El diálogo con los ciudadanos sobre las altas capacidades

Omar Jerez
Artista
14 de mayo de 2026
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Esta semana he ofrecido una charla sobre altas capacidades en la Comunidad de Madrid, y lo más interesante de la interacción con el público no fue tanto lo que expliqué, sino las preguntas y cuestionamientos que surgieron durante el encuentro entre los asistentes. Si algo he podido notar es que, aunque se trata de un tema aún poco conocido por la mayoría de la población, las personas manifiestan un nivel de empatía e interés como pocas veces había observado en este tipo de eventos.

Entre esas preguntas se encontraban: ¿Cómo manejan las personas con altas capacidades el aburrimiento cuando el proceso de ideas avanza más rápido que su entorno? ¿Es posible medir el cociente intelectual con instrumentos distintos a un test de inteligencia? ¿El tener altas capacidades conduce a buscar un ambiente similar? ¿Ha mejorado el sistema educativo en los últimos años en relación con las altas capacidades intelectuales? O cuestiones como: mi hijo tiene altas capacidades, ¿qué hago para que tenga el mismo éxito que mi otro hijo que no posee esta condición?

Estas interrogantes son las que permiten continuar formando un cuerpo teórico y avanzar en paralelo para que las altas capacidades intelectuales dejen de ser un tema marginal y se incorporen en el debate ciudadano como un aspecto más conocido y, sobre todo, comprendido. El comunicador debe ser muy técnico, pero ante todo pedagógico, para que en un espacio de una hora lo transmitido sirva a los ciudadanos como parte de un esquema fundamentado con información valiosa, y que les permita distinguir mejor entre mitos o formulaciones, digamos, cinematográficas, y la realidad cotidiana. Esas preguntas deben considerarse un indicador —como ocurrió en este caso— de que la gente tiene acceso a la información, y esto los impulsa a interactuar con lo desconocido desde un acto de escucha y sumo respeto.

Algo que quienes comunicamos sobre un tema —en este caso las altas capacidades intelectuales— debemos asumir como un mandato de máxima responsabilidad. Nuestro logro no se mide por los datos que exponemos, sino por los proyectos que trabajan hacia la comprensión real. Solo gestionando desde la humildad la curiosidad del público en conocimiento riguroso lograremos que las personas con altas capacidades encuentren el espacio, la empatía y el acompañamiento que verdaderamente necesitan en nuestra sociedad.

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