Sarah Harmon: "los retos son humanos" en la jornada de ODILO

ODILO celebró este 20 de mayo en el Palacio de los Duques de Santoña la III Jornada de Retos de las Administraciones Públicas en Innovación y Formación, una cita dedicada a la educación, el empleo y el ámbito social, con Sarah Harmon, Esther Monterrubio y Ainhoa Marcos como voces centrales.
MagisterioMiércoles, 20 de mayo de 2026
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Sarah Harmon, directora general de ODILO, situó el foco en la esperanza y en la necesidad de entender el aprendizaje como un proceso de vida.

La cita de este 20 de mayo arrancó en el Palacio de los Duques de Santoña con una idea clara: los desafíos del sector público no se leen ya solo en clave tecnológica, sino también humana. La jornada, organizada por ODILO y anunciada como la III Jornada de Retos de las Administraciones Públicas en Innovación y Formación, reunió a responsables institucionales y expertos en torno a educación, empleo y ámbito social.

La esperanza como punto de partida

En la apertura, Sarah Harmon, directora general de ODILO, situó el foco en la esperanza y en la necesidad de entender el aprendizaje como un proceso de vida. Su mensaje, según las declaraciones compartidas por la organización, giró en torno a una convicción sencilla y poderosa: «el aprendizaje no es un momento«, sino una experiencia continua que acompaña a las personas en todas sus etapas.

Harmon defendió que el verdadero reto no pasa solo por acumular herramientas, sino por usarlas bien para mejorar la vida de las personas. Desde esa mirada, lanzó una de las frases que mejor resumieron la jornada: «los retos son humanos«. También pidió convertir el encuentro en un espacio de comunidad, creatividad e innovación, donde la tecnología no se entienda como un fin en sí mismo, sino como un medio al servicio de trayectorias vitales más ricas y más justas.

Una FP flexible y conectada con el empleo

La secretaria general de FP del Ministerio de Educación, Esther Monterrubio, aportó después la visión institucional. Defendió una formación profesional flexible, acumulable y conectada con el mercado laboral, capaz de reconocer distintos aprendizajes y de acompañar a las personas durante más tiempo. Su intervención reforzó la idea de que la FP debe ser un puente entre educación, empleabilidad e innovación.

Esther Monterrubio, Secretaría General de Formación Profesional del Ministerio de Educación.

Por su parte, Ainhoa Marcos, responsable de Educación de ODILO y anfitriona de la jornada, subrayó que los retos ya no son solo técnicos, sino también de acompañamiento, comunidad y propósito compartido. Con una intervención muy ligada a la accesibilidad y a la experiencia real de los usuarios, recordó que la tecnología solo genera impacto cuando se pone al servicio de la inclusión y la mejora de las trayectorias vitales.

Ainhoa Marcos, responsable de educación de Odilo.
La digitalización, si mejora el aula

La primera mesa redonda, titulada «Nuevas estrategias de digitalización educativa y aprendizaje continuo», fue la que concentró el núcleo más pedagógico de la mañana. En ella intervinieron Carmen Gómez Labrador, Tomás Fernández Escudero y Mª Eugenia Pérez Fernández, y el debate dejó una idea común: la digitalización educativa solo tiene sentido si va acompañada de calidad metodológica, formación docente y una visión de largo plazo.

Digitalizar no es solo incorporar pantallas o dispositivos. Los ponentes insistieron en que la clave está en el diseño de experiencias de aprendizaje que combinen teoría y práctica, que estén conectadas con la realidad del aula y que no dejen fuera a nadie. La conversación giró una y otra vez hacia la equidad, la inclusión y la necesidad de que la innovación no agrande brechas, sino que las reduzca.

El profesorado, pieza clave del cambio

Uno de los temas más repetidos fue el de la formación del profesorado. La mesa subrayó que cualquier transformación real exige docentes preparados, acompañados y capaces de integrar la tecnología con sentido pedagógico. Sin esa base, advirtieron, la digitalización corre el riesgo de quedarse en una mera sustitución de soportes. Con ella, en cambio, puede convertirse en una palanca para personalizar el aprendizaje y mejorar la experiencia educativa.

También apareció con fuerza la idea de la competencia digital entendida como una capacidad compleja, que no se limita al manejo técnico. Los participantes defendieron que el sistema debe avanzar hacia itinerarios formativos flexibles, acreditables y acumulables, pero también hacia una alfabetización más amplia, que incluya el uso ético y responsable de la tecnología y el desarrollo de habilidades sociales y críticas.

Otro de los mensajes centrales fue el valor de las metodologías activas y del trabajo por proyectos. La mesa coincidió en que los proyectos digitales funcionan cuando se conectan con retos reales, con contextos concretos y con una lógica de colaboración entre centros, administraciones, familias y empresas. El objetivo, resumieron, no es solo aprender contenidos, sino desarrollar capacidades que permitan resolver problemas, adaptarse a los cambios y seguir aprendiendo durante toda la vida.

La familia, parte de la transformación

En ese marco, la relación con las familias ocupó también un lugar destacado. Los ponentes señalaron que el aprendizaje no puede quedarse encerrado en el aula, sino que debe construirse como un proyecto común de la comunidad educativa. La implicación familiar, junto con la del profesorado y la de las administraciones, apareció como una condición clave para sostener cualquier transformación con impacto real.

La mesa dejó además otra conclusión compartida: la sostenibilidad de los proyectos importa tanto como su lanzamiento. No basta con poner en marcha iniciativas innovadoras si después no pueden mantenerse en el tiempo, evaluarse y mejorar. La digitalización, defendieron, debe ir acompañada de planificación, criterios de calidad y una visión estable que permita convertir las experiencias puntuales en cambios estructurales.

Empleo e impacto social, el siguiente paso

Tras este bloque, la jornada continuó con la segunda mesa redonda, «Capacitación e innovación para impulsar el talento en el empleo», y con la tercera, «Maximizando el impacto social de las Administraciones Públicas». Ambas completaron el recorrido temático de ODILO, aunque el protagonismo de la mañana quedó claramente marcado por el debate sobre cómo aprender mejor, con más equidad y con una digitalización al servicio de las personas.

En conjunto, la jornada dejó una sensación de consenso útil: la educación digital necesita criterio pedagógico, formación continua y una apuesta firme por la equidad. Y, sobre todo, necesita entender que la transformación no consiste en incorporar más tecnología, sino en construir mejores oportunidades de aprendizaje para todos.

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