Aprender a cooperar, cooperar para aprender, un reto ineludible

En el Colegio “Ventura Rodríguez” de Ciempozuelos (Madrid) hemos puesto en práctica una experiencia de aprendizaje cooperativo en los últimos cursos de Educación Primaria.
Miércoles, 7 de octubre de 2015
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El aprendizaje cooperativo promueve la mejora del rendimento de todos y cada uno de los alumnos.

Las conclusiones son contundentes: el aprendizaje cooperativo promueve la mejora del rendimiento de todos y cada uno de los alumnos con la ventaja añadida de producir excelentes resultados en cuanto a la adquisición de las competencias básicas y el desarrollo de habilidades sociales y la convivencia en el aula.

El aprendizaje cooperativo es, en palabras de Johnson, el empleo didáctico de grupos reducidos en los que los alumnos trabajan juntos para maximizar su propio aprendizaje y el de sus compañeros. No solo aprenden las materias escolares, sino que aprenden las prácticas interpersonales necesarias para funcionar como grupo. No se trata de los típicos “trabajos en grupo o en equipo”, ya que no basta con que los alumnos estén sentados juntos ni realizar trabajos a partir de la suma de las partes que aporta cada alumno. Hablamos más bien de “equipos de trabajo”, de otro tipo de aprendizaje que requiere algunas normas:

  • Interdependencia positiva: ninguno conseguirá sus objetivos si no lo hacen todos y cada uno de los miembros del grupo. La meta es colectiva y cada uno –con ayuda de los demás– debe alcanzar necesariamente las metas individuales.
  • Responsabilidad individual y grupal.
  • La interacción y participación activa.
  • Habilidades interpersonales y grupales.
  • Evaluación grupal.

El primer paso, durante el curso 2013-14, fue “entrenar” a los alumnos en técnicas cooperativas, plantearles pequeñas tareas de cooperación para lograr la cohesión del grupo y que tuvieran ciertas experiencias en esta nueva forma de aprender, basada en la in-
teracción y la participación activa. Debían percibir claramente las ventajas de trabajar de esta forma. A cooperar también se aprende y solo se aprende cooperando.

Por supuesto que tuvimos que formarnos también los docentes. No es una tarea fácil incorporar el aprendizaje cooperativo y exige cierta formación para saber crear y utilizar los agrupamientos atendiendo a las características que hemos comentado anteriormente. Pero el esfuerzo, sin duda, ha merecido la pena.

Ante una escuela individualista o competitiva –que incrementa las desigualdades individuales favoreciendo a los alumnos más capacitados–, creemos en una escuela integradora e inclusiva. No creemos en una escuela donde estar sentado, callado y quieto se considere la mejor forma de aprender y donde hablar sea sinónimo de distracción y motivo de sanción. Una escuela donde todos deban aprender lo mismo y al mismo tiempo. Una escuela donde el alumno se limite a recibir pasivamente y no a crear conocimiento y el profesor sea un mero aplicador de guías didácticas y no creador de situaciones de aprendizaje. Creemos que la interacción es el motor del aprendizaje.

Profesor y evaluación
La labor del profesor gira en torno al alumno. Nuestra labor deja de ser “explicar” mientras los alumnos escuchan pasivamente. La labor del maestro es plantear situaciones de aprendizaje, crear contextos didácticos, guiar al alumno, animarle y facilitarle las tareas para que sea él quien aprenda. Nosotros diseñamos las actividades y organizamos a los alumnos poniendo a su disposición todos los recursos necesarios para el aprendizaje, controlando su eficacia y efectividad e interviniendo cuando sea necesario para ajustar o adecuar detalles.

Cooperar no es fácil, por ello el profesor debe intervenir cuidadosamente para facilitar esa cooperación, asignando responsabilidades individuales y grupales, planteando tareas que supongan retos y desafíos y promoviendo una evaluación grupal continua.

