Radicalización en “microondas”

En España hay más de 270 presos por delitos relacionados con el terrorismo yihadista; hay más que etarras. Solo en 2017 se realizaron 84 detenciones (93% hombres; 28% de nacionalidad española); teniendo 28 de las personas entre 31 y 40 años, 12 personas entre los 26 y los 30 años y 12 entre 18 y 25.
Javier Urra
Dr. en Psicología y Dr. en Ciencias de la Salud
28 de mayo de 2019
0

® STEINAR

También tenemos en centros de reforma a menores de 18 años, bastante refractarios a la conmiseración, al respeto al otro o simplemente a la racionalización del debate, de hecho tres de los detenidos en 2017 eran menores de edad.

¿Cuál es la causa de que tantos jóvenes europeos se enrolen en la llamada “guerra santa”, que pasen a formar parte del Estado Islámico?

Hay adolescentes violentos que buscan una causa donde poder vomitar su náusea. El “canto de sirena” llega desde la zona caliente, el foco de guerra. El territorio en expansión. El Daesh busca atraer jóvenes, ya lo ha conseguido en Ceuta, en Melilla, en Cataluña. Reclutan muyahidines y mujeres para enviar al califato.

Estudian sus puntos débiles para una mejor captación, que hacen a través de las redes sociales, creando grupos de Whatsapp, Telegram o Facebook. Las chicas jóvenes pasan a ser esclavas sexuales en una poligamia donde están mal vistos los celos.

Jóvenes humillados
Son jóvenes que se sienten humillados por la sociedad que les rodea, de segunda fila y el ISIS los sube al pedestal, los envía sin pasos previos al paraíso. Son fanáticos atraídos como por un imán que les garantiza una estructura militar, machista, con criterios estratégicos. No conocen la compasión, el perdón, la duda. Vence el más psicopático, el más cruel.

Son jóvenes que se sienten humillados por la sociedad que les rodea, de segunda fila y el ISIS los sube al pedestal, los envía sin pasos previos al paraíso

Funcionan por células cuando están fuera del califato. La presión del grupo, el sentimiento comprometido de “hermanos”. Sentimientos de inclusión por pertenencia. Convicción de que no hay vuelta atrás. Obediencia debida. Añádase excitación, anticipación, la efímera fama, el reconocimiento solidario del otro, la llamada de los vídeos violentos en la red, de las noticias de los medios. Sí, efecto llamada.

Los actos terroristas sirven de publicidad, la captación se centra en jóvenes con unas características previas. A veces son enviados por sus propios padres.

La radicalización ahora es en “microondas”, y es que en general se fanatizan de forma exprés. No, no se forman en las escuelas, ni en las mezquitas, sino en la red, en un volcán de odio, aderezado de fundamentalismo salafista.

Estamos ante una guerra híbrida. Declarada por un Estado donde política, dinero y religión se confunden, que recluta a jóvenes problemáticos entendido como asociales, encerrados en sí mismos, que rechazan las normas que entre todos nos hemos dado.

No se dude, buscan la venganza, posicionados idílicamente como “David contra Goliat”, la inmensa mayoría, aparte de psicopatologías reseñables puntúan alto en psicopatía. Buscan convertirse en superhéroes.

Se lucha por ideales, por defender una causa en la que se cree profundamente y que define su identidad; sin embargo, en muchas ocasiones, no se combate tanto por una idea abstracta, sino por el compromiso, la unión que sienten por sus compañeros de lucha, se mueven por una causa, pero también por sus camaradas.

Cómo prevernirlo
La cuestión es cómo prevenir un continuo reclutamiento. Los captores les prometen el paraíso, buscan aislar a los elegidos de su entorno y mediante técnicas de manipulación mental y códigos visuales ofrecen un sueño.

Compartir valores sagrados y sentirse fusionado con un grupo conlleva a procesos de radicalización y extremismo como dar la vida por la causa o matar públicamente a la madre por oponerse a sus creencias. Estos jóvenes diluyen su “yo personal”, en el grupo, consideran a sus miembros como hermanos. Sus lazos relacionales son estrechos e irrevocables. La fusión de identidad hace que el yo y el grupo se vivan como iguales.

Compartir valores sagrados y sentirse fusionado con un grupo conlleva a procesos de radicalización y extremismo como dar la vida por la causa o matar públicamente a la madre por oponerse a sus creencias

Precisamos generar un discurso coherente, basado en nuestros valores y virtudes, transmitiéndolo de forma pedagógica por los mismos medios en los que propaga el contagio. Necesitamos anticuerpos psicológicos, sociológicos, antropológicos. Y hace falta una narración que explique por qué Occidente emplea la fuerza de las armas para proteger el presente y el futuro del respeto a todos y cada uno.

Somos capaces de teorizar con poder de predicción; ahora debemos prevenir que los jóvenes sean abducidos por la sacralización extremista, al tiempo de desradicalizar ideas y desvincular del grupo a los ya integrantes, generando disonancia entre el grupo de pertenencia y el autoconcepto. Hemos de trabajar con la percepción de una amenaza al yo, como paso previo a la desvinculación psicológica, incidiendo en aspectos racionales y emocionales, abordando los procesos establecidos con ese colectivo radical, y enfrentando las propias creencias y valores.

0