Más allá de las pantallas: la OCDE alerta del deterioro mental en la juventud
La imagen que deja el informe es la de una generación que avanza con el pulso alterado. No se trata de una sacudida puntual ni de un episodio aislado: la OCDE afirma que el malestar emocional de la juventud lleva años creciendo y que el COVID-19 solo aceleró una tendencia previa, visible ya en muchos países desde mediados de la década pasada. El diagnóstico se apoya en datos comparados, en literatura científica y en entrevistas a especialistas, y concluye que el deterioro es real, sostenido y difícil de explicar por una sola causa.
En nueve de los once países con series comparables entre 2012 y 2022, los indicadores de salud mental juvenil cayeron a un ritmo medio anual de entre el 3% y el 16%. La organización subraya además que, entre 2014 y 2022, el porcentaje de adolescentes con bajo estado de ánimo o múltiples quejas de salud aumentó en todos los países HBSC analizados. La lectura es clara: la tendencia descendente no es una intuición social, sino una pauta estadística que se repite en distintos sistemas educativos y sanitarios.
El informe pone el foco, además, en la brecha de género y edad. Las chicas y los adolescentes de más edad aparecen como los grupos más castigados: en 2022, el 68% de las chicas de 15 años informó de múltiples síntomas de malestar, frente al 36% de los chicos, y las hospitalizaciones por autolesiones entre chicas de 0 a 17 años crecieron un 29% entre 2015 y 2023 en trece países. La OCDE no dramatiza sin matices, pero sí advierte de que las señales de alarma son más intensas en la adolescencia tardía y entre las jóvenes.
Si hay una idea que atraviesa el documento es la de la complejidad. La OCDE insiste en que no existe un único culpable y que, cuando se pregunta a clínicos y responsables públicos, aparece un mapa de presiones que se superponen: digitalización, sobreexposición informativa, conflicto global, incertidumbre económica, bullying y presión académica. La relación entre pantallas y salud mental, advierte el informe, es ambivalente y contextual: puede haber apoyo, pertenencia y acceso a información útil, pero también peor sueño, más comparación social y mayor exposición a contenidos dañinos. En esa conversación, además, encaja bien el debate escolar sobre la atención fragmentada, al que también ha dedicado atención Magisterio en esta guía de apoyo al docente.
La fotografía del digital no es lineal. La OCDE recuerda que el uso de dispositivos por la noche se asocia con peor sueño, y que el descanso insuficiente es un factor de riesgo bien asentado para la ansiedad y la depresión. En paralelo, el informe señala que el uso intensivo de redes sociales se relaciona con peores resultados en algunos grupos, aunque los efectos suelen ser pequeños y no siempre consistentes. Por eso el documento evita el atajo de hablar de
