La Complutense analiza cómo integrar la IA en la universidad sin perder el criterio humano

El I Congreso Internacional de Inteligencia Artificial CISIA365, celebrado en la Universidad Complutense de Madrid, dejó una idea central en su tercera mesa: la universidad no puede quedarse al margen de la IA y debe adaptarse con formación, nuevas formas de evaluar y una visión humanista del aprendizaje. La conferencia de clausura corrió a cargo de Luis Collado, Senior Manager de News Google.
MagisterioViernes, 8 de mayo de 2026
0

Luis Collado, Senior Manager de News Google: “La IA no es magia ni un sustituto del cerebro humano; es una herramienta poderosa que puede mejorar la vida si se usa con criterio, supervisión y responsabilidad”

La tercera mesa redonda de este I Congreso Internacional de Inteligencia Artificial CISIA365, titulada «¿IA herramienta destructora o generadora de nuevos estudios académicos?», contó con la moderación de Graciela Padilla Castillo, vicedecana de Política Científica y Doctorado y profesora en Ciencias de la Información, y reunió a José María de Moya, director general en Siena Educación; Fernando Peinado Miguel, profesor en el Departamento de Periodismo y Comunicación Global de la Universidad Complutense de Madrid; y José Ignacio Niño González, profesor de la Universidad Complutense de Madrid y director del Máster en Creatividad y Planificación Estratégica de Ogilvy.

El intercambio de ideas dejó claro que el cambio ya no es una hipótesis, sino una realidad que obliga a repensar la docencia universitaria, la evaluación y el papel del profesorado.

La universidad ante el reto de la IA

Desde el arranque, el mensaje fue claro: no se trata de mirar la tecnología con miedo, sino de asumirla con normalidad crítica y con una actitud práctica. Los intervinientes defendieron que la IA puede ahorrar tiempo, facilitar tareas repetitivas y abrir nuevas posibilidades, pero solo si el alumnado aprende a formular buenas preguntas, a contrastar resultados y a extraer valor real de las herramientas. En ese sentido, la universidad aparece como el lugar donde se debe cultivar pensamiento crítico, criterio profesional y capacidad de adaptación.

Uno de los ejes más repetidos fue la necesidad de que la universidad cambie sus métodos sin caer en el vértigo de crear estructuras nuevas por puro efecto de la novedad. La IA, se subrayó, no exige necesariamente inventar carreras específicas para cada avance tecnológico, sino integrar su uso en las distintas materias y reforzar una formación transversal que prepare a los estudiantes para un entorno cada vez más digital. La clave está en enseñar cómo usarla, para qué usarla y cuándo desconfiar de sus respuestas.

También se insistió en que el profesorado tiene una responsabilidad doble: formarse primero y trasladar después ese conocimiento al aula. El debate dejó una advertencia nítida: si la universidad sigue evaluando solo con trabajos finales o exámenes tradicionales, corre el riesgo de no saber quién ha pensado de verdad y quién se ha limitado a delegar en la máquina. Por eso, la mesa defendió un giro hacia sistemas de evaluación que midan la comprensión real, la reflexión propia y la capacidad de argumentar.

Pensar seguirá siendo decisivo

En el intercambio apareció una idea especialmente poderosa: la IA no sustituye el valor de una buena pregunta. Varios ponentes coincidieron en que, cuanto más accesible es la tecnología, más importante resulta la formación previa del estudiante. La inteligencia artificial puede acelerar procesos, pero no reemplaza la necesidad de comprender, contextualizar y decidir. La universidad, por tanto, debe seguir siendo un espacio donde se aprende a pensar mejor, redactar mejor y analizar mejor.

En esa misma línea, se defendió que la creatividad humana sigue teniendo un componente emocional y experiencial que la máquina no reproduce. La IA puede ordenar, sintetizar y hasta proponer soluciones con notable eficacia, pero la experiencia vivida, la empatía y la intuición siguen siendo territorios propiamente humanos. Por eso, el reto no es oponer personas y máquinas, sino construir una relación inteligente en la que la tecnología complemente la capacidad humana sin diluirla.

De los grados a la formación permanente

El debate también abrió una puerta a la formación continua. Más que multiplicar títulos de moda, los ponentes apostaron por reforzar la actualización permanente de profesionales y docentes, desde la escuela hasta la universidad y el mundo laboral. En una época de cambios rápidos, la educación ya no puede entenderse como un trayecto cerrado, sino como un proceso de mejora constante que exige microformación, reciclaje profesional y acompañamiento institucional.

En este punto, la crónica del congreso enlaza con otros debates que Magisterio ya ha ido recogiendo sobre el papel de la universidad en la integración de la IA, como el análisis sobre la necesidad de una estrategia universitaria propia para no quedarse atrás, disponible en este reportaje. La coincidencia de enfoques refuerza la misma conclusión: la adaptación no puede ser improvisada.

Luis Collado: la IA como herramienta humana

La intervención de Luis Collado, Senior Manager de News Google, cerró el encuentro con un enfoque deliberadamente pragmático. Su mensaje evitó los discursos apocalípticos y situó la IA como lo que, a su juicio, realmente es: “una herramienta creada por el ser humano para ampliar capacidades, no para suplantarlas”. Frente al miedo a que las máquinas «se coman» el trabajo humano, defendió una mirada más serena, basada en la evolución tecnológica, la adaptación y la confianza en que quien se ajusta al cambio sobrevive.

Collado recorrió ejemplos concretos para mostrar que la IA ya está presente en la vida cotidiana y en sectores clave. Habló de su uso en medicina, desde el diagnóstico por imagen hasta la aceleración de procesos de investigación y desarrollo; en la creación de materiales más resistentes y eficientes; en la gestión del tráfico; en la detección de incendios forestales y en la lucha contra el cambio climático. También recordó que herramientas habituales como Google Maps, los traductores automáticos, los sistemas de fotos o los asistentes de atención al cliente funcionan ya con lógica de inteligencia artificial.

Uno de los puntos más destacados de su intervención fue el cambio en la forma de interactuar con la tecnología. Según explicó, “el gran salto no está solo en buscar información, sino en conversar con la máquina en lenguaje natural, formulando peticiones más precisas y complejas”. De ahí que el dominio de los prompts se haya convertido en una habilidad esencial: ya no basta con escribir unas palabras sueltas, sino que hace falta aprender a pedir bien, estructurar la consulta y afinar el resultado.

El responsable de Google también puso el acento en los riesgos que sí deben vigilarse. Entre ellos mencionó “el sesgo algorítmico, la necesidad de sistemas de verificación, la protección de la privacidad y una regulación equilibrada que no frene la innovación”. Para Collado, la educación digital y la alfabetización en IA serán decisivas en la siguiente etapa, cuando llegue la inteligencia artificial agéntica. Su mensaje final fue inequívoco: “la IA no es magia ni un sustituto del cerebro humano; es una herramienta poderosa que puede mejorar la vida si se usa con criterio, supervisión y responsabilidad”.

0
Comentarios