¿Cómo es posible que mi hijo haya salido así? ¡Si hemos dedicado nuestra vida a él!

¡Si le hemos dado todo lo que nos ha pedido!... ¿qué hemos hecho mal con este, si el resto “nos han salido normales”?
Centro Psicológico Loreto Charques
Expertos en el diagnóstico y tratamiento del Trastorno por Déficit de Atención (TDA-H)
26 de marzo de 2019
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Creo que debemos de ser justos y coherentes con nuestras acciones y no culpabilizar a nuestros hijos de responsabilidades nuestras.

Haciendo referencia a una cita cinematográfica de la portentosa Gladiator de Ridley Scott: “Tus defectos como hijo son mi fracaso como padre” –Le dijo Marco Aurelio a su hijo Cómodo–.

Y no se trata de culpabilizar, ni mucho menos, la intención no está en tela de juicio, pero sí de responsabilizarnos de nuestra actitud y nuestra conducta como padres y hacernos cargo para poder cambiar aquello que no estemos haciendo bien.

El estilo que tengamos de educar a nuestro hijo va a probabilizar en gran medida los problemas de comportamiento, la agresividad, el abuso de sustancias y otros aspectos que pueden resultar negativos en su persona, tales como la tendencia a padecer ansiedad y depresión, la dificultad en el autocontrol, la baja tolerancia a la frustración, la baja autoestima, etc.

Evidentemente los factores biológicos están presentes en cada individuo y ejercen un peso en el desarrollo de la persona, pero esos factores no son más fuertes que los del aprendizaje y, en función del proceso de adquisición que tenga nuestro hijo, vamos a probabilizar en un alto porcentaje el que potencie o minimice, para bien o para mal, esos factores predisponentes.
Los padres tenemos una enorme responsabilidad e influencia en este proceso de aprendizaje y de socialización y en su desarrollo personal y psicológico. Es un porcentaje mínimo, yo diría que inferior al diez por ciento, eso de que un hijo “nos salga mal” sin que seamos responsables de ello.

El estilo que tengamos de educar a nuestro hijo va a probabilizar en gran medida los problemas de comportamiento, la agresividad, el abuso de sustancias y otros aspectos que pueden resultar negativos en su persona

Se pueden diferenciar conceptualmente cuatro tipos de estilos: el democrático, el autoritario, el sobreprotector o permisivo y el negligente.

Se combinan dos factores fundamentales en estos estilos educativos: el control (exigencia y firmeza) y el afecto (sensibilidad e interés).

El manejo de éstos también va a dar lugar el desarrollo del respeto y el cariño en la relación o del miedo y del distanciamiento.

No podemos esperar mucho respeto y cariño si nosotros no somos capaces de transmitirlo.

-El estilo autoritario: Se trata de un alto control unido a un afecto negativo. No da opción al diálogo (100% exigencia y firmeza). “Se hace porque yo lo digo y porque soy tu padre”.

Se ejerce una supervisión muy fuerte y el cariño queda restringido. No se da opción a tomar decisiones y a aprender a razonar, los hijos aprenden a acatar órdenes y rigen su conducta por el miedo, no por el respeto.

Poca participación del niño, se ordena y si no se cumple lo ordenado los castigos suelen ser demasiado severos y desproporcionados.

Esto hace que el niño suela ser retraído, con poca autoestima, temeroso, que se relacione poco con los demás, con bajas habilidades sociales.

Suelen tener una baja autonomía personal y un bajo nivel de creatividad. Poca competencia social, sin confianza en sí mismos… desarrollando una moral heterónoma que se mueva sólo por la evitación al castigo.

Suelen ser menos alegres y espontáneos que el resto, generando el caldo de cultivo para un adolescente agresivo y rebelde.

-El estilo permisivo o sobreprotector: Un bajo control y un afecto positivo. Se transmite a los hijos que hagan lo que ellos quieran. (100% sensibilidad e interés). El nivel de cuidado es de moderado a alto.

Los padres declinan poner normas y solicitan la opinión de sus hijos en exceso, se aceptan todos los deseos e impulsos de los niños.

No se le da al niño la oportunidad de desarrollar el autocontrol debido a la falta de normas. No se consigue que los niños sepan motivarse. No sabe cómo evaluar su conducta para corregirla, poca capacidad de esfuerzo.

Suelen ser alegres y vitales, pero inmaduros y con bajo control de la impulsividad y de la agresividad. Desarrollan escasa competencia social.

-El estilo negligente: Un bajo control y un afecto negativo. (0% exigencia y firmeza y 0% sensibilidad e interés). Estos padres carecen del compromiso necesario para con sus hijos y la supervisión está ausente.

Indiferencia tanto hacia las actitudes positivas como negativas.

Son permisivos, pasivos, apenas usan los castigos, evitan afirmar su autoridad e imponer las restricciones…

Esto genera en los hijos una baja competencia social, un pobre autocontrol, una baja autoestima, inseguridad, escasa motivación y respeto hacia las normas y las personas, inestabilidad emocional, escaso nivel de responsabilidad…

Esto genera en los hijos una baja competencia social, un pobre autocontrol, una baja autoestima, inseguridad, escasa motivación y respeto hacia las normas y las personas

-El estilo democrático: Un control moderado/alto y un afecto positivo.

Se trata de un padre exigente y al mismo tiempo sensible” (50% exigencia y firmeza y 50% sensibilidad e interés).

Se trata de utilizar la autoridad sin utilizar el autoritarismo (poder).

Suelen ser padres muy afectuosos y favorecen las habilidades sociales. Acostumbran a acompañar las exigencias con razones y respetan la independencia de sus hijos, fomentando su autonomía y desarrollo.

La comunicación es abierta. El control es firme, los castigos proporcionados y consistentes.

Permite al niño desarrollar una mayor autoestima, ganar en confianza y desarrollar un criterio propio, con una moral autónoma.

Tienen una mayor competencia social, autocontrol, iniciativa y motivación.

Son alegres y espontáneos, responsables y fieles en compromisos personales, prosociales dentro y fuera de casa.

Hay que tener en cuenta que en muchas ocasiones el estilo de los padres no es el mismo y suele generar una mayor ambigüedad en el niño, haciendo que los cócteles resultantes sean en ocasiones explosivos y dificulten en gran medida la educación de nuestros hijos.

¡Respeto y cariño! , ¡límites y consecuencias!, ¡control y afecto! Y volviendo a otra cita de Gladiator, antes de cada batalla: ¡fuerza y honor!

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