La escuela: un refugio frente a la violencia familiar

Cómo detectar, intervenir y proteger los derechos del niño desde el aula.
Sandra López CarreroLunes, 6 de abril de 2026
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A menudo, el colegio es el único lugar donde un niño se siente lo suficientemente seguro como para dejar ver, casi sin querer, si algo no va bien en casa. Como profes, pasamos tantas horas con ellos que nos convertimos en observadores de primera línea, capaces de ver más allá de notas o su comportamiento. En este artículo quiero compartir cómo identificar esas señales de alerta que a veces pasan desapercibidas y, sobre todo, qué pasos reales se pueden dar desde el centro para proteger a nuestros alumnos. Se trata de pasar de la sospecha a la acción, construyendo una red de apoyo que garantice que los derechos de la infancia sean siempre nuestra prioridad.

Introducción: más allá de la enseñanza

Los centros educativos son lugares privilegiados para la observación de nuestros alumnos, dado que es el lugar donde más tiempo pasan. Nosotros, como docentes, debemos asegurar que se cumplan los derechos de los niños, tanto en el hogar como fuera de él. De ahí que debamos observar sus conductas y actitudes.

Nosotros no sólo tenemos como función la enseñanza sistematizada de conocimientos sino que también debemos identificar las carencias y preocupaciones para poder cooperar a solucionarlas, dentro de nuestras posibilidades.

Dentro de la complejidad de la violencia familiar pueden encontrarse: el maltrato infantil, en donde se ejerce la violencia contra los hijos o la violencia filio-parental; en donde los agresores son los hijos y las víctimas son los padres.

Señales de alerta en el aula

La observación de las conductas es clave para identificar si existe algún tipo de violencia en el hogar, tanto siendo objeto de violencia o la ejerce. Algunas de las señales de riesgo, según la AEPap, son:

  • Desatención de las necesidades básicas: Aspecto físico descuidado, mal estado de salud, fatiga extrema o somnolencia en el aula.
  • Escolaridad y relaciones sociales: Problemas interpersonales con sus iguales (no se relaciona o los rechaza) o ausencia de relaciones familiares y/o abandono
  • Comportamiento: Se muestra despistado, no es responsable con sus tareas y evita mantener la mirada.
  • Estado emocional: Cambios emocionales continuos: irascibilidad, tristeza, etc; carece de autoestima.
Hoja de ruta ante la sospecha

Cuando aparecen estas señales, nuestro objetivo es tener información para poder actuar, no diagnosticar el maltrato en sí mismo. Por tanto, autores como Vainstein y Rusler, proponen estos pasos a seguir,  ante una posible sospecha de violencia familia:

  1. Observación directa: Observar a los niños, en momentos variados de la jornada, así como su relación en salidas y entradas, con sus familiares.
  2. Comunicación interna: Comunicar dichas sospechas al equipo directivo y a los equipos interdisciplinares de Orientación del centro, para desarrollar unas pautas adecuadas de intervención.
  3. Vinculo con familia: Mantener un contacto con la familia, para intentar paralizar dicha situación de riesgo.
  4. Y, como último recurso, contactar con los Servicios Sociales, si fuera necesario.
Medidas para un entorno seguro

Una vez conocidas tanto las señales como los pasos que se deben tomar desde el centro educativo, es necesario conocer las medidas que podemos adoptar  tal y como indica la Organización Mundial de la Salud:

  • Fomentar un espacio de expresión, en que se reconozcan sus consecuencias, para que el alumnado puede expresar libremente sus sentimientos con respecto al maltrato.
  • Disciplina positiva: Desarrollar límites claros, en el que identifiquen las consecuencias de infringir las normas establecidas.
  • Crear una red de apoyo a estudiantes y familiares que hayan sido perjudicados por el maltrato en alguna de sus formas, proporcionando la atención necesaria para mantener un seguimiento sobre el alumno.
Conclusión

En definitiva, apostar por una prevención y una detección temprana del maltrato infantil desde los centros educativos garantizará el mantenimiento de los derechos infantiles, no solo como labor técnica sino como un compromiso con la infancia. Lograr el respeto por los derechos de los niños debe ser el centro de nuestra práctica diaria para que nuestros alumnos se sientan en un clima de seguridad y confianza.

Sandra López Carrero es maestra de Educación Infantil.

Referencias bibliográficas:

  • (s.f.). Manejo práctico de los problemas pediátricos más frecuentes.
  • Organización Mundial de la Salud. (s.f.). Prevención de la violencia en la escuela.
  • Ropero, M. V. R. (2017). Prevención del Maltrato Infantil en el ámbito escolar.
  • Vainstein, N., y Rusler, V. (2011). Por qué, cuándo y cómo intervenir desde la escuela ante el maltrato
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