Principales errores del profesorado wokista

El profesorado wokista suele aprobar a casi todos sus alumnos porque piensa que así lo ayuda, que él no quiere ser una piedra en el camino de nadie, especialmente si los alumnos tienen familias poco estructuradas o económicamente desfavorecidas.
Antonio JimenoLunes, 13 de abril de 2026
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Jean-Jacques Rousseau, Karl Marx y Paulo Freire.
En la sanidad no se puede mentir, en la enseñanza sí

En los países occidentales la mayoría de las personas, exceptuando a los docentes, no saben hasta qué punto se ha degradado la enseñanza primaria y la enseñanza secundaria. En general se piensa que los servicios educativos tienen una calidad parecida a los servicios sanitarios, es decir, que exceptuando las largas listas de espera, cuando el enfermo llega a la visita con el médico, le atienden bien y la mayoría de las veces le curan.

En la enseñanza es completamente diferente. Hay una explicación de esta diferencia y es que si los enfermos que van a un determinado médico o a un determinado hospital no se curaran e incluso murieran en una proporción mucho mayor que en el resto, la sociedad se enteraría porque habrían denuncias, se incoarían expedientes, habrían sentencias condenatorias, se cerrarían las clínicas o los hospitales en los que pasa esto, etc. En cambio, en la enseñanza eso no sucede porque basta con aprobar a casi todos los alumnos, aunque no hayan aprendido nada, para que no haya ninguna queja y así nadie se entere. El alumnado estará encantado con pasar al curso siguiente, el profesorado no tendrá ninguna queja y los padres pensarán que si sus hijos, sin tocar un libro en casa, han pasado al curso siguiente, es porque son más inteligentes de lo que parecen. Y no digamos lo contento que estará el Director del centro, el inspector de la zona e incluso el Consejero de Educación, ya que así podrá presumir de lo bien que funcionan las escuelas desde que él o ella llegó a dicho cargo. Hoy, en la enseñanza de nuestro país casi todo es una gran mentira que ninguno de los estamentos antes citados se atreve a decir en voz alta, aunque lo sepa, para poder seguir viviendo en este mundo falsamente feliz de la enseñanza.

Los principales errores de los docentes partidarios de la enseñanza sin esfuerzo

La denominada “enseñanza sin esfuerzo” nació con la LOGSE, la ley socialista de educación que fue aprobada en 1990. Sus principios ideológicos han permanecido hasta hoy, ya que las siguientes leyes de educación apenas los han cambiado. Una ley de educación tan ideológica, precisa que haya muchos docentes que la defiendan y que la apliquen. Ellos son a los que aquí hemos denominado profesores logsistas o wokistas. Se trata de personas que en vez de luchar por conseguir que los alumnos se esfuercen, estudien y aprendan, optan por permitir y disculpar la inactividad de sus alumnos y por criticar a los compañeros que sí intentan que se esfuercen. A continuación se exponen las principales estrategias que siguen para justificar y defender sus planteamientos:

