Exámenes de inglés para personas con discapacidad

La Universidad de Cambridge adapta sus exámenes a personas con dificultades.
Estrella MartínezMartes, 24 de febrero de 2015
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El certificado tiene el mismo valor que el de las personas sin discapacidad. (Foto: Shutterstock)

En el año 1992 la Universidad de Cambridge comenzó a hacer de manera sistemática sus exámenes de inglés adaptados para personas con discapacidad. El año pasado, de los más de cinco millones de candidatos de todo el mundo que se presentaron a estas pruebas –First, PET, Advanced–, 3.500 hicieron un examen adaptado. El deseo de Cambridge es que las personas con dificultades visuales, auditivas, motoras o de aprendizaje puedan hacer también estos exámenes de inglés.

Los exámenes de Cambridge siguen “una filosofía de evaluación anglosajona que tiene como punto de partida valorar lo que sabes y no penalizar por lo que no sabes, que es un poco como nosotros planteamos la evaluación por estos lares”, explica Ramón Parrondo, head of Network Services –servicios al cliente– de Cambridge English Language Assessment. En esta línea lo que “hacemos con las personas con discapacidad es adaptarles la prueba de tal manera que tengan acceso a los materiales de examen y puedan dar muestra de sus capacidades teniendo una oportunidad plena, igual que los demás candidatos, de demostrar lo que realmente saben”, continúa Parrondo. Por tanto, “nuestra filosofía es quitar todas las barreras sin desvirtuar lo que es el objeto de la evaluación, sin caer en el paternalismo, no es una cuestión de ponérselo más fácil. Nuestra misión es adaptar las pruebas para que las puedan hacer y podamos testar todas las capacidades que el examen debe evaluar, de tal manera que el certificado resultante tenga el mismo valor que el que se le da a una persona sin discapacidad”.

Ramón Parrondo habla de evaluar todas las capacidades que el examen incluye, aunque, obviamente, “hay casos de fuerza mayor”. Por ejemplo, ante una discapacidad auditiva total no se hace la prueba de Listening, por ejemplo. “En estos casos lo que hacemos es apostillar el certificado que se emite diciendo que esta persona ha resultado exenta de realizar la prueba que sea”. Pero cuando el alumno sí puede hacer todas las pruebas, lo que recibe es un examen adaptado a sus circunstancias particulares, “sin que por ello aumente el coste”, añade Parrondo. Por eso es importante que a los centros examinadores “nos comuniquen con antelación la discapacidad que tiene el candidato y lo que necesita para poder hacer el examen”, explica Gerry Rylance, director de Tenidiomas de Jérez, centro de exámenes Platinum de Cambridge English Language Assessment. “Hemos hecho exámenes dando tiempo adicional al candidato, entregando pruebas en formato mayor, Listenings con auriculares o sistemas de amplificación, Speakings individuales…”, recuerda Rylance.

Quien haya hecho un examen de Cambridge sabe de sus estrictos protocolos, que también están presentes en estos casos, “todas las personas implicadas tienen instrucciones precisas sobre los tiempos y las ayudas que tienen que aplicar”, explica Parrondo, en la línea de “no desvirtuar el objeto final de la evaluación. Nuestros exámenes están muy bien calibrados, de manera que no sean ni fáciles ni difíciles, el First es el First y siempre va a ser igual de difícil”, y esto atañe también a las personas con discapacidad. “El examen no es el mismo en cuanto a que el formato ha cambiado, por ejemplo, se hace en braille, pero evalúa las mismas cosas”. Por otro lado, la persona encargada de calificar los exámenes sabe de la discapacidad que tiene el candidato, ya que en el algunos casos es necesario, como explica Parrondo: “El que califica el Writing sabe si el candidato tiene dislexia, por ejemplo, y puede pasar por alto que escriba en mayúsculas o pequeños errores ortográficos”.

Y lo que queda
A pesar de que esta institución lleva décadas adaptando sus exámenes para las personas que los necesitan, todavía hay muchas sopresas relacionadas con el mundo de la discapacidad y el aprendizaje de idiomas. Victoria Vargas es ciega y se presentó al PET. La joven confiesa que todavía hoy “mucha gente se sorprende cuando ven a alguien como yo aprendiendo inglés”. Los hay que se “sorprenden para bien, pero también para mal”, matiza. A ella se le presentó un problema cuando acudió a una academia para preparar su prueba. Como lleva su aparato para escribir en braille, “que hace mucho ruido, yo lo entiendo”, a los pocos días de empezar sus clases le dijeron que sus compañeros se habían quejado. Victoria se cambió de academia y en la nueva le ofrecieron la oportunidad de recibir clases ella sola “para evitar posibles quejas, y yo lo agradecí”, nos cuenta. “Hice el examen en braille y luego había un profesor de la ONCE que lo transcribía en tinta para que pudieran leerlo”, explica. En el Speaking era evidente que no podía recibir el acostumbrado estímulo visual para comparar dos imágenes, por ejemplo, “así que volvimos a utilizar el braille”.

Victoria no tuvo suerte y suspendió, pero “ahora que ya sé cómo va, me lo preparo por mi cuenta, he cogido libros en braille en la ONCE, y en julio me presento otra vez”, relata. Esta joven, o Antonio Amor, otro candidato, también invidente, que se presentó al PET gracias al braille, son solo dos ejemplos de exámenes adaptados realizados por Cambridge. Es impensable “poner barreras ni cerrar puertas por razones de discapacidad”, insiste Parrondo. Por este motivo instituciones como el Instituto Cervantes, la Alianza Francesa o el Goethe Institut también trabajan en esta misma línea de igualdad de oportunidades.

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