Más allá del itinerario de empleabilidad: Hacia una formación profunda en competencias humanas (II)
No basta con enseñar a los alumnos a usar una máquina o un software. Debemos enseñarles a dialogar con el mundo que habitan. © ADOBE STOCK (IA)
En mi anterior artículo, alertaba sobre el riesgo de convertir la formación en competencias humanas en un simple «barniz» para alumnos de Formación Profesional. Denunciaba que tratar de insertar soft skills como aplicaciones aisladas en un sistema operativo desconocido es un error estratégico. Si queremos que nuestros jóvenes no sean mero “capital humano” deberíamos abrirnos a nuevas posibilidades. Y ese es el sentido de estas líneas. Proponer ideas para permitir que los alumnos puedan convertirse en los arquitectos de su propia vida.
La solución no creo que pase por añadir más horas formativas de habilidades blandas. ¿Cuál sería la propuesta?
Comencemos hablando de autoliderazgo o liderazgo interior.
¿Y qué entiendo por autoliderazgo o liderazgo interior?
- Conocimiento propio: Aproximarse a la realidad de quiénes somos, pero también atisbar quiénes podríamos y querríamos ser.
- Plenitud: Vivir los dones recibidos con intensidad sin dejarse seducir por los mismos.
- Responsabilidad: Ser plenamente dueños de nuestras elecciones y decisiones, haciéndonos cargo de la vida —personal y profesional— que estamos construyendo.
- Soberanía vital: Tomar las riendas de nuestra propia vida y no vivir la vida de otros.
¿Y cómo se construye ese autoliderazgo o liderazgo interior?
Mediante un diálogo fructífero y constante con cuatro pilares fundamentales en nuestra vida. Un diálogo que será necesario mantener de forma constante a lo largo de los años, dado que nadie es una foto fija siempre. Pero, como señalaba en el anterior artículo, es esencial comenzar a mantenerlo a lo largo de esa década tan importante de que va de los 20 a los 30 años.
¿Y cuáles son esos cuatro pilares?
- Saber leer los tiempos: el pensamiento crítico como brújula.
No basta con enseñar a los alumnos a usar una máquina o un software. Debemos enseñarles a dialogar con el mundo que habitan. Aprender a leer el entorno. En un mundo que es volátil, el alumno necesita comenzar a construir un pensamiento crítico afilado que le permita entender qué lugar ocupa su talento en ese contexto social, económico y laboral tan cambiante. No es solo estar informado; es comprender las corrientes de fondo para no ser arrastrado ni manipulado por ellas.
- El autocuidado integral: mantener el sistema operativo.
Todos los seres humanos disponemos de cuatro dimensiones esenciales: física, intelectual, emocional y espiritual. ¿Las cuidamos?, ¿enseñamos a que se cuiden? A menudo olvidamos que un alumno y futuro profesional es, ante todo, una persona. Si no enseñamos al alumno a gestionar su energía, su salud mental, sus relaciones sociales y su vida interior, le estamos lanzando a un mercado que le puede agotar rápidamente. El autoliderazgo implica asumir la responsabilidad de mantener un sistema operativo sano. Si eso no se hace, ninguna competencia blanda podrá funcionar.
- La búsqueda del «quién»: más allá del perfil profesional.
Uno de los déficits más evidentes en los jóvenes no es la falta de capacidad, sino la falta de conocimiento de sí mismos. Escribía Carl Sagan hace ya muchos años que una pregunta “suele ser un clamor por intentar comprender el mundo”. En cambio, vivimos casi obsesionados por las respuestas sin ni siquiera saber si hemos formulado las preguntas correctas. Hemos de enseñar a sustituir las respuestas precocinadas por preguntas valientes. Debemos incentivar en el alumno un diálogo acerca de quién es y quien quiere ser. Fomentar las preguntas acerca de los principios que quieren que guíen sus vidas, sus posibles creencias limitantes, sus fortalezas, sus motivaciones, sus emociones y cómo las viven, etc. Solo quien conoce su «sistema operativo» puede decidir qué aplicaciones merece la pena instalar.
- Responder a la vida: salir de nosotros mismos.
Y qué pasaría si dejamos de preguntarle a la vida qué tiene para nosotros y planteamos otra pregunta, ¿qué espera la vida de cada uno? Y ahí hay que comenzar a responder con las propias acciones. La vida no es solo algo que sucede, sino que es también algo en lo que se puede construir y aportar. Existe la posibilidad de construir una vida sostenible y con propósito, una vida que deje un legado, pese a las más que numerosas dificultades con las que todos y cada uno de nosotros nos encontraremos. Responder a la propia vida es liderar el propio talento, es liderar la propia vida.
Concluyo. No se trata de decorar el currículum con nuevas etiquetas ni de acumular talleres. Se trata de algo más exigente: construir una forma de estar en el mundo. Una proceso de reflexión que permita al alumno:
- entender el entorno en el que vive,
- sostenerse personalmente,
- conocerse con cierta profundidad,
- y asumir la responsabilidad de su propia trayectoria.
Démonos la oportunidad de ir más allá de formar “capital humano”. Porque, al final, la cuestión es sencilla. O ayudamos a los alumnos a liderar su propio talento y su propia vida para así mejor contribuir al mundo, o acabarán siendo gestionados por otros.
Emilio González Quirós, consultor en Formación y Desarrollo. Senderos de Silencio.

