Uno de cada tres estudiantes cambia o abandona sus estudios universitarios. ¿Qué está fallando?

El problema empieza en la Educación Secundaria: los estudiantes llegan sin haber tenido la oportunidad de descubrir su vocación. Estamos pidiendo a los jóvenes que decidan su futuro a ciegas.
Chema Pascual FrancoMiércoles, 8 de abril de 2026
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Aproximadamente uno de cada tres alumnos cambia o abandona sus estudios universitarios. Tres estudios académicos de referencia* así lo confirman. Un dato tan contundente obliga a preguntarse por qué ocurre esto. Ninguno de esos tres estudios entra a valorar las causas. Lo que sigue no es una conclusión demostrada, sino una hipótesis construida a lo largo de 30 años dedicados a la educación, desde la observación directa de cientos de jóvenes enfrentados a esta decisión. Una hipótesis que, sin embargo, creo que merece ser planteada en voz alta: una parte significativa de ese fracaso tiene su origen mucho antes de que el alumno pise la universidad.

A los 17 años se pide a los estudiantes que tomen una de las decisiones más trascendentales de su vida: hacia dónde quieren orientar su futuro académico y profesional. Mientras que una parte del alumnado tiene clara su vocación, existe otro porcentaje significativo que aún no la ha descubierto y ni el sistema educativo español ni el modelo actual de orientación profesional les ofrecen herramientas suficientes para hacerlo.

El sistema educativo español preuniversitario ofrece muy pocas asignaturas opcionales que permitan al alumnado explorar su vocación durante la ESO y en Bachillerato la elección queda en gran medida condicionada por la modalidad elegida. La autonomía real del alumno para explorar libremente áreas de conocimiento distintas es, en la práctica, muy reducida.

Si comparamos, por ejemplo, el sistema educativo español con el canadiense —reconocido sistemáticamente como uno de los mejores del mundo en los informes PISA y en los principales rankings internacionales—, la diferencia es notable. En Canadá, el currículo combina un núcleo de asignaturas troncales obligatorias con una amplia oferta de materias optativas que el alumno elige libremente según sus intereses. Y a medida que se avanza de curso, el peso de las troncales se reduce progresivamente, ampliando el margen de elección libre, sin condicionamientos (a diferencia de nuestro sistema),  del estudiante. Es un sistema mucho más flexible  que ofrece al alumnado muchas más posibilidades de explorar y descubrir su vocación.

Otro ejemplo: en Estados Unidos, el currículo se organiza mediante un sistema de créditos obligatorios y optativos, lo que permite que una parte significativa de la formación —en muchos casos entre un 30% y un 50%— sea elegida por el propio alumno en función de sus intereses: inteligencia artificial, fotografía, edición de vídeo, desarrollo de apps, programación, arquitectura, derecho, biología marina, astronomía, medicina, enfermería, fisioterapia, biotecnología, criminología… y así hasta más de 200 opciones.

Sistemas flexibles como los dos mencionados proporcionan a los estudiantes una amplia oportunidad de explorar antes de decidir, en contraposición a las limitadas posibilidades que ofrece nuestro sistema.

La solución parece, a primera vista, compleja dentro del sistema educativo español, que difícilmente va a evolucionar —al menos en el corto plazo— hacia modelos más flexibles como los de otros países

Con respecto al sistema de orientación profesional/vocacional en España, este se basa fundamentalmente en la provisión de información sobre estudios y profesiones, el uso de tests de aptitudes y en algunos casos, charlas impartidas por universidades. Todo ello tiene un valor innegable, pero responde a un enfoque eminentemente informativo. Sin embargo, para aquellos estudiantes que no tienen clara su vocación, la información puede resultar insuficiente. La vocación, en muchos casos, no se descubre a través de la información, sino mediante la experimentación. Desde esta perspectiva, posiblemente la falta de oportunidades de exploración vocacional en las etapas preuniversitarias está detrás de muchos de los casos de esta elevada y preocupante cifra de cambio o abandono de estudios universitarios.

Errar en la elección de estudios post-bachillerato tiene consecuencias importantes en varios planos. Para el alumno: frustración, desmotivación y una pérdida de tiempo difícil de recuperar en una etapa decisiva de su vida. Para las familias: la preocupación por el futuro de sus hijos, la impotencia de no haber podido ayudarles en una decisión tan trascendental y, en muchos casos, un impacto económico muy significativo, especialmente cuando el joven ha tenido que desplazarse a otra ciudad o cursar estudios en una universidad privada. Para la sociedad en su conjunto: recursos públicos destinados a una formación que no llega a completarse, con el coste económico y de reputación institucional que eso implica.

La solución parece, a primera vista, compleja dentro del sistema educativo español, que difícilmente va a evolucionar —al menos en el corto plazo— hacia modelos más flexibles como los de otros países. Del mismo modo, los equipos de orientación trabajan con herramientas limitadas y con un margen de actuación condicionado por la propia estructura del sistema. Sin embargo, esta realidad no debería llevarnos a la resignación, sino a la reflexión. Quizás el reto no sea sustituir el modelo actual, sino complementarlo. Incorporar, de algún modo, espacios reales de exploración que permitan a los estudiantes aproximarse a distintas áreas del conocimiento y profesiones antes de tomar decisiones definitivas. Porque, si algo parece claro, es que el modelo exclusivamente informativo resulta insuficiente para una parte significativa del alumnado.

Algunos centros, en función de su contexto y grado de autonomía, pueden tener mayor capacidad para experimentar con nuevas propuestas. Pero, más allá de las diferencias entre modelos, lo que sí parece evidente es que todos —públicos, concertados y privados— deberían plantearse la siguiente pregunta: ¿Podemos seguir pidiendo a los alumnos que decidan sin haber tenido la oportunidad de experimentar o ha llegado el momento de replantear cómo acompañamos a nuestros jóvenes en una de las decisiones más importantes de su vida?. En mi opinión, si hay algo que podamos hacer para ayudar a nuestros adolescentes a descubrir su vocación, deberíamos hacerlo, porque una decisión tan vital en la vida de nuestras hijas e hijos merece toda nuestra atención y apoyo.

Chema Pascual Franco es diplomado en Magisterio y educador.

Notas:

* “La universidad en cifras”, de Juan Hernández Armenteros (UJA) y José A. Pérez García (UPV), publicado por CRUE Universidades Españolas.

“Análisis del abandono de los estudiantes de grado en las universidades presenciales en España”, María Fernández-Mellizo, marzo 2022, Universidad Complutense de Madrid.

“U-Ranking 7ª edición, Indicadores Sintéticos de las Universidades Españolas”, dirigido por Francisco Pérez y Joaquín Aldás, Universitat de València e Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE), publicado por la Fundación BBVA.

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