No es cuestión de leer 200 libros en un año

Omar Jerez
Artista
27 de marzo de 2026
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Hay una batalla dialéctica en la que me muestro incansable, y es la de fomentar de manera militante la lectura en todas las personas que conozco; da igual si son menores, adolescentes o adultos. El acto de leer resulta para muchos algo hostil, aburrido y, lo más curioso, poco estimulante para sus intereses. Creo que el problema que existe con la lectura se debe a los primeros encuentros entre el posible lector y el libro. Es un hecho que a todos nos ha llegado la lectura como un ejercicio obligatorio desde temprana edad en la escuela, y de alguna forma lo tenemos asociado a nuestros primeros desafíos, por lo que resulta lógico que esos recuerdos estén intrínsecos en el esfuerzo constante de aprender y asimilar el contenido del libro. Ese esfuerzo a tan temprana edad ha hecho que adolescentes y adultos tengan puro desinterés en adquirir como hábito la lectura de un libro en su cotidianidad.

La estrategia que yo propongo para los padres que tienen a su cargo a un menor de edad es que deben convertir sus primeras lecturas en una emoción positiva y enriquecedora, haciéndole ver al menor que leer es un viaje tan épico y memorable como si estuviera jugando a una videoconsola o se hallara en un parque temático. Ese primer contacto con el menor es una acción capital para que ese niño se convierta en un adulto lector. Los padres deben compartir con su hijo un espacio común donde leer se convierta en un momento inigualable, y que sienta que ese momento se ha generado por una emoción fomentada por los padres, pasando con el tiempo a ser un recorrido natural en los principios del niño a la hora de abordar un libro.

Con los adultos establezco otras dinámicas para incitarles a que lean y les resulte algo cercano y parte de su rutina. A una persona que no ha leído prácticamente nada en su vida no puedes, de primeras, darle un clásico con un lenguaje decimonónico; de hecho, en lugar de ser un acto de reconciliación entre el adulto y el libro, lo que consigue es una separación no amistosa. Si conozco a una persona que le gusta el fútbol, lo que le sugiero es que vaya a buscar a la biblioteca de su localidad un libro que hable sobre el tema, y con el tiempo puede acontecer que esos libros que tratan sobre el tema que le interesaba en un principio pasen a otros que amplíen sus conocimientos.

Como lector beta, leo una media de entre 195 y 203 libros al año, porque me pagan por ello, pero también porque disfruto con lo que considero el trabajo más maravilloso que le ha podido tocar a un ser humano. Pero, como dice el título del artículo, “No es cuestión de leer 200 libros en un año”.

La cantidad no es la meta; la conexión, sí.

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