Más allá del itinerario de empleabilidad: Hacia una formación profunda en competencias humanas
Construir una trayectoria sólida va más allá de formar parte de un ejército de recursos procesables. Los seres humanos somos algo más que eso. © ADOBE STOCK
Diversos estudios e informes refuerzan este mensaje, subrayando la necesidad de incorporar estas competencias al bagaje formativo de los titulados, tanto universitarios como de Formación Profesional. Se señala, con razón, una carencia actual y se aboga por un equilibrio entre el conocimiento técnico y las capacidades humanas. Sin embargo, los datos nos devuelven una realidad desconcertante.
Si nos detenemos en el Informe DES 2024 (Radiografía de empleos y sectores emergentes), realizado en colaboración con Infojobs, descubrimos una brecha alarmante: tan solo el 0,32% de los inscritos en ofertas de empleo durante 2024 incluyó alguna de estas habilidades en su candidatura. Es una cifra preocupante que nos obliga a preguntarnos qué está fallando en la transmisión de esa necesidad.
Esta desconexión no parece ser una falta de capacidad intelectual. Si miramos el Programa PIAAC de la OCDE, que evalúa la alfabetización y la resolución de problemas, observamos que un graduado universitario español dispone de un nivel significativamente más alto frente a quien no ha alcanzado ese nivel educativo.
En el sistema educativo español, concretamente en la Formación Profesional, existe un módulo transversal de obligada impartición titulado «Itinerario personal para la empleabilidad». Su contenido abarca desde la legislación laboral hasta la prevención de riesgos, pero reserva dos capítulos a lo que se podrían considerar competencias blandas: “Hoja de ruta para la inserción profesional” y “El autoconocimiento personal y profesional”. En ellos se abordan el autoanálisis, los valores y los rasgos de personalidad. Sin embargo, a mi juicio, se hace de una manera excesivamente superficial.
Esta ligereza pedagógica choca frontalmente con mi experiencia de casi treinta años en la gestión de personas. Tras muchas entrevistas para diversos sectores y niveles, el aspecto que más me sigue sorprendiendo es constatar lo poco que la gran mayoría de las personas se conocen a sí mismas. Esta carencia es prácticamente generalizada entre los jóvenes recién egresados.
Existe un error evidente en nuestro tiempo: pensar que entre los 20 y los 30 años se dispone de todo el tiempo del mundo simplemente por el hecho de ser joven. Es cierto que habitamos un entorno en constante cambio que invita a posponer decisiones importantes o a dejarse llevar por el azar. Pero esta etapa es, precisamente por su volatilidad, el momento en que se exige asumir compromisos vitales. Es el periodo idóneo para decidir cómo invertir en uno mismo, identificar las fortalezas y reconocer los recursos personales con los que se cuenta. Es la década decisiva para construir la persona que se quiere —y se puede— llegar a ser.
Llegados a este punto, cabe plantearse: ¿Estamos facilitando a nuestros alumnos de Formación Profesional las herramientas necesarias para construir una vida sólida? Sospecho que no. Al proponer la formación en soft skills como una simple capa de barniz, ¿no estaremos considerando a estos alumnos como mero «capital humano»? Sospecho que sí.
¿Estamos facilitando a nuestros alumnos de Formación Profesional las herramientas necesarias para construir una vida sólida?
Construir una trayectoria sólida va más allá de formar parte de un ejército de recursos procesables. Los seres humanos somos algo más que eso. Siguiendo un símil tecnológico, no tiene sentido intentar implantar «aplicaciones» (trabajo en equipo, asertividad, empatía) en un «sistema operativo» del que se desconoce casi todo. Es imposible mejorar lo que no se ha identificado. Sembrar sin preparar la tierra es una pérdida de tiempo para el sembrador y un riesgo para la tierra, que puede acabar agotada o «quemada».
Debemos ir más allá de los dos capítulos de un módulo formativo. Necesitamos que el alumno reflexione sobre las competencias que le dan forma y trabaje en aquellas en las que ya es bueno. Como repetía Peter Drucker, el esfuerzo debe centrarse en pasar de la fortaleza a la excelencia, y no en el agotador camino de intentar pasar de la nada a la mediocridad.
Hay que mirar y pensar más allá de las prácticas en una empresa o del primer contrato de trabajo. Hay que facilitar esa posibilidad a los alumnos de Formación Profesional.
Parar a preguntarse «quién soy» y «qué mundo habito» no es un lujo decorativo; es una medida de supervivencia. Quien no dedica tiempo a liderar su propio talento, termina siendo un recurso procesado por el talento de otros. Correr mucho en la dirección equivocada es el camino más rápido al sinsentido vital y a la irrelevancia profesional. Es hora de que la educación facilite a los alumnos de Formación Profesional la posibilidad de pensar más allá de su primer contrato. Debemos ayudarles a entender que, antes que empleados, son los arquitectos de su propio sistema operativo. Solo desde el autoconocimiento profundo podrán, finalmente, empezar a liderar lo que son.
Emilio González Quirós es consultor en Formación y Desarrollo en Senderos de Silencio.
