Aprendizaje emocionante

"Sin emoción, no hay aprendizaje”. Es la premisa de una de las tendencias educativas actuales: la neuroeducación o neurociencia aplicada a la Educación, que fundamenta la necesidad de crear un entorno emocionante para favorecer el aprendizaje de los alumnos.
Jorge BurgueñoMartes, 18 de junio de 2019
0

Y es que, como reza el subtítulo de una de las últimas obras del doctor en Medicina por la Universidad de Granada y doctor en Neurociencias por la Universidad de Oxford Francisco Mora, “solo se puede aprender aquello que se ama”.

Es un planteamiento prácticamente opuesto al que se imponía hace algunas décadas: “La letra con sangre entra”, decían nuestros abuelos. ¿Es totalmente incompatible con la propuesta neurocientífica? En realidad no. La repetición de conceptos (oralmente o por escrito), el aprendizaje memorístico o la escucha activa y atenta a una clase magistral también generan emociones.

La clave para elegir unas intervenciones en aula frente a otras debería fundamentarse en la observación de los efectos producidos en los alumnos tras la realización de acciones concretas. Todo lo que llevamos a cabo en el aula tiene una repercusión emocional en ellos, ya sea para “bien” o para “mal”. Esto no quiere decir que existan emociones “buenas” o “malas”. Todas nuestras emociones son necesarias en determinados momentos vitales para la supervivencia y para poder interactuar con otros seres humanos como seres sociales. En la película de Pixar Inside Out (“Del Revés”), una emoción (la tristeza) a priori da la sensación de que solamente molesta, cuando en realidad es extremadamente útil.

Todo lo que llevamos a cabo en el aula tiene una repercusión emocional en ellos, ya sea para “bien” o para “mal”

Todas las acciones que realizamos, por tanto, tienen, en mayor o menor grado, una respuesta emocional en nuestros alumnos. La explicación científica de este suceso se encuentra en las denominadas neuronas espejo. El doctor en Neurociencia italiano Marco Iacoboni lo desarrolla maravillosamente en el programa Redes (conducido por el renombrado científico Eduard Punset): “Lo que vemos y hacemos determina la manera en la que nos comportamos”. Estas acciones las recogen las neuronas espejo y llevan a la persona a sentirse como quien está realizando dicha acción, debido a la interacción que existe entre dichas neuronas y las emociones: “Hay estudios que demuestran que existe un alto índice de conexión entre las neuronas espejo y el sistema límbico”.

Es decir, que nuestras acciones en el aula están siendo continuamente juzgadas de forma explícita, pero también implícitamente, por treinta cerebros repletos de neuronas, que absorben nuestras expresiones y gestos para, si les producen sensación de bienestar, repetirlas después. De manera que si el docente tiene tendencia a sonreír, también sus alumnos, por el proceso explicado, tenderán a imitar el comportamiento del maestro para tratar de sentirse igual que la persona que tienen enfrente.

No se trata de sonreír sin motivo constantemente, simplemente ilustrar que todo lo que hacemos en el aula tiene una consecuencia racional y emocional en los estudiantes. Una clase magistral brillante puede provocar emociones apasionantes en los alumnos, y generar actividad en sus neuronas espejo; del mismo modo que una actividad de trabajo cooperativo. El foco quizá debería ponerse más en la manera en la que interactúa el docente con los alumnos, que en la propia metodología.

0
Comentarios