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Conviene hablar de sectas para prevenir abusos sin curiosidad morbosa

Luis Santamaría, profesor y experto, considera el Bachillerato como momento en que los estudiantes pueden estudiar el tema con más madurez.
Santiago MataViernes, 5 de junio de 2026
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Luis Santamaría del Río (Zamora, 1982) es teólogo, profesor de Religión en Secundaria y Bachillerato, y uno de los mayores investigadores del fenómeno sectario en España. En 2005 fue uno de los fundadores de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES), cuya labor de divulgación y ayuda a las familias le lleva a colaborar habitualmente con las fuerzas de seguridad. Santamaría alerta de que la tecnología ha facilitado la captación hasta llegar al extremo del «sectarismo sin secta», donde las personas se autorradicalizan solas en sus habitaciones. En esta entrevista, ofrece al profesorado claves fundamentales para desarrollar el sentido crítico de los alumnos.

¿En qué momento de la enseñanza es oportuno introducir el tema de las sectas?

Yo lo trato en Bachillerato. Antes no es un tema que me guste abordar directamente, porque se corre el riesgo de despertar alguna curiosidad malsana. Como mucho, en 4º de la ESO se puede tratar de forma más genérica, englobado dentro de la prevención de la violencia psicológica en general.

¿Cómo define qué es una secta?

Me gusta utilizar la definición de mi compañero Vicente Jara: una secta es un «grupo social depredador que practica el mimetismo y el señuelo». Es depredador porque va a cazar personas. Practica el mimetismo porque se camufla, haciéndose pasar por un grupo religioso, una asociación cultural, un curso de filosofía o una terapia para superar el estrés. Y utiliza un señuelo, que es ofrecer algo positivo y atractivo que la persona desea. Las sectas se basan siempre en el engaño; el escaparate que muestran para atraerte no tiene nada que ver con la trastienda, cuyo único objetivo es someterte.

Sigue existiendo el prejuicio de que quien cae en estas redes es porque tiene poca formación o inteligencia.

Ese es el primer gran error, creernos inmunes. La gente no entra en una secta porque sea tonta; entra porque la han engañado. Yo se lo digo a mis alumnos: las sectas no van a nuestra cabeza, van a nuestro corazón. Se nutren de nuestras vulnerabilidades, que pueden ser heridas, una crisis personal o un duelo; pero también se aprovechan de nuestras mejores cualidades, como el idealismo, el altruismo o la búsqueda de una espiritualidad profunda.

Luis Santamaría, miembro de la RIES (foto Santiago Mata).
Luis Santamaría, miembro de la RIES (foto Santiago Mata).
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La gente no entra en una secta porque sea tonta; entra porque la han engañado. Las sectas no van a la cabeza, van al corazón

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¿De qué manera han agravado internet y las redes sociales este fenómeno?

Internet ha sido un aliado fantástico para las sectas. Los captadores ya no tienen que ir a la estación de autobuses; la gente comparte con desparpajo su vida interior en la red, y si alguien cuenta que está mal o que ha fallecido un familiar, ya tienen la puerta abierta. Un ejemplo paradigmático es el de Patricia Aguilar, la joven de Elche captada a 10.000 kilómetros de distancia por un gurú en Perú a través de internet. Todo el proceso de manipulación ocurrió en su propia habitación, a través del ordenador, produciendo un aislamiento absoluto frente a su familia. Es lo que llamamos «sectarismo 2.0».

Advierte usted de la existencia de un "sectarismo sin secta", facilitado por plataformas como Telegram.

Así es. Nos llegan muchos casos de personas que sufren una especie de autolavado de cerebro sin pertenecer a ningún grupo concreto ni interactuar directamente con un gurú. Lo he visto desde en un chico de 15 años hasta en una señora de más de 80, a la que sus hijos le regalaron una tablet y acabó encerrada consumiendo vídeos sobre el apocalipsis inminente. En Telegram encontramos canales que mezclan teorías de la conspiración con pseudoterapias peligrosas, como el consumo de dióxido de cloro (CDS) para curar enfermedades. Al final, la persona se desconecta totalmente de la realidad.

Los alumnos pueden preguntar si la propia Iglesia Católica tiene comportamientos sectarios. ¿Cómo se afronta esa cuestión?

Es una pregunta muy sana. La Iglesia Católica no es una secta porque falla la voluntad de engañar, de mostrarse como una cosa y ser otra: hay plena transparencia. Ahora bien, claro que pueden darse conductas o ramalazos sectarios en determinados grupos o movimientos dentro de la Iglesia. Pero la diferencia radical es que la Iglesia Católica tiene autoridad y herramientas no solo para corregir eso (como destituir a los líderes en casos de abusos de poder o de conciencia), sino para prevenirlo, porque esos grupos no son independientes. En una secta pura, no se puede intervenir; el líder ocupa el lugar de Dios.

Luis Santamaría, experto en sectas y profesor de Religión (foto Santiago Mata).
Luis Santamaría, experto en sectas y profesor de Religión (foto Santiago Mata).
¿La clase de Religión puede ser entonces una herramienta de prevención?

Estoy convencido de que la clase de Religión bien hecha es un antídoto fantástico frente a las sectas. Ayuda a los jóvenes a pensar, a ser críticos y a recibir un legado cultural y espiritual sano, aprendiendo a distinguir para que no los engañen. Como decía el apóstol San Pablo: «Examinadlo todo y quedaos con lo bueno». Esa actitud es vital para que los jóvenes no busquen atajos ni recetas mágicas a los problemas complejos de la vida.

A las afueras de la Cruz (BAC, 2023), obra de Luis Santamaría sobre las sectas de origen cristiano en España.
A las afueras de la Cruz (BAC, 2023), obra de Luis Santamaría sobre las sectas de origen cristiano en España.
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La clase de Religión bien hecha es un antídoto fantástico frente a las sectas. Ayuda a los jóvenes a pensar, a ser críticos y a que no los engañen

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