¿Es necesario desarrollar programas de prevención de las adicciones dirigidos al alumnado de Formación Profesional?

Difícilmente puede contestarse de modo negativo a esta cuestión. Sin embargo, dada su relevancia, se puede hacer necesario analizar con cierta profundidad los elementos que sustentan esta necesidad, así como los espacios y agentes que pueden responsabilizarse de dicha intervención.
Javier Pérez CusóLunes, 18 de mayo de 2026
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La prevención del consumo de drogas y otras conductas adictivas ha sido una de las preocupaciones e intereses sociales que se han trasladado al sistema educativo, con la aplicación de multitud de programas e intervenciones (con mayor o menor nivel de evidencia), aunque dirigidos preferentemente a las etapas educativas obligatorias.

La Formación Profesional se ha constituido clásicamente como la rama menos atendida del sistema educativo, configurándose hace décadas más como una opción secundaria, dirigida a “malos estudiantes”, que como una alternativa viable y adecuada para determinados intereses y necesidades formativas.

El impulso que los últimos años se está dando al sistema de Formación Profesional, tanto por parte de las diferentes administraciones educativas, como por parte de diferentes actores de la sociedad civil, pone de relieve la importancia de estos estudios y nuevos planteamientos en su estructura y la formación y acompañamiento a su alumnado, también en su desarrollo personal y social.

Por otro lado, los últimos años también se está poniendo de relieve el potencial impacto que pueden tener los consumos de sustancias en el entorno laboral, así como la presencia de diferentes factores de riesgo y protección asociados tanto a diferentes sectores productivos, como a diferentes ocupaciones. Por ejemplo, el último informe sobre consumo en entorno laboral del Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones muestra diferentes niveles de consumo en algunas sustancias entre diferentes sectores de actividad: Por ejemplo el consumo diario de alcohol es del 20% de los trabajadores en el sector de la construcción, frente a un 9.3% del sector de hostelería o un 4.1% en actividades domésticas y servicios personales.

En el ámbito sectorial encontramos también informes como el desarrollado en el sector de la construcción, en el que aparecen algunas diferencias en consumos según el nivel formativo de los trabajadores, con mayor consumo de bebidas estimulantes y cannabis o consumo de riesgo de alcohol entre titulados en FP que entre titulados universitarios, o según el puesto de trabajo, con mayores consumos de bebidas estimulantes entre peones y oficiales frente a personal directivo o de administración.

En Estados Unidos, por ejemplo, se ha detectado un mayor consumo de determinadas sustancias por parte de personal de enfermería, muy relacionado con determinados factores de riesgo específicos de dicha ocupación, incluso se ha llegado a detectar que durante los primeros meses de COVID, se incrementó el consumo de alcohol y otras drogas por parte de trabajadores y trabajadoras en el ámbito sanitario

También se han analizado sectores más específicos, también con ocupaciones relacionadas con estudios de formación profesional, como la producción de espectáculos musicales, en las que aparecen riesgos específicos en torno a la salud mental y el consumo de sustancias, o en el ámbito de la hostelería, destacando riesgos como la disponibilidad de sustancias, la carga de trabajo, y el consumo como estrategia de afrontamiento e incluso de relación con los clientes.

Estos datos ponen de relieve la importancia de desarrollar programas de intervención preventiva, también en los estudios de formación profesional, abordando de modo específico aquellos factores de riesgo y protección más relacionados con las distintas familias y títulos de FP. También se ha de tener claro cómo desarrollar dichas intervenciones desde perspectivas metodológicas adecuadas y rigurosas, como el desarrollo de actividades dirigidas al desarrollo de habilidades personales y sociales, como la toma de decisiones o la resolución de problemas, así como la potenciación de una cultura y política clara en torno a la venta y consumo de determinadas sustancias, tanto ilegales como legales. Además, será necesario tener en cuenta la perspectiva de género en las intervenciones, valorando tanto las diferentes tipologías de consumo según sexo, la presencia diferenciada de hombres y mujeres en diferentes sectores de ocupación y familias profesionales, así como el impacto diferenciado de factores de riesgo y protección.

¿En qué espacios es posible e interesante desarrollar intervenciones preventivas?

En primer lugar, en el propio centro educativo, desde una perspectiva de prevención ambiental, se deben desarrollar y potenciar políticas y culturas de promoción de la salud y protección frente al consumo de drogas, partiendo del propio equipo directivo y atravesando toda la organización escolar, acciones que se consideran más eficaces que aquellas puramente informativas.

En segundo lugar, en el marco propio de los módulos profesionales, de modo que los contenidos de prevención puedan ir asociados a la realidad concreta de las diferentes familias y títulos, como experiencias dirigidas a la formación en la familia de hotelería de servicio responsable de alcohol, o formación específica para conductores de vehículos de transporte por carretera, entre otros. Más que en un módulo concreto, lo ideal sería que se desarrolle de modo integral a través de los diferentes contenidos impartidos a lo largo de cada título.

En tercer lugar, el módulo de Itinerario Personal para la Empleabilidad, desde su transversalidad y relación con el desarrollo de habilidades transversales se constituye como un espacio privilegiado para la intervención preventiva. En este módulo se abordan, entre otros contenidos, resultados de aprendizaje y criterios de evaluación relacionados con la gestión básica de riesgos laborales, las competencias personales y sociales relacionadas con el sector profesional, las condiciones laborales, expectativas e itinerarios profesionales, la responsabilidad en el desarrollo profesional, entre otros elementos desde los que se puede trabajar la realidad del consumo de sustancias y su relación con factores personales, contextuales y del desarrollo de la propia carrera profesional.

Finalmente, en relación con el periodo de formación en empresa, en el que el alumnado de formación profesional no sólo desarrolla competencias específicas y transversales, sino que conoce de primera mano el entorno laboral y se enfrenta por primera vez a algunos de sus factores de riesgo y protección específicos (horarios, posible disponibilidad de sustancias, relación con clientes, carga de trabajo, relaciones, etc.) En este espacio adquieren relevancia dos figuras: el tutor del centro educativo y el tutor de empresa, que asumen un importante rol de acompañamiento del alumnado en este nuevo contexto y pueden convertirse en una importante referencia personal y profesional.

Javier Pérez Cusó es profesor Titular del Departamento Métodos de Investigación y Diagnóstico en Educación de la Universidad de Murcia.

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