Independencia o barbarie

Rafael Guijarro
Periodista
19 de noviembre de 2019
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Aumenta la intolerancia violenta. No sólo en Cataluña, donde se ha llegado a oír el eslogan de “independencia o barbarie”, como si no hubiera muchas otras formas de resolver el conflicto sin llegar al enfrentamiento. Lo mismo pasa en Hong Kong, en Chile, Bolivia. Los chalecos amarillos de Francia han celebrado el primer aniversario desde que empezaron las protestas violentas. Y eso que Francia es un país civilizado, modélico para tanta gente que lo considera el origen de la cultura moderna, con aquella revolución que se sintetizaba en tres palabras: libertad, igualdad, fraternidad.

Algo está mal si sólo sabemos resolver las discrepancias a tortazos: la civilización consiste en poder resolver la mayor parte de los asuntos, sin tener que pelearse, dando pie a los poderes ejecutivo, judicial y legal a construir un entramado de resoluciones que protejan a la ciudadanía. Cuando se empieza a dudar de la eficacia de ese sistema, no es grave si se intenta mejorarlo para que funcione. Lo malo es no poder ofrecer una alternativa mejor que querer destruirlo todo violentamente.

Como si se tratara de comenzar de nuevo porque “todo” está corrompido y ya no sirve. Es una crisis estructural a la que hay que dar mucha importancia, porque nos jugamos la convivencia pacífica entre todos.

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