José María Ortiz releva a Montserrat Gomendio en el rectorado de Nebrija
La Universidad Nebrija ha movido ficha con un nombramiento que reordena su cúpula en apenas unos meses. José María Ortiz, hasta ahora vicerrector de Ordenación Académica, pasa a ocupar el rectorado en sustitución de Montserrat Gomendio, cuya llegada al cargo había sido recibida como una apuesta de marcado perfil público.
Montserrat Gomendio no es una desconocida en el ecosistema educativo español. Su paso por el Ministerio de Educación, durante la etapa del Partido Popular, la situó en el centro de la definición de la política educativa y la convirtió en una de las voces de referencia en la configuración de la LOMCE, una ley que marcó de forma intensa el debate escolar de aquellos años. Su nombramiento en Nebrija se interpretó desde el principio como un movimiento de fuerte proyección pública, aunque su etapa haya durado muy poco.
En ese contexto, en los corrillos del sector también se ha especulado con que su desembarco en la universidad podía contribuir a mantenerla visible en la agenda pública, con la vista puesta en un posible futuro gobierno del Partido Popular y en una hipotética vuelta a la primera línea política en el ámbito educativo. A esa lectura se añade el hecho de que su marido, José Ignacio Wert, exministro de Educación, desempeña funciones de asesoramiento demoscópico vinculadas al PP y, en particular, a Alberto Núñez Feijóo.
Ortiz representa, en cambio, un perfil más orgánico y académico dentro de la propia Nebrija. Su ascenso al rectorado refuerza la idea de una transición interna apoyada en el conocimiento de la institución y de sus dinámicas cotidianas. No llega, además, sin experiencia en la gestión universitaria: antes de incorporarse a Nebrija, fue vicerrector en la Universidad Francisco de Vitoria y también en la Universidad Villanueva, dos responsabilidades que consolidan su perfil como gestor de la vida universitaria y del acompañamiento al alumnado.
Esa trayectoria explica que su designación se lea como una apuesta por un liderazgo de continuidad, con capacidad para sostener el proyecto universitario desde dentro. Frente al simbolismo de Gomendio, asociada al debate nacional sobre la reforma educativa, Ortiz encarna la gestión cercana y el pulso cotidiano de la vida académica.
El relevo en Nebrija llega, además, tras una etapa especialmente corta y en un contexto de fuerte atención al movimiento de la institución. La sucesión, más allá de la formalidad del cargo, devuelve el foco al tipo de liderazgo que quiere proyectar la universidad y al equilibrio entre visibilidad pública y gestión interna.
En ese sentido, la elección de Ortiz parece buscar estabilidad y conocimiento de casa en un momento en que los nombramientos rectorales también se interpretan en clave de imagen y estrategia institucional. La Nebrija cambia de timón, pero lo hace con un perfil menos político y más orientado a la gestión universitaria.
