¿Por qué mi hijo es tan infeliz cuando le doy todo lo que quiere? Odio verlo frustrado

El consentimiento y los caprichos excesivos, cuando son demasiado frecuentes y sin marcar límites, arrebatan a los niños la sensación de placer, pues no se les da la oportunidad de disfrutar de momentos únicos y extraordinarios. Los niños a los que se les consiente en exceso nunca tienen la sensación de que algo es excepcional, puesto que todo lo dan por sentado. Lo único en lo que un niño consentido se puede centrar es en cómo puede conseguir más.
Deanna Mason
Experta en educación y salud familiar
19 de marzo de 2019
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© IRINA

En primer lugar, es importante ser consciente de que los caprichos son una cosa normal, que forman parte de la vida. Se trata normalmente de una experiencia maravillosa, y se produce cuando las familias se permiten salirse de las normas y darse un capricho especial. Por ejemplo: cuando una familia se gasta más de lo habitual en comprarse ropa bonita y elegante para un acontecimiento especial.

En el ejemplo anterior, es importante resaltar el hecho de que estos antojos van vinculados a acontecimientos importantes y esporádicos, y el capricho mismo sirve para recalcar que se trata de una ocasión especial, puesto que es algo que no sucede con mucha frecuencia. Así pues, el capricho se percibe como tal y genera una sensación de entusiasmo y de euforia porque la experiencia se sale de lo habitual.

Sentimiento adictivo
Sin embargo, uno puede quedar atrapado fácilmente en estos sentimientos de entusiasmo y de euforia. De hecho, es incluso más fácil quedarse enganchado viendo a tus hijos exteriorizar ese entusiasmo y esas nuevas emociones. Como padres, ese chorro de alegría y felicidad pura que emerge de un hijo puede resultar sumamente adictivo, pues hace que sus padres se sientan como una superestrella. Lamentablemente, el “subidón” que produce el ver a un hijo disfrutar con algo puede llevar a algunos padres a tratar de provocar esta reacción con demasiada frecuencia.

Como padres, ese chorro de alegría y felicidad pura que emerge de un hijo puede resultar sumamente adictivo

Desgraciadamente, los seres humanos nos acostumbramos rápido a todo, especialmente a lo bueno. Si un nivel de consentimiento se convierte en la nueva norma, dejará de ser un capricho para pasar a ser “lo normal”. Por lo tanto, para provocar la misma reacción será necesario subir el listón y ofrecer algo más. Así, nuevamente, si ese nuevo nivel de consentimiento se convierte en algo habitual dejará de ser algo especial y único, y habrá que poner el tope todavía más alto para lograr la misma respuesta.

Por lo tanto, cuando a un hijo se le consiente en exceso de manera habitual, el niño deja de tener la sensación de que se le están concediendo caprichos. Por el contrario, le parecerá que lo que sucede es “lo normal”. Por consiguiente, el niño tendrá un deseo insaciable de conseguir cada vez más; un deseo que seguirá creciendo sin fin. Por decirlo de manera sencilla: esta situación hace que el niño nunca esté plenamente contento o satisfecho. El placer temporal y pasajero que obtiene con ese nuevo nivel de consentimiento se desvanecerá rápidamente, y el niño enseguida volverá a demandar más.

Estrategias para los padres
Las estrategias que los padres pueden utilizar para evitar caer en el consentimiento excesivo y/o continuado para corregir esta tendencia son, entre otras:

-No juzgar tus dotes como madre/padre basándote en cómo responde tu hijo ante tus pautas. Dar a tu hijo lo que tú creas que necesita.

-Ajustar a la baja (menos comida, menos actividades, menos atención, etc.) cuando veas que tu hijo no es consciente de lo que tiene y no lo valora, sino que solo se centra en conseguir más o en echar en falta lo que no tiene.

-No plantearse la maternidad/paternidad como una competición o comparación entre ambos progenitores y no permitir que tu hijo compare vuestra forma de actuar con la de otros padres.

-Sé austera y contrólate en tu propia vida para dar ejemplo a tu hijo.

El enseñar a los hijos a valorar y a disfrutar de la vida cotidiana es una de las tareas más importantes de la maternidad/paternidad. El mostrarles la importancia de valorar lo que tienen y dejarles experimentar el inmenso placer del capricho ocasional les preparará para atesorar unos recuerdos maravillosos de su infancia.

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