José R. Ayllón: "El Cid sigue siendo un modelo cívico plenamente vigente"
José Ramón Ayllón Vega (Cantabria, 1955) es un pensador que ha forjado su carrera impartiendo clases de literatura, ética y filosofía en diversas instituciones universitarias y educativas. En su reciente obra La mirada del Cid (Homolegens), sobrevuela la España y la Europa de la Edad Media para enmarcar a Rodrigo Díaz de Vivar en la compleja pugna histórica entre reinos moros y cristianos. Ayllón ofrece claves didácticas fundamentales para que los profesores de Ciencias Sociales y Literatura acerquen a lo que entonces se llamó Restauración y hoy Reconquista. En nuestro diálogo, el autor desgrana cómo enseñar a los jóvenes a leer la historia sin los prejuicios del siglo XXI y por qué el Campeador, gracias a su lealtad y mesura, sigue siendo un modelo cívico.
Depende de lo que entendamos por perenne. Con Antígona, la Odisea, Don Quijote y Hamlet no hay ninguna duda. Tampoco con la Biblia. El Cantar del Cid no está entre los «Top Ten», pero es una obra extraordinaria, y casi diría que todo español tiene la obligación cultural y moral de conocerla.
Sin Reconquista, España podría ser hoy un país muy parecido a Marruecos o Argelia. Dentro de la Reconquista, la figura y la historia del Cid son tan poderosas como atractivas. Valorarlas en su justa medida supone conocerlas bien. Con ese requisito, un buen profesor de historia y de literatura tiene en Rodrigo Díaz una excelente oportunidad educativa.

Cualquier joven mínimamente informado sabe que la política suele regirse por criterios inmorales, donde el afán de poder, la ignorancia, la envidia, la mentira y la violencia se imponen con frecuencia a la justicia, a la verdad, al juego limpio. La historia está llena de ejemplos impresionantes. A Dante le desterró injustamente su propia república, Florencia. Carlos V, en el norte de África, no supo apreciar la capacidad militar de Hernán Cortés. El Gran Capitán fue ninguneado por Fernando el Católico. En el caso del Cid, el rey Alfonso VI no fue una excepción. Al desterrar a Rodrigo –que bien podía ser el mejor de sus vasallos- cometió el enorme error de dejarse influir por nobles poderosos y envidiosos.

Cualquier joven sabe que en política los criterios inmorales se suelen imponer a la justicia: el Cid fue desterrado a pesar de ser el mejor vasallo
"Bueno…, creo que los cruzados franceses no son fanáticos. Están en su derecho de recuperar unos Santos Lugares arrebatados por las armas a los cristianos. Si los españoles no hubieran estado ocupados en la Reconquista, se habrían sumado a las Cruzadas. España tampoco fue un modelo de convivencia entre judíos, moros y cristianos, como nos repite ahora un buenismo que quiere ser políticamente correcto. La expresión terror sarraceno, acuñada entonces, habla por sí sola. Abordo ese controvertido asunto en varias páginas, y sigo la opinión de historiadores tan acreditados como Sánchez Albornoz.

La expresión 'terror sarraceno' deja claro que España no fue un modelo de convivencia entre judíos, moros y cristianos, como nos repite hoy un buenismo que quiere ser políticamente correcto
"Esa cuestión me recuerda a los estudiosos que dicen que Homero no fue Homero, y que Shakespeare no fue Shakespeare. La autoría del Cantar no cambia su realidad, que es lo que realmente nos importa. Apenas conocemos los nombres de los arquitectos o maestros de obras que construyeron las catedrales románicas y góticas, pero lo importante es la arquitectura que nos dejaron.
Así es. La ejemplaridad del Cid, más que su valentía o su fuerza, explica su enorme popularidad y le convierte en imitable por lectores de cualquier edad y condición. Por eso ha sido llevado al cine y al teatro, a la ópera y a la novela, al documental y al cómic. Por eso ha sido propuesto como modelo por los poderes públicos de cualquier signo político.

La ejemplaridad del Cid explica su popularidad y le convierte en imitable por lectores de cualquier edad y condición
"Me ha sorprendido la extrema complejidad de la España del siglo XI, agitada por la pugna interminable entre 15 reinos moros y 5 cristianos, que en numerosas ocasiones se convierte en guerra de todos contra todos. También me ha sorprendido la pujanza de la mal llamada Edad Media (todas las edades han sido medias). Tiene fama de violenta, pero en realidad fue valiente, enfrentada a la amenaza islámica y al saqueo y devastación incesante de los vikingos. También tiene fama de ignorante, pero en tiempos del Cid los monasterios conservaban y transmitían la incomparable cultura de Grecia y Roma; se extendía el estilo románico; nacía la música de cámara y se fundaba la Universidad de Bolonia. Me conformo con una recomendación: leer una buena edición del Cantar, adaptada al castellano actual y comentada.
La Edad Media no fue violenta, sino valiente; no fue ignorante, sino que transmitió la cultura. España, en el siglo XI, muchas veces era una guerra de todos contra todos
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