La Liga de la Accesibilidad amplía su recorrido y pone el foco en el mundo rural
Representantes de la Federación Española de Municipios, el CERMI, Fundación ONCE, Fundación La Caixa y Fundación Step by Step.
La Liga de la Accesibilidad® ha presentado este 14 de mayo su segunda edición en el hub de Por Talento Digital de Fundación ONCE, en un acto que ha servido para repasar los resultados de su primera etapa y, al mismo tiempo, para dibujar las líneas maestras de un proyecto que quiere crecer en ambición y alcance. La iniciativa, promovida por la Fundación Step by Step con el apoyo de entidades públicas y privadas, nace con una vocación clara: convertir la accesibilidad universal en una experiencia educativa con capacidad real de transformar municipios y de cambiar la mirada de quienes participan en ella. Más información en Liga de la Accesibilidad.
La segunda edición llega después de una primera fase que movilizó a más de 600 estudiantes y dejó una huella visible en el territorio. Esa experiencia inicial ha servido para validar un modelo de trabajo que combina formación, observación directa del entorno y propuestas de mejora canalizadas por el propio alumnado. Ahora, el proyecto se prepara para un nuevo salto, con previsión de arrancar en el primer trimestre del curso académico 2026-2027 y de extenderse progresivamente a nuevas provincias y comunidades autónomas.
El planteamiento de la Liga de la Accesibilidad® no se limita a impartir contenidos sobre discapacidad o normativa. Su propuesta va un paso más allá y traslada al alumnado a una dinámica de aprendizaje aplicada, en la que se analiza el entorno cotidiano para detectar obstáculos, evaluar barreras y formular soluciones. La lógica del programa es sencilla, pero ambiciosa: aprender conceptos, ponerlos en práctica y convertir ese conocimiento en una herramienta útil para el municipio.
La metodología, basada en el esquema Aprendo-Hago-Consigo, sitúa a los estudiantes en el centro del proceso. Primero adquieren nociones sobre accesibilidad universal; después observan su entorno urbano y localizan problemas concretos; y, finalmente, elaboran propuestas de mejora que trasladan a su ayuntamiento o a otros actores del territorio. El resultado es un aprendizaje que no se queda en el aula, sino que desemboca en una intervención cívica con vocación de continuidad.
En la práctica, esto convierte a los jóvenes en agentes activos del cambio, capaces de identificar barreras en calles, comercios, equipamientos públicos o espacios de uso común. El proyecto apuesta así por una pedagogía cercana y tangible, que conecta la formación con la realidad diaria de los municipios y que busca generar una conciencia duradera sobre la importancia de diseñar entornos para todas las personas.
Durante la presentación, Pep Esteba, responsable del proyecto, repasó algunos de los principales resultados de la primera edición, desarrollada en Girona. Allí participaron ocho municipios, se superaron las 30.000 horas de formación y el alumnado llegó a mapear miles de establecimientos y barreras urbanas. Las cifras, explicó, no solo avalan el interés de los centros educativos y de los consistorios, sino que muestran la capacidad de la iniciativa para generar información útil y, al mismo tiempo, sensibilización social.
Esteba defendió que uno de los grandes logros de la experiencia es haber logrado cambiar la mirada sobre la accesibilidad. En su intervención recordó que este asunto no afecta únicamente a las personas con discapacidad, sino también a la movilidad, al turismo, al comercio, a los servicios públicos y, en definitiva, a la vida diaria de cualquier ciudadano. La accesibilidad, subrayó, no es un elemento accesorio ni un complemento, sino una condición básica para garantizar derechos y mejorar la calidad de vida.
El responsable del proyecto insistió además en que la respuesta del alumnado ha sido especialmente positiva cuando la formación se plantea de manera práctica y con ejemplos reconocibles. Según explicó, los jóvenes comprenden con rapidez la dimensión social de las barreras cuando pueden observarlas en su entorno y proponer mejoras concretas. Esa implicación, añadió, es la que da sentido a una iniciativa que aspira a consolidarse y a crecer con el paso de las ediciones.
Uno de los ejes de la presentación fue la importancia de la colaboración entre administraciones, organizaciones sociales y fundaciones privadas. En el acto participaron representantes de la Fundación ONCE, la Fundación «la Caixa», el CERMI y la FEMP, además de la Fundación Step by Step como impulsora de la propuesta. El mensaje común fue que la accesibilidad universal no puede depender de un solo actor, sino que requiere una suma de esfuerzos sostenida en el tiempo.