  • Acusar a sus compañeros de suspender a muchos alumnos. Los profesores wokistas dicen que suspenderles es ponerles dificultades para conseguir el título y, por ello, que no puedan acceder al mundo laboral con su título. A eso lo denominan negarse a una “educación con resultados positivos”. Dicen que es abocar a la gente a abandonar los estudios, a generar una sociedad de gente desahuciada que luego se convertirá en carne de cañón en manos de las empresas sin escrúpulos. Si sustituimos “calificaciones” por “capitales” veremos que se trata de un análisis básicamente marxista, es decir el que haría Karl Marx (1818-1883), ya que lo más importante es que todos tengan las mismas calificaciones o muy parecidas, sepan o no sepan.
  • Acusar a sus compañeros de obcecarse en exigir conocimientos. Los profesores wokistas defienden que lo más importante es que los alumnos adquieran la capacidad de valorar y criticar lo que está pasando hoy en su entorno e interpretar correctamente los hechos. Esto implica que, en lugar de trabajar los temas académicos que están programados para ese día o esa semana, se prefiere dedicar el tiempo de clase a comentar las noticias del día, es decir transformar las aulas en tertulias sociales o políticas, lo cual permite adoctrinar a los alumnos en la ideología del profesor. Es la tesis que lamentablemente siempre defendió el pedagogo brasileño Paulo Freire (1921 – 1997).
  • Acusar a sus compañeros de no defender que el problema es exclusivamente de falta de recursos. Los profesores wokistas defienden que todo se solucionaría si el profesorado cobrara más, si hubiera menos alumnos en las aulas, la llamada disminución de la “ratio”, si hubiera más de un profesor en cada aula para atender a los alumnos con dificultades, es decir profesores que les explicaran particularmente lo que no entienden, el llamado profesor de apoyo, que según ellos es la mejor solución para el tratamiento de la diversidad del alumnado.
  • Defender la escuela inclusiva siempre y en todos los centros. Los profesores wokistas son defensores de la escuela inclusiva, es decir aquella en la que en la misma aula también están los alumnos que antes iban a las escuelas especiales, ya sea por tener disminuciones intelectuales graves, por tener reacciones violentas si se les contraría, etc. Para conseguirlo, además de los profesores de apoyo dentro del aula, piden la presencia en el centro de médicos, de trabajadores sociales, de psicólogos, etc. Reconocen que una misma clase la han de preparar de tres o cuatro formas diferentes para poder atender la diversidad del alumnado y que ni así lo consiguen, pero a pesar de todo esto defienden la escuela inclusiva, evidentemente porque quieren ser políticamente correctos. Los sindicatos del “sin esfuerzo” están encantados con este planteamiento, porque cuantas más personas trabajen en la enseñanza, más afiliados pueden tener. Todo esto es carísimo y también muy peligroso, porque en cuanto pasados unos pocos años, la Administración educativa constata que no lo puede pagar, primero disminuye todo el personal de apoyo y luego lo elimina. Entonces, como ya han cerrado los centros de educación especial que habían o quedan muy pocos, el profesor tiene que hacer frente, terriblemente solo, a una diversidad enorme de requerimientos especiales de su alumnado a los que no puede atender. Pero el gran defecto de la enseñanza inclusiva es que al no haber exigencia académica para aprobar, ya que han de poder aprobar todos, los alumnos que sí podrían esforzarse y aprender, no lo hacen porque constatan que no es necesario para aprobar. Los docentes que defienden la escuela inclusiva tienen una concepción roussoniana del alumno, es decir piensan, como lo hacía Jean-Jacques Rousseau (1712-1778), que el alumno nace con un instinto natural a aprender y esforzarse, y que es el profesorado exigente el que le perjudica. Este es uno de sus grandes errores, el desconocer la naturaleza humana. Esta es la razón por la que no consiguen que sus alumnos aprendan y adquieran hábitos de trabajo.
  • Acusar a sus compañeros de proponer innecesariamente la repetición de curso. Es indignante ver que ante un alumno que no ha adquirido los conocimientos imprescindibles para aprovechar el curso siguiente, el profesorado wokista se empeñe en promocionarlo. Es como si no les importara nada perjudicar la formación académica de sus alumnos. Si un alumno accede a un curso en el que no puede entender lo que allí se enseña, ya nunca más va a aprender nada. En ningún otro tipo de enseñanza, sea un curso para aprender a conducir, esquiar, nadar, hablar un idioma, etc., se promociona a un alumno a un nivel en el que para aprovecharlo es imprescindible saber lo que dicho alumno todavía no sabe.

El profesorado wokista dice que muchas veces repetir curso no sirve para nada, es decir que el alumno al finalizar la repetición sigue sin saber lo que debería haber aprendido y sigue sin haber adquirido hábitos de estudio. Pero esto no sucede porque ese año extra que se le ha dado, no sea una gran oportunidad para aprender, sino porque el alumno repetidor sabe que haga lo que haga, aprenda o no aprenda, entregue los trabajos o no los entregue, apruebe los exámenes o no los apruebe, al año siguiente va a promocionar al curso siguiente porque así lo establece la ley actual. Todo se arreglaría, es decir la repetición de curso sería muy útil, si el alumno repetidor supiera que si después de la repetición no aprueba, ya no podrá seguir el mismo itinerario académico que tenía, sino otro más sencillo, tras el cual no hay las mismas opciones de continuidad. Este planteamiento no solo sirve para que los alumnos aprendan, sino para que maduren, es decir para que vean que hay una relación estrecha entre lo que se desea hacer y el esfuerzo personal que hay que hacer para conseguirlo.

La imprescindible reconversión del profesorado wokista

El profesorado wokista suele aprobar a casi todos sus alumnos porque piensa que así lo ayuda, que él no quiere ser una piedra en el camino de nadie, especialmente si los alumnos tienen familias poco estructuradas o económicamente desfavorecidas. Por otro lado así no tiene quejas de sus alumnos, que le podrían recriminar, con razón, no haberles enseñado lo que era necesario para aprobar. Como todos sus alumnos aprueban y no hay quejas de nadie, ni su jefe de departamento ni el inspector del centro quieren intervenir, pese a que sepan que está regalando las notas. La única solución para conseguir que este profesorado empiece a enseñar lo que está establecido y a calificar a sus alumnos con justicia, es que haya una evaluación externa con valor académico al final de la ESO, es decir que el alumno que no la supere, no pueda acceder a la siguiente etapa, sea la formación profesional o el bachillerato, sino que ha de volver a presentarse.

En cuanto en un centro haya muchos alumnos que no superen la prueba de acceso a la formación profesional o la de acceso al bachillerato, habrá quejas de los alumnos y de sus padres, se mirará cuál es la materia que ha fallado y se sabrá que profesores la impartían. A partir de aquí, la gran mayoría del profesorado wokista empezará a hacer correctamente su trabajo, que es el de enseñar y evaluar correctamente a sus alumnos, como la de los médicos es intentar curar a sus pacientes. Sin estas evaluaciones externas al final de la ESO, no se podrá arreglar el problema de los docentes wokistas.

Antonio Jimeno, residente de AMES (Acción para la Mejora de la Enseñanza Secundaria)

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