Los 'therians': ¿patología psiquiátrica o crisis de identidad?

El juicio público se convierte en un componente de riesgo social, a través de la humillación pública, el acoso y la difamación. 
Alba UcedaViernes, 6 de marzo de 2026
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Por parte de la opinión pública ha merecido un juicio peyorativo, confundiendo una experiencia o práctica con un trastorno cognitivo © ADOBE STOCK.

En las últimas semanas, un fenómeno popularizado especialmente entre los adolescentes ha causado furor en el plano mediático: los therian. Aunque comenzó a ser conocido en Argentina, actualmente ha traspasado fronteras a través de las redes sociales e, incluso, ha llegado a las calles con reuniones multitudinarias. 

Las personas que se identifican con los therian imitan a animales no humanos a través de la vestimenta y el comportamiento. Sin embargo, por parte de la opinión pública ha merecido un juicio peyorativo, confundiendo una experiencia o práctica con un trastorno cognitivo.

Therian VS. Licantropía clínica

En la literatura académica contemporánea, el término ‘therian’ se refiere a aquellos individuos que se identifican como parcial o totalmente no humanas: es decir, como un animal

A pesar de que pueden convivir con algún problema de salud mental, considerarse therian no equivale a un diagnóstico clínico. Realmente es la llamada licantropía clínica la que es definida como un trastorno psicológico donde existe una creencia delirante de transformación en animal y adopción de conductas asociadas. Generalmente este diagnóstico suele estar vinculado a síntomas psicóticos.

El perfil psicológico sin caer en etiquetas

Un estudio del año 2019 elaborado por investigadores de la Universidad de Northampton (Reino Unido), comparó más de un centenar de personas identificadas como therians con otras que no lo hacían. El objetivo era comprobar si existía algún perfil psicológico que fuera característico de los therian. Las variables analizadas fueron el bienestar psicológico, esquizotipia dimensional (experiencias cercanas a la esquizofrenia) y rasgos autistas.

Los resultados reflejaron que existe un perfil promedio de therian, el cual recoge más experiencias internas inusuales, más rasgos autistas y una diferenciación considerable para entablar relaciones sociales. Sin embargo, el informe no demuestra una relación causal entre estas particularidades cognitivas y la identificación con un animal no humano.

Asimismo, otro estudio de la Universidad de Canadá realizó 24 entrevistas a therians y otherkins, seres humanos que se sienten identificados con animales u otros seres (ya sean reales, imaginarios o mitológicos), para analizar la construcción narrativa de sí mismos. Las conclusiones generales fueron que estas personas necesitan sentirse acogidas a alguna categoría social para explicarse sin ser estigmatizadas.

El riesgo principal no es ‘ser therian’: es el entorno

Los análisis periodísticos recientes evidencian que la mezcla de viralidad, búsqueda identitaria adolescente y comunidades online son la mezcla idónea para el auge de los therian. De hecho, en Argentina cada vez están siendo más comunes los encuentros presenciales en lugares públicos, donde el papel de las redes sociales es fundamental para acelerar su visibilidad. 

El conflicto surge cuando el juicio público se convierte en un componente de riesgo social, a través de la humillación pública, el acoso y la difamación. 

En psicología social estos acontecimientos podrían acarrear estrés por estigma. La convivencia constante con la expectativa de rechazo, ocultación e incluso acoso sostenido deteriora su bienestar, especialmente peligroso en edades tan vulnerables como la infancia y la adolescencia.

Cómo ayudar

La concienciación es imprescindible para abordar este tipo de problemáticas. En primer lugar, la conversación debe iniciarse desde la compresión sin banalizar, siempre preguntando desde la curiosidad genuina, el respeto y sin presiones. 

En este proceso, el acompañamiento es la base para su seguridad y la continuidad de su rutina (escuela, sueño, relaciones, autocuidado). La prohibición puede aumentar el secretismo, por lo que es mejor establecer ciertos límites, sobre todo en las horas de llegada y en los lugares a los que acuda. 

Si, por el contrario, el joven manifiesta síntomas de malestar psicológico (ansiedad, depresión, autolesiones, etc.) lo razonable es optar por la intervención psicológica por parte de un profesional.

En este caso, es imprescindible mantenerse alerta, ya que pueden aparecer señales de alarma que supongan una actuación urgente. Por ejemplo, tener el juicio de la realidad alterado: poseen una creencia fija de transformación física real, la cual puede ir acompañada de delirios o alucinaciones. También pueden existir conductas peligrosas con tal de expresar que se siente como un animal no humano, ya sea a través de la autoagresión, ataques o saltos arriesgados. En este sentido, sí podría hablarse de licantropía clínica

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