El hándicap de las altas capacidades en los menores
El tema de las altas capacidades suele abordarse como un desafío para un sistema educativo que no está preparado. Esto obliga a realizar «maniobras» constantes para que ambas partes lleguen a un entendimiento. Sin embargo, existe un matiz mucho más profundo: ¿en qué momento el adulto con altas capacidades identifica que su diferencia fue un impedimento para habitar su entorno?
Un niño, por muy prodigiosa que sea su inteligencia, no deja de ser un niño. Siente que algo no funciona, pero su falta de experiencia le impide contextualizar ese malestar como lo haría un adulto.
He conversado con muchos adultos con altas capacidades y todos comparten un recuerdo común: ese primer punto de fricción en el colegio. Es un instante al que solo logran darle sentido con el paso de los años. Aunque muchos enumeran una serie de problemas lógicos, pocos comprenden que ese momento —cuando el menor se siente «fuera» de lo que debería estar «dentro»— es capital para entender toda su trayectoria posterior.
Si somos capaces de intuir ese instante de asincronía, la vida de ese menor sería menos compleja. Podríamos acompañarlo con proyectos que realmente resuenen con él. Este punto es fundamental no solo por lo que simboliza, sino porque el ser humano se construye sobre las emociones que lo transforman.
Recuerdo un momento de mi infancia que resultó crucial. Estaba en tercero de EGB y teníamos un examen oral al día siguiente. No había estudiado nada. Como me tocó de los últimos en la fila, aproveché el tiempo mientras mis compañeros respondían para aprender la lección sobre la marcha.
Al llegar mi turno, respondí para sacar un diez. La reacción de la profesora, sin embargo, no fue de admiración: me dijo que mi discurso era «demasiado preciso» para mi edad y que un niño no podía asimilar todo eso tan rápido. Yo le contesté que sí, que lo entendía perfectamente; que no eran solo datos memorizados, sino conceptos que estaban al alcance de mi comprensión.
Esa primera confrontación, que puede parecer inofensiva, determinó mi forma de comunicarme con el sistema educativo desde entonces. Fue el momento en que comprendí que mi sintonía era distinta a la del entorno.
Si eres padre o madre de un menor con altas capacidades, te invito a buscar ese momento. No te quedes solo en el diagnóstico o en las notas. Observa esas primeras experiencias, porque en ellas los niños sientan las bases de las decisiones que tomarán a lo largo de su vida. Validar su forma de entender el mundo en ese instante de duda puede cambiarlo todo.

