Los jóvenes creen en la igualdad, pero se alejan del feminismo: las claves del cambio

El último estudio de Fad Juventud detecta un menor apoyo a la identificación feminista entre la juventud, aunque crecen las actitudes igualitarias en la pareja, la preocupación por la violencia de género y el rechazo a posiciones transfóbicas.
Alba BartoloméLunes, 9 de marzo de 2026
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© CLARA

En el marco del Día Internacional de la Mujer, los datos sobre cómo percibe la juventud española la igualdad de género invitan a una reflexión pausada. El último Barómetro Juventud y Género 2025, elaborado por el Centro Reina Sofía de Fad Juventud, dibuja un escenario complejo: mientras una parte importante de los jóvenes defiende valores igualitarios en las relaciones, también crece la desconfianza hacia el feminismo y persisten determinadas actitudes vinculadas al control en la pareja. Estas tensiones reflejan que el debate sobre igualdad sigue atravesando a las nuevas generaciones en un contexto social marcado por la polarización y el impacto de las redes sociales en la construcción de opiniones.

Hemos hablado con el equipo de investigación de Fad Juventud, para profundizar en los resultados de este estudio bienal, que alcanza ya su quinta edición, y analizar las percepciones, actitudes y experiencias de la juventud española en torno al género.

El 38,4% de los jóvenes se identifica como feminista, el nivel más bajo desde 2021. ¿Qué factores explican este descenso?
–Siempre animamos a que los datos sean interpretados desde la cautela y el entendimiento de lo que reflejan. En este caso se puede ver un decrecimiento de las personas jóvenes que se identifican como feministas, pasando del 50% en 2021 a 38,4% en 2025. Esto requiere matizaciones, la primera es que el que los y las jóvenes se autoperciban como menos feministas no tiene una relación directa con que rechacen o estén menos de acuerdo con principios igualitarios. De hecho se puede ver un incremento en el apoyo a visiones más igualitarias sobre la pareja, mayor acuerdo en torno a entender la violencia de género como un problema social grave, o un mayor rechazo a posiciones transfóbicas. Al igual que observar el claro aumento del Ns/Nc (No sabe/No contesta), principalmente entre las mujeres. Más que hablar de cambios profundos hablamos de una polarización creciente, que ya se podía identificar en cortes anteriores, unida a una ambivalencia en distintos aspectos. Esto claramente invita a reflexionar sobre qué imagen está llegando a las personas más jóvenes sobre los movimientos feministas, una futura vía de investigación para poner el foco en este tipo de cuestiones.

Casi la mitad de la juventud percibe el feminismo como una herramienta de manipulación política. ¿Puede ser uno de los factores que esté influyendo en esta percepción?
–Como se señala en el Barómetro se debe tener en cuenta el contexto sociocultural y político del periodo analizado. Por un lado, entre 2017 y 2021 se producen en España toda una serie de hitos de los movimientos feministas y de las luchas por la igualdad que contribuyen a extender y normalizar posturas feministas en el imaginario colectivo. Leyes de igualdad, debates sobre consentimiento, campañas contra la violencia… El feminismo empieza a formar parte de las instituciones. En contraargumentación surgen reacciones antifeministas y empezamos a ver el auge de movimientos negacionistas o minimizadores de la violencia de género como un fenómeno global. Narrativas que han contribuido a la normalización de debates dirigidos a polarizar la esfera pública; provenientes principalmente de aquellos partidos políticos de extrema derecha que encontraron en el antifeminismo un paraguas ideológico amplio para recuperar disputas que parecían superadas. Esto junto a una creciente polarización política y de la utilización de los entornos digitales para expandir estas narrativas, son algunas de las claves que podrían explicar la extensión o proliferación de estos discursos. Que no son mayoritarios, pero sí están cada vez más presentes en un porcentaje significativo de personas jóvenes.

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El feminismo empieza a formar parte de las instituciones

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Resulta llamativo del estudio que el apoyo al feminismo sea mayor entre adultos de 30-39 años que entre jóvenes. ¿Cómo se explica que una generación que ha crecido con mayor presencia del discurso igualitario muestra ahora más distancia con el mismo?
–Entendemos que la incorporación de postulados feministas a las identidades de los jóvenes es algo que tiene un fuerte componente vivencial y experiencial. Las franjas más jóvenes se entiende que no han experimentado aún ámbitos donde las brechas de género son más visibles, como en el mercado laboral, en la repartición de tareas domésticas o en las redes de cuidados. Justo el que fuera una generación que ha crecido junto a una mayor presencia de discursos igualitarios demuestra el mayor apoyo que manifiestan sobre principios de corresponsabilidad o autonomía.

El estudio muestra una brecha de más de veinte puntos entre chicas (61,4%) y chicos (36,7%) en la percepción de desigualdades de género…
–De forma general las mujeres adoptan posturas más progresistas e igualitarias, se declaran más feministas e identifican en mayor medida actos de violencia en las parejas. Una de las posibles hipótesis está en el factor vivencial ya antes mencionado. Son ellas las que sufren las desigualdades en una clara mayor proporción en comparación con los hombres, lo que podría entenderse que desarrollen mayores herramientas de sensibilización e identificación a la hora de presenciar violencias o discriminaciones. Sin embargo, debemos atender al cierto retroceso existente entre las mujeres respecto a algunos postulados, principalmente aquellos que defienden que los hombres se encuentran en la actualidad en una posición de desventaja. Lo que refuerza la idea de seguir apostando por pedagogías feministas en la educación de las generaciones más jóvenes.

