Innovación relativa: reflexiones en tiempos de cambio constante

Bennett anima a ampliar la visión sobre la innovación y a contemplarla como un proceso con muchos frentes distintos.
Michael BennettMartes, 10 de septiembre de 2019
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Espero que este artículo sirva para dar un poco de perspectiva a los lectores en un tiempo de mucha incertidumbre y de constante cambio. Vivimos en un tiempo en el que la información se comparte y viaja al instante. Con internet, podemos ver cosas que están ocurriendo por todo el mundo, lo cual creo que es más bien beneficioso que al contrario aunque desde luego tiene sus pros y sus contras.

En este mar de información actual, la palabra “innovación” está en todas partes y, para el consumidor, parece que si algo no es innovador pues no merece la pena. Por desgracia se ha convertido en una palabra de moda, un buzzword, y tengo la sensación de que se suele fijar en los productos y en los artefactos innovadores más que el concepto de innovación en sí.

Yo mismo he pecado en el pasado de criticar la postura innovadora de profesores y escuelas quienes comparten sus avances. Yo mismo he pensado: ¿cómo se puede considerar la utilización del juego para potenciar el aprendizaje (ABJ) o la implementación del aprendizaje basado en proyectos (ABP) como algo innovador si ambas estrategias tienen ya muchísimo recorrido? El ABP tiene ya casi un siglo definido y han sido muchos los autores quienes han aportado al mismo a lo largo de estos 100 años. A priori, si uno contempla su implementación dentro del panorama histórico de la Educación, no se considera una innovación como tal.

Y aquí llegamos al tema de la perspectiva. Llegué a la conclusión de que para esos profesores y esas escuelas sí se puede ver como innovación dado que han dado el paso a algo nuevo que antes no hacían. Esta idea empezó a cobrar cada vez más sentido cuando reflexionaba sobre mi propia labor docente.

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La palabra 'innovación' está en todas partes y, para el consumidor, parece que si algo no es innovador pues no merece la pena

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Siempre he tenido la meta de tocar canciones con la guitarra en mis clases de inglés. Mi pelea con la guitarra ha sido una muy larga y me ha costado mucho llegar a un punto en el que pudiese tocar delante de los alumnos. Creo que tocar en directo dota la experiencia de más belleza e interés para los alumnos ya que están sobreacostumbrados a escuchar canciones desde el ordenador.

Esta práctica enriqueció tremendamente mi labor docente y para mí, desde luego, fue una innovación. Sin embargo, si la contemplamos en un plano más general, no tan personal, tocar canciones con un instrumento para trabajar contenido en aula no es nada nuevo. Se lleva haciendo, imagino yo, desde que existe la Educación. Sin embargo, para mí sí fue una gran innovación.

Y así con cualquier cambio que los profesores y escuelas introducimos en nuestra práctica. Dependiendo de cómo contemplamos los cambios y las mejoras, desde qué perspectiva, vemos el carácter innovador de los mismos. De esta manera también nos acostumbramos a alejarnos más de los productos, de los artefactos, y ponemos el foco más sobre el proceso en sí.

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Me encanta la idea de George Couros quien sostiene que la innovación es una mentalidad

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A mí personalmente me encanta la idea de George Couros (@georgecouros) quien sostiene que la innovación es una mentalidad. Nos viene a decir que la innovación tiene que ver más con las preguntas que uno se hace y el proceso llevado a cabo para llegar a los productos nuevos que esos productos en sí. Es una idea que creo que viene muy bien en este momento actual de la sociedad en el que estamos inclinados a compararnos unos con otros y mostrarnos como “innovadores” luciendo todo lo nuevo, original y guay que hacemos.

No estoy diciendo que el producto del proceso, el resultado final, no sea importante. Por supuesto cualquier acto de innovación debe conducir a una mejora. Quiero decir que quizás estamos más obsesionados con ese resultado cuando lo más probable no sabemos cuál va a ser.

Obsesión con el resultado

Me chirrían las iniciativas que arrancan desde el principio con el objetivo de “cambiar el mundo”. Me hacen pensar en acontecimientos históricos como la ideación de la cadena de montaje, o de internet. No sé hasta qué punto, y difícilmente lo averiguaremos, Henry Ford quería reinventar el proceso de fabricación a nivel global o simplemente buscaba una manera de mejorar la producción en sus fábricas. Apuesto que en verdad solo buscaba mejorar lo suyo y que el cambio mundial se produjo ya cuando se vio que su cadena de producción proporcionaba una mejora en cualquier proceso de fabricación.

Apuesto también que el desarrollo de internet fue similar: unos científicos que querían simplemente agilizar el proceso de compartición de información y no una idea revolucionaria que llegaría a significar todo lo que significa a día de hoy. Y así, de nuevo, con la gran mayoría de las innovaciones.

Salir de la zona de confort

Y para terminar, me gustaría compartir otro cambio de perspectiva tratando un lema muy asociado a los procesos de innovación que también nace de la mano de George Couros. Nos habla en su libro de la idea de “innovar desde dentro de la caja” y a mí me invita a reflexionar sobre la conocidísima frase de “salir de la zona de confort”. Bien, entiendo de sobra lo que quiere decir esa frase, pero creo que ha llegado a un uso con el que de nuevo, perdemos perspectiva acerca de la innovación. Parece que para innovar y cambiar, uno necesita salirse de su zona de confort y enfrentarse a retos y actividades que requieren de esfuerzo y dedicación.

En gran parte estoy de acuerdo que muchas veces los cambios y las mejoras conllevan destrezas como la resiliencia y la perseverancia. De hecho, el ejemplo personal de la guitarra sirve para verlo. Sin embargo, pienso en otras prácticas mías que muchas veces se consideran como innovaciones que en verdad no me supusieron salir de la zona de confort sino llevarme esa zona conmigo al aula.

Yo como profesor utilizo muchos juegos de mesa, hago juegos de magia y utilizo la papiroflexia con mucha frecuencia para trabajar diferentes contenidos. Tengo blogs acerca de cada práctica y, en general, mis ideas son consideradas como innovadoras. Pero ojo, son cosas que me apasionan. El hacer estas cosas en aula me permite estar en mi zona de confort y traer mi zona de confort al aula.

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Muchas veces la innovación es más cambiar con el mundo que tratar de cambiar el mismo

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Os invito a todos a ampliar la visión de qué es la innovación y contemplarla más como un proceso que tiene muchos frentes distintos y recordar, sobre todo, que muchas veces la innovación es más cambiar con el mundo que tratar de cambiar el mismo.

Desde luego podemos aspirar a influir en los cambios que se producen en el mundo, de eso se trata cuando somos proactivos y buscamos la continua mejora. Solo digo que mantengamos más perspectiva, que analicemos las cosas desde diferentes puntos de vista y que no nos entre el ansia por ser los más innovadores.

Michael BennettProfesor bilingüe de Science y Arts de Primaria en Madrid.

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