Fad Juventud advierte del preocupante aumento de hipnosedantes, con o sin receta, en jóvenes
La 47ª edición de los Diálogos de Educación de Cofapa volvió a reunir en Madrid a representantes de la comunidad educativa con una idea de fondo que atravesó toda la mañana: la necesidad de un diálogo sereno entre familias, centros, administraciones, empresas y sociedad civil para mejorar el sistema educativo. En la sede de la Fundación Bertelsmann, la protagonista fue Beatriz Martín Padura, directora general de Fad Juventud, que convirtió su intervención en una llamada a la corresponsabilidad educativa.
La bienvenida de los organizadores marcó ya el tono del encuentro. Se reivindicó este espacio como un lugar para escuchar miradas distintas, contrastar posiciones y avanzar desde el respeto. No era una formulación retórica: la propia ponencia de Martín Padura insistió una y otra vez en que la prevención no puede recaer solo en los hogares. No pongamos todo el peso sobre las familias, vino a resumir la directora de Fad Juventud, que defendió una acción conjunta en la que también cuentan la escuela, la regulación pública, el tejido social y los propios adolescentes.
Fad Juventud, recordó, cumple 40 años de trayectoria en 2026. Nacida como Fundación de Ayuda contra la Drogadicción, su evolución hasta la actual denominación responde a un ensanchamiento del foco: de la prevención del consumo de sustancias al bienestar integral de adolescentes y jóvenes. Hoy la entidad trabaja con datos sociológicos, programas de intervención, campañas de sensibilización y proyectos de cooperación internacional. Ese enfoque amplio conecta, además, con iniciativas sobre ciudadanía digital y acompañamiento familiar como Fad Educación Conectada, recogida entre los artículos del archivo de Magisterio.
Uno de los mensajes más claros de la ponencia fue que las familias educan hoy en un escenario más exigente que el de generaciones anteriores. Martín Padura habló de diversidad familiar, problemas de conciliación, sobreinformación, desinformación, polarización social y una creciente sensación de incertidumbre. A su juicio, todo ello genera a menudo sobreexigencia parental, culpabilidad y, en ocasiones, sobreprotección. Educar en este contexto requiere menos eslóganes y más herramientas realistas.
La directora general de Fad Juventud advirtió también de que escuela y familia necesitan emitir mensajes coherentes. Cuando ambas instancias avanzan en direcciones opuestas, el adolescente recibe señales contradictorias. De ahí que insistiera en reforzar una alianza educativa estable, especialmente en un momento en el que los debates sobre pantallas, convivencia o salud mental tienden a simplificarse en exceso.
Fiel al estilo de Fad Juventud, la intervención se apoyó en una lectura de datos constante. Martín Padura repasó tendencias sobre consumos, uso problemático de tecnologías, exposición a riesgos digitales y malestar emocional. Su idea central fue doble: hay motivos para la preocupación, pero también para la prudencia analítica. No conviene banalizar lo que ocurre, pero tampoco convertir cada fenómeno en una catástrofe generacional.
En materia de consumos, defendió que la prevención ha dado resultados, aunque queda mucho por hacer. Citó el descenso de algunas sustancias, pero alertó del peso persistente del alcohol y del tabaco, así como del auge de productos sustitutivos como los vapeadores. Especial atención dedicó al creciente consumo de hipnosedantes entre adolescentes, tanto con prescripción médica como sin ella. Martín Padura expresó su preocupación ante esta tendencia, subrayando la facilidad con la que los hipnosedantes pueden estar disponibles en el entorno doméstico y cómo su uso está vinculado a la medicalización de ciertos malestares emocionales y estrés en adolescentes. Además, recordó que la banalización de estos fármacos puede enmascarar situaciones de vulnerabilidad o suponer una puerta de entrada a problemas de dependencia. La directora abogó por reforzar tanto la información dirigida a las familias como la coordinación entre escuela, sistema sanitario y sociedad civil para abordar el desafío de los hipnosedantes de manera integral.
Cuando abordó el mundo digital, evitó los extremos. Ni demonización automática ni ingenuidad tecnológica. Habló de uso problemático en lugar de adicción para referirse a determinadas conductas relacionadas con redes sociales, internet, videojuegos, pornografía o juego online. Y subrayó algo esencial: el entorno digital ofrece beneficios reales a los jóvenes, pero eso no elimina los riesgos de acoso, exposición a contenidos violentos o pornográficos, discursos de odio o violencia sexual digital. De hecho, Magisterio ha abordado en otras piezas cuestiones cercanas como que un tercio de la vida de los adolescentes ocurre en un entorno digital.
Si hubo una idea fuerza en toda la jornada fue esta: la familia sigue siendo el principal espacio de socialización y, al mismo tiempo, el lugar más seguro para que hijos e hijas ensayen su autonomía. Martín Padura describió el hogar como una especie de laboratorio afectivo en el que los adolescentes pueden equivocarse, discutir, explorar y construir criterio con una red de apoyo detrás. En tiempos de confrontación pública y conversaciones cada vez más crispadas, reivindicó la casa como un lugar donde aprender a hablar de verdad.
Ese aprendizaje, sostuvo, se concreta en varias palancas: comunicación, afecto, normas, resolución de conflictos y pensamiento crítico. No presentó estos elementos como una lista abstracta, sino como competencias hoy más necesarias que nunca. Comunicarse exige interés genuino por lo que viven los menores, también cuando ese mundo pasa por redes, creadores de contenido o códigos que a los adultos les resultan ajenos. La afectividad, por su parte, sigue siendo decisiva incluso cuando la adolescencia parece levantar barreras. Y las normas, lejos de equivaler a autoritarismo, deben ser claras, negociadas y coherentes.
Muy especialmente, defendió una idea que resonó entre los asistentes: acompañar no es vigilar. En el ámbito digital, dijo, no basta con prohibir o retrasar el acceso; hay que preparar para el uso autónomo. Por eso se mostró contraria a las recetas rápidas y avisó de que ninguna restricción legal sustituirá el trabajo paciente de mediación familiar y escolar.
En la parte final de su intervención, Martín Padura lanzó quizá el mensaje más sugerente de toda la mañana: la adolescencia no debe vivirse como una fase incómoda que conviene superar deprisa, sino como una etapa de enorme potencial educativo. Frente a los discursos que la presentan solo como un tiempo de riesgo, la directora de Fad Juventud pidió recuperar una mirada más ambiciosa y más confiada sobre los chicos y chicas.
A su juicio, es precisamente en esos años cuando más sentido cobra la prevención, porque es cuando se consolidan hábitos, vínculos, criterios y formas de estar en el mundo. Por eso reclamó a familias y docentes que no den la espalda a esa etapa. Ni le tengas miedo ni le des la espalda, decía el vídeo final proyectado por la entidad. La frase resumía bien el espíritu de una ponencia que huyó de la culpabilización y apostó por una presencia adulta firme, afectiva y dialogante.
El coloquio posterior confirmó que la sala compartía muchas de esas inquietudes. Hubo preguntas sobre el papel de los centros, la formación de las familias, la pornografía, el abandono escolar, la prevención temprana o la limitación del acceso a redes sociales. Martín Padura respondió con el mismo tono de toda la mañana: menos simplificaciones, más evidencia; menos pánico moral, más prevención sostenida. En un momento en que el ruido público empuja a elegir entre prohibir o mirar hacia otro lado, los Diálogos de Cofapa dejaron una propuesta bastante más exigente: construir una alianza educativa capaz de acompañar a los adolescentes en toda su complejidad.

