El reto de educar hoy
Actualmente, la realidad del mundo social ha ido evolucionando y lo que era “habitual” se ha transformado, dejando atrás una situación institucionalizada, en la que la posición suponía un modelo de relación vertical, al médico, al alcalde, al maestro, al farmacéutico…, por el hecho de serlo, se le suponía un rol de autoridad, poco o nada discutido.
A nivel educativo, en esa realidad institucionalizada, la familia y la organización social/cultural trasmitía el modelo de relaciones interpersonales y la forma en que se debía actuar en cada momento y en cada situación, y en la escuela lo que se aprendía tenía que ver con el “saber”, por encima de todo, los aspectos lingüísticos y matemáticos y en menor medida los sociales y científicos.
Hoy en día la desinstitucionalización es lo que podemos ver, las redes permiten disponer de información al momento, también permiten difundir cualquier idea sin necesidad de asegurar el rigor de esta, y lo que es más significativo, permite conocer sucesos de forma inmediata, todo el mundo opina sobre cualquier tema, y con todo ello, las relaciones interpersonales dejan de regirse por la verticalidad y asumen la realidad horizontal.
Claramente esta situación actual necesita muchísimo disponer de habilidades relacionadas con la gestión emocional y disponer de habilidades como la escucha, el lenguaje asertivo, el reconocimiento de las necesidades colectivas y personales, todas ellas relacionadas con las inteligencias intra e interpersonales, y así lo recogen las distintas leyes educativas, que son el marco en el que se debe mover la institución educativa.
Por lo que, estemos de acuerdo o no, nos parezca más acertado o no, las personas que nos dedicamos a la educación tenemos el reto de facilitar el aprendizaje que supone el desarrollo de esas habilidades útiles para crecer y ser capaces de convivir de una manera positiva.
Nos encontramos ante el reto de una mirada “restaurativa”, relacionada con un modelo desistitucionalizado, en el que la convivencia supone la educación de las habilidades personales y colectivas de relación, para conseguir un buen clima escolar, y al mismo tiempo aprovechar las situaciones de conflicto< como momento de aprendizaje
Centrándonos en la convivencia debemos constatar que, de una parte venimos de una mirada, que podemos denominar retributiva, relacionada con un modelo institucionalizado, en el que la buena convivencia suponía la ausencia de los conflictos, y en el caso de que aparecieran se buscaba su “desaparición” desde la perspectiva de la verticalidad, combinando el rol del adulto y la regulación mediante las normas y sus consecuencias, de la otra parte nos encontramos ante el reto de una mirada “restaurativa”, relacionada con un modelo desistitucionalizado, en el que la convivencia supone la educación de las habilidades personales y colectivas de relación, para conseguir un buen clima escolar, y al mismo tiempo aprovechar las situaciones de conflicto< como momento de aprendizaje.
Los centros educativos, al menos en nuestro país, disponen de un Proyecto Educativo, en el que desarrollar las finalidades que señala el marco normativo, adaptándolas a la realidad del alumnado y de su entorno. Dentro de este Proyecto Educativo existe el Plan de Convivencia, en el que el centro plantea su propósito y sus estrategias para conseguirlo, y un apartado de este Plan es el reglamento de régimen interior, que según la normativa debe de recoger, entre otras cosas, los derechos y deberes de todas las personas de la comunidad educativa y de cómo se debe actuar en caso de que alguna de ellas no sea respetada debidamente, medidas que deben tener sentido educativo y no punitivo.
Lo que ocurre en algunos centros es que una cosa es “el discurso” institucional, recogido en su plan de convivencia, y otra el día a día, en el que la convivencia se ciñe a la aplicación de este reglamento de régimen interior, desde la mirada retributiva, alejada de una finalidad educativa, en la que la participación, el cuidado y la comprensión debería primarse.
Por ello cuando planteamos una propuesta restaurativa no nos proponemos un modelo en el que equilibrar lo punitivo con lo restaurativo, sino un modelo exclusivamente restaurativo, en el que seguro deben existir límites pero que, en ningún caso, la posibilidad del traspaso de esos límites se pueda abordar sin un trabajo intensamente preventivo y mediante el diálogo, que conduzca a la compresión y a la asunción de las responsabilidades.
Ricard Vila es formador en prácticas restaurativas del Secretario de la asociación estatal de Justicia y Práctica Restaurativa.
