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De vez en cuando

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Durante la década de los 90, en muchos escuelas de EEUU se prohibieron los frutos secos debido al riesgo que suponía la ingesta de cacahuetes para los alumnos alérgicos. En 2008 las tasas habían crecido más del triple. Nadie sabía por qué los niños estadounidenses se estaban volviendo de repente más alérgicos a los cacahuetes, que, además, es una legumbre y no un fruto seco. Pero la razón era clara: esas tasas aumentaron precisamente porque los padres y profesores empezaron a sobreproteger a los niños evitando una respuesta inmune protectora. No siempre lo que no te mata te hace más fuerte pero sí parece cierto que todos necesitamos desafíos físicos y mentales que impidan nuestro amilanamiento y deterioro.

Taleb introdujo en el debate el término antifrágil. Los desafíos, los obstáculos y las dificultades nos permiten aprender, adaptarnos y crecer. “Esta es la tragedia de la modernidad: al igual que los padres tan sobreprotectores que rozan la neurosis, quienes más nos intentan ayudar son los que más nos acaban perjudicando”.

Se trataría de preparar al niño para el camino y no el camino para el niño. Evitar cualquier cosa que moleste a nuestros hijos sería caer en el error de la alergia a los cacahuetes, un círculo vicioso: los chavales se vuelven más frágiles y esto lleva a los adultos a ofrecerles más protección, lo cual contribuye a su debilitamiento.

Evitar cualquier cosa que moleste a nuestros hijos sería caer en el error de la alergia a los cacahuetes, un círculo vicioso

Es conocido el discurso pronunciado por John Roberts, presidente de la Corte Suprema de los Estados Unidos, en la ceremonia de la escuela de Secundaria de su hijo: “Espero  que, de vez en cuando, en los próximos años, os traten injustamente, para que así lleguéis a conocer el valor de la justicia. Espero que sufráis la traición, porque eso os enseñará la importancia de la lealtad. Lamento decirlo, pero espero que os sintáis solos de vez en cuando, para que no deis por seguros a vuestros amigos. De nuevo, os deseo mala suerte de vez en cuando, porque así seréis conscientes del papel que desempeña el azar en la vida y que el fracaso de los demás tampoco es completamente merecido …”.

Estar atentos y vigilar a nuestros hijos, desearles “de vez en cuando” las oportunas e instructivas frustraciones, no está reñido, ni debe estarlo, con consentir y mimar y ser indulgentes con ellos, tan necesario esto último para el desarrollo de su confianza. El peligro de un exceso de celo en este sentido no sería tan letal como los peligros del rigor o la indiferencia, por ejemplo. La clave estaría en hallar un equilibrio entre valores, en reconocer la ambigüedad y desempeñarse estableciendo confluencias e interconexiones.

Porque mimar a los hijos nunca puede ser malo. “Mi papá siempre pensó –escribe Faciolince en su novela El olvido que seremos– y yo le creo y le imito, que mimar a los hijos es el mejor sistema educativo (…). Si quieres que tu hijo sea bueno, hazlo feliz, si quieres que sea mejor, hazlo más feliz. Los hacemos felices para que sean buenos y para que luego su bondad aumente su felicidad…”.

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