Meter miedo

Rafael Guijarro
Periodista
8 de octubre de 2019
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Cuando no tengas otra cosa que hacer, dedícate a meter miedo. El miedo vende porque crece exponencialmente en cuanto lo desatas. Un cambio en el modo de tratar la contaminación genera protestas inmediatas de si va a ser más eficaz o no que lo que había, que quién está detrás forrándose, que si no sería mejor dejar a la naturaleza que se desarrolle por sí misma, ya que toda intervención humana es sospechosa.

El miedo obstruye cualquier intento de renovar el sistema, porque esas iniciativas siempre están al servicio de alguien que quiere controlar a nuestros hijos para convertirlos en máquinas. Es muy fácil que prenda el bulo de que siempre haya alguien que quiera quedarse con lo tuyo, para que incrementes tus medidas de seguridad y te gastes un pastón en cámaras, alarmas, cerrojos, que te liberen de ese alguien.

Una raíz de ese miedo es la soledad creciente de las personas aisladas de los demás hasta en los chalets adosados de las urbanizaciones tranquilas, en las que nadie te va a molestar salvo el vecino que pone la música tan fuerte que traspasa las paredes y se mete en tu intinidad. Cada vez estamos más vigilados por los satélites y las medidas de seguridad, pero eso no hace que nos sintamos menos solos. Nos falta el trato humano y la confianza que dan los amigos.

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