¿Hablas conmigo… DECINE? con Gonzaga Manso y su debut con "2 días"

El director debuta en el largometraje con una historia de dos hombres mayores perdidos en el mar, una película premiada en Málaga que convierte el deterioro cognitivo, la culpa familiar y el humor en materia cinematográfica.
Juan Luis SánchezViernes, 22 de mayo de 2026
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Gonzaga Manso debuta en el largometraje con Dos días, una película que sigue a un médico de 89 años que, pese al avance de la pérdida de memoria y a la preocupación de su familia, decide embarcarse en una última travesía de pesca junto a un amigo de toda la vida. En la conversación con Juan Luis Sánchez, el director repasa cómo construyó una historia sobre la amistad, el paso del tiempo y la vejez, además del esfuerzo del rodaje en el mar, la importancia de la emoción en cada plano y la respuesta del público, premiando la película en el Festival de Málaga.

Una historia de memoria y culpa

Detrás del proyecto late una idea muy reconocible: el paso del tiempo y la sensación de no haber estado lo suficiente con quienes nos cuidaron. El director explica que quiso contar qué significa envejecer sin caer en el lamento fácil, sino desde una mirada más abierta, más cercana y también más amable con el espectador.

En ese enfoque pesa mucho la experiencia personal. Manso reconoce que la película está inspirada en su propio abuelo y en ese momento incómodo en el que los hijos y los nietos descubren que la vida avanza demasiado deprisa. La culpa aparece entonces como una emoción silenciosa y compartida, casi universal, que atraviesa la relación entre generaciones.

Pero el relato no se mueve solo en el territorio del dolor. El cineasta defiende que incluso en los procesos más duros siempre hay espacio para la risa, porque la realidad rara vez se presenta en un único tono. Por eso, «2 días» incorpora momentos de humor que alivian la tensión y hacen más humana la experiencia de sus personajes.

Rodar de verdad, aunque duela

Si la historia ya era arriesgada en lo dramático, la puesta en escena lo fue todavía más. Manso asumió la dirección, el guion y la fotografía, una combinación que define como una locura bonita y, a la vez, muy natural para alguien que empezó su carrera en la imagen fija y ha pasado años trabajando la relación entre luz, encuadre e ինտención narrativa.

La decisión de rodar en el mar real fue clave. Aunque se valoró la posibilidad de recrear parte del metraje en estudio, el director prefirió apostar por la verdad del entorno para que no afloraran las costuras de la posproducción. El resultado fue un rodaje exigente, con jornadas nocturnas, oleaje y una logística complicada, pero también con una sensación de autenticidad que se percibe en pantalla.

Un casting encontrado a tiempo

La película también descansa sobre un reparto muy afinado. Saturnino García fue, según Manso, una elección casi inmediata: el director vio en su mirada algo que le recordaba a su abuelo y encontró en él la autoridad serena y la humanidad necesarias para el personaje del médico jubilado.

A su lado, Jesús Outes aporta espontaneidad, humor y una verdad muy ligada al mundo del mar. El casting fue difícil y llegó tarde, pero precisamente por eso su incorporación terminó siendo una de las grandes alegrías del proceso. Junto a ellos, las interpretaciones de Melania Cruz y Aurora Maestres completan una familia que respira vida, improvisación y verdad emocional.

Más allá de la anécdota de producción, «2 días» deja una idea clara: mirar a la tercera edad no es mirar al final, sino a una parte de la existencia que el audiovisual ha explorado demasiado poco. Y, quizá por eso mismo, la película de Gonzaga Manso encuentra su fuerza en algo tan simple como acompañar a tiempo a quienes un día nos acompañaron a nosotros.

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