Una huelga hasta el infinito y más allá

Jesús Asensi
Profesor de Religión
18 de mayo de 2026
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Algunos mal pensados afirman que los docentes de los centros públicos valencianos se pueden permitir una huelga indefinida, pues su cuenta bancaria está en números negros. De ahí que, por ejemplo, aprovechen las manifestaciones convocadas en la ciudad de Valencia para fomentar la economía local, almorzando en sus bares y comprando en sus comercios.

Pero la realidad quizá sea bien distinta, pues muchos de ellos, si los días de huelga se prolongan, tendrán que poner en alquiler sus segundas residencias, cancelar ese viaje a un país del tercer mundo o a un lugar paradisíaco, posponer la fecha de su jubilación anticipada o pedir el alta voluntaria para solidarizarse con los compañeros que no están recibiendo sueldo alguno.

Con el pan de los tuyos no se juega, por eso el Gobierno valenciano debería tomarse muy en serio las reivindicaciones de estos educadores y, acto seguido, aplicarlas también a los que trabajan en los centros privados concertados. Y, por supuesto, que ni por asomo piensen que uno de los motivos de esta huelga indefinida es preparar el camino para que la coalición progresista del Botánico recupere el poder en las próximas elecciones autonómicas… ¿o va a ser que sí?

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