José Luis Martínez Donoso, director general de Fundación ONCE, recordó que la accesibilidad es mucho más que una cuestión técnica o de cumplimiento normativo. La definió como una apuesta por la dignidad, por la igualdad de oportunidades y por la participación plena en la vida social. A su juicio, el valor de la iniciativa radica en que traslada esa idea a la educación y la convierte en una cultura compartida, algo especialmente relevante cuando se pretende avanzar desde la sensibilización hacia el compromiso real.
Desde la FEMP, Luis Martínez-Sicluna puso el foco en el papel de los municipios como pieza clave de la transformación. En su intervención subrayó que la accesibilidad debe incorporarse a toda la organización local, desde el diseño de los espacios públicos hasta la prestación de servicios. También recordó un dato que marca buena parte del desafío territorial: el 87 % de los municipios españoles tiene menos de 5.000 habitantes, lo que sitúa al medio rural en el centro de cualquier estrategia que aspire a no dejar a nadie atrás.
Por su parte, Marc Simón Martínez, subdirector general de Fundación «la Caixa», defendió que el proyecto encaja plenamente con la necesidad de sumar educación, sensibilización y cooperación institucional. A su juicio, la clave está en construir una visión compartida que permita avanzar socialmente sin excluir a ningún territorio y sin relegar a las personas con mayores dificultades de acceso.
El mundo rural ocupó un lugar destacado en la presentación, no solo por su peso demográfico, sino porque concentra muchas de las dificultades que la accesibilidad universal pretende corregir. La segunda edición de la Liga quiere reforzar precisamente ese despliegue en poblaciones pequeñas y medianas, donde las limitaciones en infraestructuras, transporte, servicios y conectividad suelen ser más acusadas.
La idea, según se explicó durante el acto, es que la accesibilidad también se piense desde los territorios menos visibles y que el debate no quede limitado a las grandes ciudades, donde las políticas públicas suelen tener más recorrido y mayor capacidad de difusión. Llevar la sensibilización a los pueblos y municipios de menor tamaño supone, en este sentido, una forma de democratizar el acceso a la información y de promover cambios concretos allí donde más pueden notarse.
El mensaje de fondo es que la accesibilidad no debe entenderse como un lujo urbano ni como una medida pensada solo para determinados entornos. Al contrario, la iniciativa reivindica que es una necesidad transversal que afecta a todos los municipios, con independencia de su tamaño o de su capacidad presupuestaria. Y, precisamente por eso, requiere una pedagogía específica y una implicación local decidida.
Pilar Villarino, directora ejecutiva del CERMI, recordó que la accesibilidad universal debe asumirse como una cultura ciudadana que se aprende desde edades tempranas. Desde esa perspectiva, la escuela aparece como el espacio más adecuado para sembrar una sensibilidad que luego pueda trasladarse a la vida adulta, a la actividad profesional y a la toma de decisiones públicas.
Esa dimensión formativa fue reforzada por Federico Crespo Nomen, presidente de la Fundación Step by Step, quien habló de la necesidad de asegurar un verdadero relevo generacional. Su planteamiento fue claro: si las nuevas generaciones no incorporan la accesibilidad como un principio básico de convivencia, será más difícil sostener los avances en el futuro. La Liga aspira precisamente a eso, a crear una base de jóvenes más conscientes de las barreras y más comprometidos con su eliminación.
La segunda edición se presenta así como una inversión a medio y largo plazo. No solo busca transmitir conocimientos, sino influir en la forma en que los estudiantes perciben su entorno y en la manera en que, mañana, podrían ejercer responsabilidades en la política, la empresa, la gestión pública o el tejido asociativo. La apuesta es formar ciudadanos capaces de identificar desigualdades y de actuar para corregirlas.
Más allá de los resultados de su primera edición y de las expectativas para la siguiente, la Liga de la Accesibilidad® se consolida como una propuesta que combina educación, participación y transformación social. Su objetivo no es únicamente formar alumnado, sino abrir una conversación estable sobre cómo construir municipios más inclusivos, más accesibles y más atentos a las necesidades reales de toda la ciudadanía.
La colaboración entre entidades públicas y privadas ha sido presentada como una de las claves del éxito del proyecto. Esa alianza, sostienen sus impulsores, permite sumar recursos, conocimiento y capacidad de llegada a distintos territorios. En un contexto en el que la accesibilidad sigue planteando retos muy diferentes según el municipio, esa cooperación se considera imprescindible para que las iniciativas no se queden en experiencias aisladas.
Con su segunda edición en marcha, la Liga de la Accesibilidad® aspira a consolidar un modelo que ya ha demostrado ser útil en términos educativos y sociales. La meta es clara: ampliar la base de estudiantes implicados, llegar a más provincias, reforzar la sensibilización en el medio rural y convertir la accesibilidad en un compromiso compartido por instituciones, centros escolares, empresas y ciudadanía.