Sin embargo, el 22,9% de jóvenes interpreta los celos como prueba de amor y el 31% cree que debe saberse dónde está la pareja en todo momento. ¿Cómo se explica esta convivencia entre discurso igualitario y aceptación de dinámicas de control?
–Este es uno de los ejemplos donde se puede identificar cierta ambivalencia. Como hemos expuesto anteriormente, los datos pueden arrojar luz de forma limitada sobre este tipo de cuestiones, sería muy pertinente un trabajo cualitativo sobre estos aspectos. Dicho esto se puede observar cómo aquellas visiones patriarcales que podrían vincularse a una normalización de la violencia y el control en pareja generan un menor acuerdo generalmente que aquellos postulados más ligados al amor romántico. Esto sin embargo no significa que no sean preocupante estas posturas, ya que por otro lado las violencias de control se han incrementado de forma progresiva hasta 6 puntos porcentuales en los últimos años. Teniendo en cuenta, como ya se ha analizado, la lógica del amor romántico y la entrega absoluta a la otra persona sigue presente en el imaginario colectivo de la juventud e incluso también se ha incrementado su intensidad en los últimos años. Este tipo de visiones pueden justificar ciertas formas de vigilancia y violencia derivada de los celos y la inseguridad al presentarlas como muestras de cuidado o incluso de amor. Creemos necesario estudios que afiancen, desarrollen y profundicen en esta serie de cuestiones cruciales para arrojar un mayor entendimiento de cómo se articulan las lógicas del amor romántico y cómo estás conviven con la aparente interiorización de discursos igualitarios.

¿Qué papel están jugando las redes sociales, la cultura digital y ciertos referentes juveniles en la normalización de conductas de control o en la construcción de narrativas antifeministas?
–Las redes son espacios en los que los jóvenes valoran el amor romántico, pero también los celos; normalizan el control digital en la pareja, conectando con ese marco de cultural digital de hiperconectividad permanente, la disponibilidad constante y la trazabilidad de la vida íntima. Desempeñan un papel tremendamente relevante en la normalización y sobre todo en la amplificación -más que en la construcción- de determinadas narrativas, especialmente las que se mueven en los extremos. Los entornos digitales reflejan conductas e ideologías del mundo no virtual, y los algoritmos amplifican todo rastro de interés. Ejemplo de todo esto es la conocida como manosfera, que lleva a muchos chicos a normalizar discursos antifeministas. Los usuarios más jóvenes son también los más vulnerables; de ahí la importancia de que desde las familias y desde las escuelas se trabaje el pensamiento crítico y la alfabetización mediática.

Desde el ámbito educativo, ¿qué estrategias concretas deberían reforzarse en Secundaria y Bachillerato?
–Es fundamental trabajar el pensamiento crítico y la alfabetización mediática y digital de los y las estudiantes. Ayudarles a entender cómo funcionan los entornos digitales, qué decisiones toman los algoritmos y por qué vemos lo que vemos en las redes sociales, quién decide qué contenidos se vuelven virales, cuánto hay de realidad detrás de determinados perfiles, influencers y cuentas. Esta alfabetización debería ser transversal, empezar a trabajarse desde edades tempranas -sin necesidad de que los menores estén en redes-. Y para conseguir un resultado realmente eficaz, es necesario dotar de recursos a escuelas y docentes, de cara a la ejecución de esa preparación, y acompañar también a estas familias. Muchos de los mensajes que más se mueven en redes en relación con conflictos de género encuentran eco en conversaciones familiares, o no reciben atención por creer los adultos que son temas solo ‘digitales’. Es importante dar importancia a las evidencias que van surgiendo.

¿Qué mensaje considera clave trasladar a la juventud para reconectar la idea de igualdad con su experiencia cotidiana y evitar que el debate quede atrapado en la polarización política?
–La igualdad no es una consigna política abstracta, sino una herramienta práctica para vivir relaciones más libres, seguras y justas en lo cotidiano.

A partir del amplio acuerdo social sobre la igualdad como vector para una sociedad más justa, es importante que los y las jóvenes reciban el mensaje de que la violencia de género es un problema social grave, y de que la comunicación, respeto y espacio son las claves de una relación sana de pareja. En el marco de una sociedad hiperconectada, de exposición y comparación constantes, sigue siendo clave inculcar un mensaje de reflexión, pensamiento propio y respeto. Los adultos necesitamos dejar pensar que esto es un problema ‘de las redes’ para, en lugar de hacer que los menores hereden confrontaciones ideológicas o asuman que ‘lo digital’ es menos real que lo analógico, reciban de nosotros ayuda y ejemplo para ejercer una coherencia de valores.

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La igualdad no es una consigna política abstracta, sino una herramienta práctica para vivir relaciones más libres, seguras y justas en lo cotidiano

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