José Pérez Adán: "Sin Dios, no hay reflexión sobre la moralidad humana"
José Pérez Adán es una figura polifacética de nuestro panorama intelectual. Le conocemos por su firme defensa de la libertad de enseñanza y el homeschooling y por llevar a la práctica sus tesis comunitaristas como rector de la Universidad Libre Internacional de las Américas (ULIA), pionera en la formación online, gratuita y provida. Cartagenero de 1952 afincado en Valencia, destila un talante pacífico que a veces contrasta con la contundencia de sus diagnósticos. Le entrevistamos por su más reciente y breve ensayo, Pensar lo social como si Dios existiera, que condensa las reflexiones de toda una vida para plantear un postulado desafiante: la modernidad se ha suicidado al reducir al ser humano a un mero objeto, y la única salida razonable a esta crisis pasa por volver a contar con Dios.
Por tres razones, primera porque me ha salido así. Cada libro tiene vida propia y este ha querido empezar donde inicia y acabar donde acaba. Se trata de una reflexión completa. En segundo lugar, porque quería que fuese original y la epigonía de la modernidad, creo que con lo que digo aquí, está más que justificada. Y, en tercer lugar, porque son exigencias del guion epocal. Aunque se publiquen más libros cada vez, la gente lee cada vez menos, y muchos nada. Y he querido llegar a un público amplio.
Aparte de otros criterios, también hay aquí un criterio de utilidad racional que se usa por defecto: sin Dios, no hay reflexión social posible sobre la moralidad humana. Del mismo modo que, a diferencia de otros, veo entre modernidad y postmodernidad un continuo, a diferencia de otros también, distingo ética de moral. La ética deviene racionalmente de lo cultural, de la razón en el tiempo que transcurre, y es propositiva. La moral, por el contrario, deviene racionalmente de lo sobrenatural, de lo/s sujeto/s apercibidos por lo/s que pasa el tiempo, y es descriptiva. Así, entiendo que, sin el afuera de Dios, no puede haber, propiamente, moralidad.
La vía sociológica para llegar a la existencia de Dios que apuntamos en ese libro es una constatación operativa de que, aunque no lo reconozcamos, contamos con la divinidad. Negar a Dios supone negar muchas cosas que, incluso los ateos, no quieren negar. Por eso parto de Dios. Es de sentido común. Si la inexistencia de Dios es imposible de demostrar, mientras que su existencia cuenta con varias demostraciones plausibles, es ilógico hacer ciencia como si Dios no existiera. Más vale curarnos en salud y empezar a hacerlo que llevamos bastante retraso. Particularmente en las ciencias sociales esto es capital.
Efectivamente. Sustituir un absolutismo divino argumentable y razonable, por otro absolutismo, llamémosle laico, dependiente de voluntades más que de razones, y, por tanto, imposible de trasladar de tiempo y lugar, supone proponer la greña continua, cargarse el universalismo de lo humano, y tender puentes a la irracionalidad y, a la larga, a la descomposición social.

Sustituir el absolutismo divino por un absolutismo laico supone tender puentes a la irracionalidad y, a la larga, a la descomposición social
"No entiendo la postmodernidad como opuesta a la modernidad sino como su consecuencia. De alguna manera la modernidad se suicida con la razón asesina, intra y extrauterina, que, mediante la negación de la condición de sujeto a todo ser humano, nos aboca entender al otro como objeto, y, por tanto, a tener menos escrúpulos para deshacernos de los demás y de su sustento mediante la bomba o el ecocidio. De paso la técnica, hija de la razón instrumental, nos da las armas para perpetuar como objetos a quienes dejemos vivir, conformando sus mentes y perpetuando sus dependencias encerrados en panópticos mentales (Bentham) que faciliten el acceso a un mundo mejor y feliz (Huxley y Orwell).

La modernidad se suicida al negar la condición de sujeto a todo ser humano, abocándonos a entender al otro como un mero objeto
"Propongo comenzar el tránsito a una nueva época negando la vigente, diciendo no a lo que en nuestras vidas represente las esclavitudes de la modernidad. Lo concreto en irse sin moverse del sitio. Irse del consumismo materialista, del individualismo y sus adicciones de bienestar (pantallas), irse de clientelismos anónimos, irse de la moda del usar y tirar, irse del seguidismo mediático, etc. Después ya podremos ejercer nuestro derecho a posesionarnos de nosotros mismos, a autodominarnos, a pensar por libre. Será el momento entonces de tomar decisiones para conformar ámbitos de realización novedosos, en los que, en mi opinión, deberá estar presente la espiritualidad, que es lo que nos robó la modernidad con su implantación. Naturalmente todo esto supone una labor de crítica y desbroce importante, gran parte de la cual tendrá que hacerse en y desde ámbitos educativos. Habrá que recordar una cosa: fray ejemplo es el mejor educador.

Propongo transitar a una nueva época diciendo no a las esclavitudes de la modernidad: irse del consumismo materialista, del individualismo, de la adicción a las pantallas y del seguidismo mediático
"Sí, varios de estos temas los he tratado en otras obras. Mi visión es básica. Quiero decir que estos cambios vitales y otros similares no pueden ser dictados por ningún poder, deben ser generados desde abajo. No tengo mensaje político, sino, más bien, antipolítico en el sentido de civil. Eso de equiparar lo público con lo político es un disparate, lo público es civil. Lo político es, en todo caso es supracivil, al menos en los lugares donde no hay autogestión y prima la delegación política mediante la representación, como en casi todos los países. Es a nivel de base, como debemos edificar la nueva cultura y, mejor si la vamos implantando en los ámbitos privados de antemano, no vaya a ser que, en ausencia de esas personales conquistas privadas, se produzca un efectivo y rápido colapso epocal, y tras la modernidad nos venga, desde arriba, algo peor al no encontrar nada sólido debajo.
En educación defiendo la máxima pluralidad posible. No hay leyes a la totalidad mejores que otras. Lo malo en todas es la soterrada ambición totalitaria: que todo el mundo pase por el mismo aro. Es un horror. España es un país plural. ¿Por qué no permitir que esa pluralidad florezca desde en una genuina libertad educativa? En Europa sobran planes ¿Por qué no los hacemos todos válidos en cualquier lugar a elección de sus beneficiarios locales, las familias? ¿Por qué no permitimos la educación en familia o homeschooling? ¿Por qué no damos libertad a ciudadanos, familias, entidades locales, e instituciones a conformar sus propios proyectos educativos? ¿No bastaría después una reválida de mínimos? ¿Tenemos miedo de la libertad? Son temas a pensar y plantear porque, querámoslo o no, esto no va a seguir igual. Devienen cambios importantes y hemos de corregir los errores del pasado.

En educación defiendo la máxima pluralidad posible. Lo malo en todas las leyes es su soterrada ambición totalitaria: querer que todo el mundo pase por el mismo aro es un horror
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