Un espectáculo bochornoso
El equipo contaba con dos entrenadores, un hombre y una mujer, y ambos insistían con firmeza para que se ejerciera una defensa presionante en toda la pista e impedir así que el equipo contrario pudiera sacar de fondo cada vez que encestaban. Y si lo conseguía, la defensa debía de ser aún más agresiva para que no pasara de medio campo y, mucho menos, lograra realizar un tiro a canasta. El objetivo era dejar al equipo contrario con el marcador a cero, de ahí que no cejaran en esa defensa individual presionante durante todo el partido ni aunque su ventaja superara los treinta puntos.
Se puede entender que en determinadas competiciones sénior se busque obtener en el marcador la mayor renta posible, pues ésta puede resultar clave en la clasificación final. Pero lo que resulta incomprensible es que esta actitud de humillar al rival y de no permitirle jugar el balón bajo ningún concepto se fomente en una competición femenina de categoría benjamín, donde las niñas de nueve años se encuentran en su primer periodo de formación. ¡Qué bochorno y qué vergüenza causa ver esta actitud antideportiva alentada por personas adultas! Con conductas como ésta, lo conveniente sería poner punto final a las competiciones escolares, pues se causa un daño irreparable en el ánimo de muchas niñas de continuar practicando un deporte de equipo como es el baloncesto.
