma, los discursos discriminatorios y de odio hacia colectivos en situación de vulnerabilidad son bastante comunes. Una de las congregaciones virtuales que está tomando gran relevancia en el plano social digital es la manosfera, una comunidad virtual que promueve mensajes misóginos y antifeministas. Al fin y al cabo, la necesidad de pertenencia a un grupo en los adolescentes provoca, en consecuencia, que simpaticen con movimientos basados en la burla, la humillación y la exclusión con tal de sentirse aceptados. “Muchos adolescentes nos explican que sienten cansancio mental, dificultad para desconectar, miedo a perderse algo y una presión constante por estar disponibles, un patrón que condiciona su bienestar emocional y sus relaciones”, señalan desde Aldeas Infantiles SOS.
El acompañamiento: una metodología “eficaz”
Una de las bases que subraya Enredados con las pantallas para conseguir alcanzar un uso responsable de las nuevas tecnologías es el acompañamiento por parte de los adultos, siempre desde la comprensión y el aporte de datos que incentiven la concienciación: cómo influyen los algoritmos en lo que ven, por qué ciertos contenidos generan más impacto o qué efectos tiene sobre su descanso y su estado de ánimo permanecer conectados de manera constante.
Desde Aldeas Infantiles SOS abogan por un diálogo que aborde los peligros emocionales ante el uso temprano y excesivo de los dispositivos digitales. Especialmente destacan el encuentro de momentos en familia sin pantallas de por medio, lo que genera mayor calma y contribuye a incrementar su bienestar. “Cuando las familias explican estos mecanismos y establecen tiempos y espacios de desconexión, sus hijos e hijas adquieren referencias claras y pueden relacionarse con la tecnología desde un lugar más saludable”.
En suma, el desarrollo del pensamiento crítico contribuye a un análisis consciente del contenido que aparece, así como a identificar los rasgos de la desinformación. Debido a las interacciones y la retroalimentación de los mensajes la rapidez con la que se difunden bulos en internet es prácticamente imparable, por lo que niños, adolescentes y jóvenes deben ser conscientes de contrastar la información expuesta por los algoritmos.
Por ende, la consolidación de un clima de confianza entre familias, educadores y los jóvenes internautas puede ser trascendental para evitar escenarios conflictivos e incluso violentos. “Las familias necesitan apoyos realistas y pautas concretas para saber cómo actuar ante un ecosistema que ya forma parte central de la vida de sus hijos”, ha explicado.
La actuación desde la Administración
Desde las instituciones públicas deben demandarse acciones que protejan a la infancia y la adolescencia en el ámbito digital. Por ello, Aldeas Infantiles SOS propone el Proyecto de Ley Orgánica para la protección de las personas menores de edad en los entornos virtuales. Con ella, se acordarían ciertas obligaciones para las plataformas y fabricantes, tales como verificadores de edad, medidas contra la violencia digital o controles parentales por defecto, entre otras.



