Solo el 37% de los colegios públicos bilingües madrileños supera el estándar de calidad, según la EB

Solo el 37% de los centros participantes supera los 400 puntos que la Asociación Enseñanza Bilingüe fija como umbral de calidad. Xavier Gisbert, presidente de la entidad, interpreta ese dato como la evidencia de que el programa bilingüe de los colegios públicos de Madrid ha perdido calidad.
MagisterioViernes, 8 de mayo de 2026
0

El informe de Enseñanza Bilingüe, elaborado por la Asociación de Enseñanza Bilingüe, sitúa en 37% de los centros la proporción que supera el listón de los 400 puntos, el mínimo exigido para optar al sello de calidad. Xavier Gisbert resume así el golpe de datos: «solo el 37%», frente a unos pilotos iniciales que, según recuerda, apuntaban a que todos los centros estaban en condiciones de superar los estándares.

Un diagnóstico con nombre y apellidos

La radiografía se construye a partir de 38 CEIPs participantes y de una herramienta de autoevaluación que valora diez bloques, desde la organización del centro hasta la evaluación, los recursos, la formación docente o las actividades bilingües. Gisbert sostiene que el cambio ya no se explica con intuiciones: antes, dice, todo eran «opiniones, percepciones, comentarios», pero ahora hay «datos que dejan claro» que el programa ha perdido calidad.

Las debilidades que más pesan

Las peores notas del estudio aparecen en formación del profesorado, en el uso de la lengua meta en el centro y en las actividades vinculadas al programa. El propio Gisbert lo formula sin rodeos: «El estudio muestra que la lengua meta se usa de manera insuficiente en muchos centros y que la formación del profesorado tiene que ser mejorada». Los resultados medios de esos bloques reflejan la grieta: 51 puntos en enseñanzas, 39,1 en formación y 36,9 en actividades, mientras que otros apartados como profesorado, auxiliares o metodología sostienen mejor la media global.

En la evaluación externa, el retrato tampoco mejora. El informe recuerda que el objetivo de primaria es llegar al nivel B1 del Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas y, sin embargo, solo el 32% del alumnado escolarizado en 6º logra ese nivel o superior; entre los presentados a la prueba, el porcentaje sube al 36%. Gisbert define este apartado como “una gran debilidad” y lo coloca entre las señales más claras del desgaste del programa.

La voz de los centros

El cuestionario de contexto refuerza esa impresión. Cuatro de cada cinco centros aseguran que no cuentan con apoyo de la Consejería de Educación, y cerca del 87% cree que la calidad de su programa debe mejorar. Al mismo tiempo, una mayoría respalda que la Historia de España se imparta en español en primaria dentro de un programa bilingüe y admite que la aplicación del decreto 59/2024 ha provocado cambios en el centro.

Qué pide ahora la asociación

A partir de este diagnóstico, la Asociación Enseñanza Bilingüe no se limita a señalar carencias: también plantea una hoja de ruta para corregirlas. Su primera petición es aumentar de forma real el uso del inglés en el aula y en la vida cotidiana del centro. No basta, sostienen, con que la lengua esté presente en las programaciones o en carteles y documentos, sino que debe ser el vehículo habitual de trabajo en las áreas no lingüísticas, en las rutinas, en parte de las actividades complementarias y en la relación diaria con el alumnado.

La entidad insiste además en reforzar la formación continua del profesorado, uno de los puntos más débiles del informe. Reclama una oferta estable, específica y útil, orientada no solo a mejorar la competencia lingüística de los docentes, sino también a dotarlos de herramientas metodológicas para enseñar contenidos en inglés con eficacia. En ese paquete incluye asesoramiento, acompañamiento en el aula y espacios para compartir buenas prácticas entre centros, con el objetivo de que la formación no quede en cursos aislados o de carácter meramente administrativo.

Otro de los ejes es la evaluación interna y periódica. Gisbert defiende que los centros deben medir de forma sistemática qué se está haciendo, con qué intensidad se usa la lengua meta y qué resultados obtiene el alumnado, para detectar desajustes antes de que se consoliden. La asociación pide que esa revisión no se reduzca a comprobar notas finales, sino que analice también la coordinación del profesorado, la coherencia del proyecto lingüístico, el grado de participación del claustro y el aprovechamiento de los auxiliares de conversación.

En paralelo, el informe aboga por dar más peso a la internacionalización. La idea, explican, es que el bilingüismo no se agote en la clase de inglés, sino que abra el centro a intercambios, proyectos europeos, contactos con otros sistemas educativos y experiencias que permitan al alumnado usar la lengua en contextos reales. Esa dimensión, subrayan, ayuda a que el idioma deje de ser una materia y se convierta en una herramienta de comunicación y aprendizaje con utilidad fuera del colegio.

La asociación también pide una oferta potente de recursos y apoyo institucional. Entre sus reclamaciones figuran más tiempo de coordinación para los equipos docentes, materiales ajustados al nivel real de los alumnos, un mejor aprovechamiento de los auxiliares de conversación y un seguimiento más cercano por parte de la administración. A su juicio, muchos centros han asumido el programa con entusiasmo, pero sin el acompañamiento suficiente para sostenerlo en el tiempo.

Y hay un objetivo que atraviesa todo el documento: que el mayor número posible de alumnos alcance el nivel B1 al final de la etapa. Para la entidad, ese debe ser el indicador de referencia del sistema, porque permite comprobar si la enseñanza bilingüe está sirviendo de verdad para mejorar la competencia lingüística. Si el porcentaje de alumnos que logra ese objetivo sigue siendo tan bajo, advierten, el programa corre el riesgo de convertirse en una estructura formal con resultados insuficientes.

Por último, la asociación reclama a la Consejería que vuelva a situar el bilingüismo como una prioridad política, no solo como una etiqueta de sistema. Eso, según Gisbert, implica recuperar el acompañamiento a los centros, revisar la aplicación de la normativa, escuchar a los equipos directivos y garantizar que los recursos se distribuyen con criterios pedagógicos y no únicamente administrativos. La conclusión del presidente es clara: el programa sigue en pie, pero necesita una corrección urgente si quiere recuperar el pulso que tuvo al arrancar.

0
Comentarios