Si queremos que los alumnos estén motivados por aprender debemos usar metodolo-gías activas en las que de verdad sean protagonistas, que promuevan su participación para que logren autonomía en su propio aprendizaje. Para ser coherentes con nuestra visión del aprendizaje optamos por una evaluación diversificada. Ello supuso limitar todo lo posible la “calificación” de controles pasando a una evaluación más cualitativa. No puede ser que la actividad escolar gire siempre en torno a la evaluación, cuando debería girar en torno al aprendizaje. Para la evaluación utilizamos varios instrumentos, principalmente el portafolio del alumno, que potencia la re-
flexión y autoevaluación. También es esencial la coevaluación, la evaluación grupal colaborativa. Para ello los alumnos utilizan herramientas de equipo: El Cuaderno y el Plan de Equipo con registros de evaluación y reflexión. Como herramienta utilizamos las rúbricas o matrices de evaluación, con las que buscamos una mayor objetividad y que sean los propios alumnos los que sepan de antemano hacia dónde dirigir sus esfuerzos.

En definitiva, creemos que el aprendizaje cooperativo constituye una metodología eficaz para abordar la adquisición de las competencias básicas en el marco de una escuela inclusiva e integradora. La experiencia ha sido muy satisfactoria a pesar de contar con dificultades que pueden frenan la aplicación del programa: la incomprensión inicial de algunas familias, pero que rápidamente apoyan la iniciativa y vencen esos miedos o dudas iniciales; las propias lagunas de nuestra formación que intentamos suplir con coordinación y trabajo además de grandes dosis de entusiasmo. Preferimos fijarnos en las ventajas: la valentía de parte del profesorado para “aprender a emprender” nuevos caminos metodológicos; la colaboración y apoyo del equipo directivo en las cuestiones organizativas dotándonos de máxima autonomía –flexibilidad de horarios, espacios, infraestructura informática, recursos materiales, apoyo a iniciativas de formación– y, cómo no, la ilusión e implicación de todos los alumnos.

Ninguna experiencia de innovación es fácil. El camino para incorporar y generalizar en los centros educativos una metodología basada en el aprendizaje cooperativo no parece que vaya a ser tarea sencilla, pero el reto es ya ineludible y el cambio, imparable.

La actividad en el aula cooperativa de una clase de Primaria
Los alumnos dejan de ser meros receptores y se convierten en protagonistas de su aprendizaje. Se siente partícipes porque se les permite tomar decisiones sobre el mismo desarrollo de los proyectos y el logro de un producto final.

El clima del aula condiciona la forma en la que se de-sarrolla el aprendizaje. Los alumnos tienen mayores expectativas, tienen oportunidades de vivencias escolares de éxito, con lo que mejora la autoestima y se desarrolla un autoconcepto positivo.

La actividad del aula ha girado en torno al aprendizaje basado en proyectos. Hemos trabajado las competencias básicas y los contenidos integrados en el currículo de Primaria desde una óptica multidisciplinar. Algunos de esos proyectos han sido:

  • El Quijote y Cervantes con las TIC –con más de 80 centros educativos–.
  • Proyecto eTwinning: Unidos por la poesía –con dos centros, uno de Barcelona y otro portugués–.
  • Los Viernes, poesía –con toda la comunidad educativa–.
  • Encendiendo luces –con la Organización de Estados Iberoamericanos, aborda la Educación para el Desarrollo–.
  • Radio escolar.

El uso de herramientas TIC ha sido intensivo, buscando en todas ellas la forma más eficaz de incorporarlas para promover el aprendizaje colaborativo –ejemplos: muro digital o Padlet; mural multimedia o Glogster; grabación de audios –Audacity–; emisión de radio escolar –Spreaker–; edición fotografía –Gimp, Picasa, Paint– y repositorios –Álbum Picasa, Pinterest–, envío de documentación –Wetransfer.com–.

Las técnicas cooperativas han sido muchas y variadas. Son bien conocidas y “obligan” a compartir y trabajar juntos promoviendo la participación activa de todos los participantes. Entre las más eficaces e interesantes podríamos citar:

  • Parada de 3 minutos.
  • Los 4 sabios.
  • Tomar notas en parejas –hacer resúmenes, esquemas–.
  • Lápices al centro.
  • Lectura compartida.
  • Dictados colectivos.
  • 1-2-4.
  • El rompecabezas.
  • Grupos de investigación.
  • Técnica TAI.
  • Una técnica propia: la HTP, Hora de Trabajo Personalizado, en la que cada alumno de la clase refuerza aquellos contenidos de cualquier área que necesita, según su Plan de Trabajo Individual, con la ayuda siempre de algún compañero o compañera de su clase.

Javier Arias Bonel
CEIP “Ventura Rodríguez” de Ciempozuelos (Madrid)

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