Aquí sí hay trabajo

Creo que no anuncio nada asombroso si digo que en España hay en estos momentos en torno a tres millones de parados, según las estadísticas del Ministerio de Trabajo.
29 de octubre de 2019
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© KATE

Tampoco si informo de que más del 30% de estos son jóvenes menores de 25 años y que casi una tercera parte de los universitarios no encuentra trabajo cuatro años después de graduarse, de acuerdo con el informe Inserción laboral de los egresados universitarios, presentado el pasado julio por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades. Aparte de estos datos, todo el mundo tiene una ligera idea de que hay ‘algunos’ puestos que no se cubren y que matemáticos, físicos y quienes estudian carreras técnicas y tecnológicas, las llamadas STEM por sus siglas en inglés, son quienes más pronto encuentran empleo. Pero seguro que sí sorprende si cuantifico el número de esos ‘algunos’ puestos vacantes que se quedan sin cubrir por falta de competencias tecnológicas en los candidatos. Ni más ni menos que 350.000 a día de hoy. Impactante, ¿no? Y, en 2020, es decir, pasado mañana, necesitaremos tres millones de profesionales con formación digital, de los cuales, previsiblemente, solo conseguiremos la mitad. Lo que llevará a una ‘guerra’ entre empresas por hacerse no ya con los mejores candidatos, sino con ‘algún’ candidato. Pero ese, por sí solo, es asunto para otro artículo.

Como se puede apreciar, tenemos un problema. Y debemos ponernos manos a la obra para solucionarlo. No hay tiempo de buscar culpables, porque formar a nuestros jóvenes en competencias científicas, tecnológicas, de emprendimiento no es cuestión de un día ni de dos. Es un trabajo que debemos realizar conjuntamente el mundo educativo y el empresarial desde las etapas más básicas de la Educación para que vaya calando como una ‘lluvia fina’. A simple vista, parece fácil. Son muy pocos los niños o adolescentes que no se sienten atraídos por la tecnología y el mundo digital. Concretamente, en España, el Instituto Nacional de Estadística (INE) señalaba en un informe de noviembre de 2018 que más del 98% de los jóvenes de 16 a 24 años son usuarios de internet. Pero una cosa es ser usuario, a esas edades principalmente para jugar, comunicarse a través de las redes sociales o buscar información para los trabajos del colegio, y otra muy distinta verlo como un futuro empleo.

"Seguro que sorprende si cuantifico el número de vacantes que se quedan sin cubrir por falta de competencias tecnológicas en los candidatos: 350.000"

Está comprobado que los alumnos no son capaces de comprender que las matemáticas están en la base del funcionamiento de un coche conectado, unas gafas de realidad virtual, una play station o un videojuego. Por lo que es necesario que les conectemos esos dos mundos. Es cierto que desde distintas organizaciones y empresas se han lanzado muchas iniciativas para hacerlo apoyando a profesores y centros educativos, pero todavía los resultados son escasos. De hecho, el número de matriculados en carreras técnicas se ha reducido un 28% entre 2010 y 2017, según datos del Ministerio de Educación citados por el estudio El desafío de las vocaciones STEM, elaborado por la consultora Ernst & Young para digitalES, la Asociación Española para la Digitalización, y presentado recientemente en Madrid. Los motivos de ese rechazo a este tipo de estudios son, de acuerdo con el citado informe, principalmente las dificultades para entender las matemáticas, y también el desconocimiento de las oportunidades laborales que ofrecen las carreras STEM. Además, refleja una gran brecha entre hombres y mujeres. Las chicas sólo representan el 25% de los estudiantes de ingenierías y el 31,4% de matriculados en carreras STEM, este último dato procedente del Instituto de la Mujer. Y hay algo, si cabe, más grave aún, solo el 3% de los profesores encuestados está especializado en matemáticas o materias tecnológicas. Ahí lo dejo.

Por todo ello, es labor de las empresas colaborar en la transformación del modelo educativo, para fomentar el aprendizaje, la creatividad y la innovación, así como potenciar e impulsar el talento y las vocaciones tecnológicas en adolescentes y jóvenes, y muy especialmente en el sector femenino de estos. No hacerlo, supondrá aumentar la distancia entre este y el tejido productivo, lo cual redundará en una importante pérdida de competitividad para las compañías y, por ende, afectará, negativamente, a su cuenta de resultados. Pero, no nos engañemos, el mayor afectado, al final, será el propio país, que verá disminuidas sus posibilidades de competir con otras potencias económicas que sí hayan sido capaces de encauzar los estudios de su población.

Alicia Sánchez es directora de Recursos Humanos de Altran España.

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