La Religión, una asignatura que sigue hablando de valores, mundo y compromiso

La Fundación Edelvives reunió a cerca de 150 personas en el Espacio de la Fundación Telefónica de Madrid para celebrar “La Clase de Reli Cuenta”, una jornada en la que docentes, expertos y el cantautor Migueli defendieron el valor social y personal de la asignatura de Religión.
MagisterioLunes, 20 de abril de 2026
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Foto de familia de los asistentes a la jornada.

La mañana dejó una idea nítida: la clase de Religión sigue teniendo mucho que aportar a la escuela y, por extensión, a la sociedad. Ese fue el espíritu de “La Clase de Reli Cuenta”, un encuentro convocado por la Fundación Edelvives en el Espacio de la Fundación Telefónica de Madrid, donde cerca de 150 personas —profesores y equipos de titularidad— escucharon intervenciones centradas en la transmisión de valores, el diálogo con la cultura contemporánea y el papel educativo de esta materia.

Más allá del formato de jornada, el encuentro quiso subrayar que la asignatura no vive de inercias, sino de su capacidad para responder a preguntas actuales. Entre los mensajes compartidos destacaron la transmisión de valores, la necesidad de que la Religión dialogue con la filosofía y con otras confesiones, y su contribución al cuidado personal y comunitario mediante experiencias como el aprendizaje-servicio. También quedó patente una convicción repetida por varios ponentes: la escuela no puede renunciar a una materia que ayuda a leer el mundo y a situarse en él.

Christian Gálvez y las grietas de la vida

La jornada arrancó con una conversación entre la presentadora Mª Ángeles López y Christian Gálvez, que compartió con el público su regreso a la fe durante un viaje a Jerusalén, después de un tiempo de alejamiento marcado por un episodio doloroso. Su intervención giró en torno a la búsqueda de la luz en medio de las grietas personales y a la idea de que la paz interior permite que no entre la oscuridad. En ese tono íntimo, explicó que su vocación primera fue la de ser maestro de Primaria y defendió la importancia de leer la Biblia incluso sin ser creyente, porque ayuda a comprender la sociedad en la que vivimos.

Gálvez también se detuvo en los evangelios y en la figura de Lucas, al que dijo sentirse cercano por la defensa de las mujeres que atribuye a su relato. Enlazó además la realidad bíblica con la escolar, al afirmar que los profesores acogen hoy a los “excluidos” por elegir la clase de Religión. En esa misma línea, recordó la conocida idea de Goethe sobre las raíces y las alas como dos regalos esenciales para la infancia, un mensaje que atribuyó no solo a las familias, sino también al profesorado. Sus palabras recorrieron el auditorio con frases de fuerte carga emocional, como su certeza de que el amor resume el Nuevo Testamento y su convicción de que los milagros existen porque él los ha vivido.

Mesa redonda sobre el presente de la asignatura

A continuación, Iván Pérez, responsable de Gestión Educativa Institucional de la Fundación Edelvives, moderó la mesa redonda “La asignatura de Religión en el contexto educativo español actual”. Participaron Carlos Esteban, Antonio Alonso, Miriam Ozcoidi, Pilar Yuste y José Miguel Santos, que abordaron el lugar de la materia en el sistema educativo, la evolución del profesorado y la necesidad de vivirla con sentido y alegría. El debate dejó una lectura común: el futuro de la asignatura dependerá menos de discursos externos y más de la manera en que se trabaje desde dentro.

Carlos Esteban defendió que la clase de Religión es un espacio donde emergen valores y donde se ofrece algo que, aunque a veces se minusvalore, deja huella a largo plazo. Él mismo sostuvo que la materia atraviesa una etapa de renovación pedagógica que la sitúa en una nueva versión “3.0”. Pilar Yuste, por su parte, reivindicó la necesidad de la Teología para comprender el mundo y recordó la importancia de educar en valores desde una identidad cristiana. En un plano más práctico, Antonio Alonso insistió en que merece la pena enseñar Religión porque las familias confían en el profesorado y el alumnado lo merece, aunque también reclamó autocrítica y mayor exigencia profesional.

Por qué siguen siendo decisivos los 50 minutos

Uno de los argumentos más repetidos fue el papel de la escuela como último eslabón de una transmisión que en muchas familias se ha debilitado. Miriam Ozcoidi lo expresó con claridad al señalar que esos 50 minutos de clase pueden ser, para muchos alumnos, el único espacio donde conocer el mensaje de Jesús y comprender en qué creen los cristianos. José Miguel Santos añadió que la Religión debe ayudar a construir personas insertas en el mundo, preocupadas por el mundo y abiertas a una dimensión que pasa necesariamente por los otros.

La mesa también dejó espacio para reflexionar sobre la propia identidad de la asignatura. En ese debate aparecen con frecuencia preguntas sobre su sentido, algo que ya se ha abordado en otros encuentros y entrevistas recogidos por MAGISTERIO, como la conversación con Christian Gálvez publicada en este artículo. La idea compartida en Madrid fue que la clase de Religión no compite con otras disciplinas, sino que complementa la formación integral del alumnado cuando ofrece pensamiento, cultura, interioridad y compromiso.

Aprender sirviendo a los demás

La segunda gran aportación de la jornada llegó con la ponencia de Roser Batlle, referente nacional e internacional en Aprendizaje-Servicio. Su intervención puso el foco en una metodología que busca unir excelencia académica y compromiso social, de manera que el alumnado aprenda mientras presta un servicio real a la comunidad. Batlle explicó que no hay que elegir entre ser competente y ser solidario, porque ambas dimensiones pueden caminar juntas si se diseñan experiencias educativas significativas.

En relación con la clase de Religión, defendió que el aprendizaje-servicio permite conocer las realidades sociales del entorno, implicarse en ellas y colaborar con entidades que ya trabajan sobre el terreno. Esa alianza entre centro educativo e instituciones fue uno de los aspectos más repetidos por la ponente, que animó además a participar en la nueva convocatoria de premios vinculados al ApS impulsados por la Fundación Edelvives junto a Educo. La propuesta conectó bien con el mensaje general del día: educar también es enseñar a cuidar.

Una jornada anclada en el presente

El cierre corrió a cargo de María Campos, directora de la Fundación Edelvives, que volvió a insistir en que la clase de Religión ayuda a comprender el mundo, a mirarlo desde los valores y a dar sentido a lo que hacemos. Para quienes creen, añadió, fortalece el camino de fe; para quienes no, ofrece claves culturales y humanas para leer la realidad. Su intervención condensó el tono de toda la jornada: cercanía, defensa pedagógica y mirada de futuro.

La música de Migueli acompañó un encuentro que quiso ser, ante todo, luminoso. En un tiempo de debates intensos sobre la escuela y su sentido, “La Clase de Reli Cuenta” dejó una conclusión compartida: la Religión no solo sigue contando, sino que puede seguir siendo un espacio de encuentro, pensamiento y servicio si sabe hablar el lenguaje del presente.

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