Hablar, observar y colaborar: las claves docentes para mejorar las relaciones en el aula
La OCDE concluye que es fundamental integrar el aprendizaje social y emocional tanto en la formación inicial docente como en el desarrollo profesional a lo largo de la carrera. ADOBE STOCK
El desarrollo de las habilidades relacionales del alumnado se ha convertido en un elemento central del trabajo docente. Según el informe Teaching in Focus 47 de la OCDE, enseñar a comunicarse con claridad, mostrar empatía o resolver conflictos no solo mejora el aprendizaje, sino que también influye en el clima del aula y en la convivencia entre iguales. Cuando estas competencias faltan, el profesorado detecta rápidamente situaciones de desconexión o dificultades en la interacción.
La mayoría de los docentes opta por una estrategia múltiple para afrontar los problemas relacionales. Esto incluye observar el comportamiento del alumnado durante un tiempo, hablar directamente con el estudiante y recurrir al apoyo de otros compañeros. Este enfoque equilibrado permite evitar reacciones precipitadas, entender mejor las causas del problema y aplicar soluciones más ajustadas.
En muchos sistemas educativos, entre el 53% y el 93% del profesorado afirma que utilizaría estas tres vías de actuación de forma conjunta. Además, en algunos contextos se priorizan las intervenciones más activas, como dialogar con el alumno y colaborar con otros docentes sin prolongar la observación inicial.
El informe también identifica diferencias relevantes entre profesores y profesoras. Las docentes tienden a emplear con mayor frecuencia un enfoque integral, combinando varias estrategias, mientras que los hombres recurren en menor medida a este tipo de prácticas. Esta brecha puede estar relacionada con distintos niveles de empatía percibida o con la forma en que cada grupo entiende su papel en el desarrollo social y emocional del alumnado.
Estas diferencias ponen de relieve la necesidad de reforzar la idea de que trabajar las habilidades relacionales forma parte esencial de la labor docente, independientemente de la materia o del perfil del profesorado.
Uno de los factores más determinantes es la preparación del profesorado. Aquellos docentes que se sienten bien formados en aprendizaje social y emocional tienen más probabilidades de aplicar varias estrategias de manera simultánea. Esta relación se mantiene en aproximadamente la mitad de los sistemas educativos analizados.
Asimismo, la participación en actividades de formación continua también incrementa el uso de enfoques diversos para apoyar al alumnado. Los docentes mejor preparados tienden a iniciar conversaciones con los estudiantes, colaborar con colegas y persistir en la resolución de conflictos en lugar de evitarlos.
La OCDE concluye que es fundamental integrar el aprendizaje social y emocional tanto en la formación inicial docente como en el desarrollo profesional a lo largo de la carrera. También recomienda que los centros educativos generen espacios para que el profesorado pueda compartir y reflexionar conjuntamente sobre la convivencia y las relaciones en el aula.
En definitiva, fortalecer estas competencias contribuye a crear entornos educativos basados en la confianza, el respeto mutuo y una comunicación más eficaz, elementos clave para mejorar tanto el bienestar del alumnado como sus resultados académicos.

